La COVID-19 y Salud Pública: una nueva área de conocimiento para el Trabajo Social Sanitario

10 mayo, 2020 revista-agathos-flores-almendro-20190305_122032

Las profesiones, y con ello sus disciplinas, se desarrollan y evolucionan de acuerdo con la propia dinámica social y medioambiental. La COVID-19 ha abierto nuevos horizontes y retos a los colectivos profesionales del sistema sanitario en especial, desde la reorganización de la asistencia propiamente dicha, a la gestión y dirección, a la logística y operativa de acciones e intervenciones, a los sistemas de información y registro, a la higiene y desinfección, a la consulta telemática, etcétera. Ninguna área del sistema sanitario se ha visto inmune al zarpazo que ha supuesto esta pandemia en la que todas las sociedades del mundo están insertas.

El ejercicio cotidiano del trabajo social sanitario también se ha visto afectado, primero como todas las disciplinas con sus profesionales reaccionando con las mejores prácticas a su alcance, en base a su saber, a su know-how, a su pericia y a veces ingenio. Pero ello, enseguida se ha visto insuficiente para la acción profesional y ha desvelado la necesidad de, primero investigar los hechos, los eventos, los factores, para luego en base a un primer diagnóstico, diseñar programas formativos de acuerdo con las nuevas realidades.

Pero a la par se ha generado un conglomerado de acciones, encuestas, documentos, etcétera, que poco tiene que ver con lo profesional pues se nutre de opiniones y especulaciones, de relatos mágicos y faltados de evidencias. Somos profesionales, nos basamos en datos y hechos registrados, analizados.  De momento, datos y hechos muchos, pero pendientes de ordenar y analizar aplicando metodologías científicas que nos aparten de la especulación. Todos los colectivos nos hemos volcado en recoger información y así debe ser, pero ésta, debe ser representativa y no se puede tratar de cualquier manera para alumbrar un titular.

En 2012, cuando planificamos los contenidos curriculares del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario (MUTSS-UOC), verificado en 2013, entre otros pilares consideramos la necesidad que el Dr. Cabot señaló un siglo antes sobre el hecho de que los trabajadores sociales sanitarios adquirieran conocimientos sobre las diferentes enfermedades que podían padecer las personas a las cuales atendían en el hospital. Su argumento apoyaba brindarles formación en este sentido para que tuvieran criterios a la hora de identificar la enfermedad y pudieran diagnosticar su penetración en lo psicosocial y lo comunitario. Evítese confundir el «identificar la enfermedad» con «tratarla».  El Dr. Cabot iba más allá, con este conocimiento de la enfermedad y de la persona enferma, los trabajadores sociales sanitarios, ellos y ellas, podían elaborar correctamente el diagnostico social sanitario.

Por esta razón, en uno de los módulos del (MUTSS-UOC) se imparte «Fisiología y patología» y en otras asignaturas optativas el foco está en diferentes enfermedades y los aspectos psicosociales que éstas generan en las personas y sus familias: personas con una insuficiencia respiratoria requieren intervenciones de trabajo social sanitario diferentes a las personas con diabetes mellitus. Sus vivencias, sus experiencias relacionadas con la enfermedad son diferentes. Sabemos que tratamos a personas y no enfermedades, pero debemos conocer las enfermedades para comprender en intrincado emocional y psicosocial, comunitario, de las personas.

El pensamiento del Dr. Cabot tomó cuerpo teórico y relevancia cuando años más tarde, en 1968, Francis J. Turner publicó «Differential Diagnosis and treatment in Social Work» y dio contenido detallado al trabajo social, hoy lo denominamos sanitario, en la atención a personas con «Trastornos físicos»: por ejemplo, artritis, ceguera, grandes quemados, cáncer, etcétera. Todos estos trastornos asociados al desarrollo humano en sus diferentes etapas y, como se ha señalado, los problemas psicosociales generados por cada dolencia. En definitiva, se sumaba todo un corpus de conocimiento que en la interacción persona enferma, familia, grupo, comunidad, Estado del bienestar, genera otro conocimiento superior. Peter Druker lo denominó «Management» término que siendo estrictos carece de traducción directa al español si bien nos inclinamos una mayoría por asociarlo a «Gestión». El «Management» pone en contacto diferentes grupos de profesionales, con diferentes conocimientos, con diferentes recursos, etcétera que se aúnan en unos objetivos comunes. En el trabajo social sanitario ello se da bajo otra realidad: «el factor humano»; el logro de los objetivos terapéuticos se basa en la vivencia y la experiencia de la persona ante esa, su realidad, en sus fortalezas y debilidades, en la solidez de un Estado de bienestar con profesionales solventes en su formación y capaces de generar bienestar y evitar sufrimiento.

Volvamos al presente, los hechos de la COVID-19 evidencian que la Salud Pública estos días se ha erigido en mascarón de proa así que, con seguridad, será un área de formación específica para el trabajo social sanitario. Con esta formación, y cuando se logre el reconocimiento del trabajo social sanitario como profesión sanitaria, de acuerdo con la legislación vigente, la presencia de Unidades de trabajo social sanitario en las áreas de Salud Pública, me atrevo a pronosticar que también será un hecho. El pilar fundamental que sostiene esta afirmación está en la propia naturaleza del trabajo social sanitario, en el caso social, en que las Unidades de trabajo social sanitario, potencialmente, cuentan con información sensible de la persona atendida, de su familia, de su entorno comunitario, de sus relaciones personales y laborales, de sus capacidades y dependencias, etcétera. Se subraya «potencialmente» porque ello implica desarrollar sistemas de información potentes vinculados los sistemas de información existentes en el sistema sanitario y también de servicios sociales y contar con profesionales formados.

La potencia de una semilla de almendro es el propio árbol, al que, por cierto, nadie le discute ni le recuerda que sea almendro. Sin embargo, que el árbol de almendro llegue a existir en su plenitud y dar frutos, almendras, requiere además de sembrar la semilla, cargarse de paciencia, y, por mucho tiempo, seguir ocupándose de ella.  Si alguien impaciente va desenterrando y enterrando la semilla, la riega demasiado, la maltrata, el árbol de almendro nunca llegará a vivir, nunca dará frutos.

Barcelona, 10 de mayo de 2020 – Dolors Colom Masfret

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