El diagnóstico social sanitario entre el estudio y la intervención

Recuerdo hace años, en Nueva York, me dijeron: «Aquí tenemos un dicho: cuando alguien vuela como un pato, corre como un pato y come como un pato… es que es un pato». Siguieron «…cuando alguien vuela como un pato, corre como una gacela y come como una tortuga…no se sabe lo que es». Me pareció una descripción impoluta de la imagen de la confusión.

Mucho de esto, le está pasando al trabajo social y al trabajo social sanitario de hoy que, en lenguaje aviar «está perdiendo plumas en cada vuelo». Y los trabajadores sociales sanitarios asistenciales, los que se encuentran en primera línea, van cediendo terreno a una transformación del ejercicio de la profesión que, corre el riesgo de dejar de ser trabajo social sanitario y convertirse en una nueva caridad.

Mis palabras no son un reproche, ello sería una necedad porque conozco perfectamente que en esa primera línea se está ejerciendo la profesión bajo mínimos, sin medios, sin apoyos de ningún tipo, agravado ello por algunas direcciones, políticas o técnicas, que sin entrar en detalles y siendo generosa, me limito a decir que «No entienden nada» de lo que significa el Trabajo Social Sanitario.

La ignorancia en sí no es un problema, todos somos ignorantes en multitud de situaciones que la vida nos arroja por delante. El problema es cuando esa ignorancia se cree sabiduría. Plutarco en su libro [Consejos a los políticos para gobernar bien]. Editorial Siruela] escribe: «No es posible disimular los vicios cuando se ejerce el poder».

Por ello insisto, mis palabras no son un reproche, son un desbrozado de ese escenario que se va conformando y reproduciendo en los diferentes establecimientos sanitarios. Buscan dar relieve a una realidad que «Nadie», y «Nadie» es «Nadie», puede manosear. Ningún directivo, político, puede desquiciar a su antojo las teorías, los principios y valores de una profesión. ¿Que ello requiere de una talla intelectual y humana que hoy por hoy está menguando? Cierto pero eso no tiene que ver con la profesión, aunque sí con las posibilidades de ejercerla como lo que es.

Ahora bien, lo más inquietante de esta situación, a mi entender, no son los despistados que imaginan lo que imaginan cuando escuchan «trabajo social sanitario», es esa mayoría de profesionales que a la hora de ejercer la profesión, asume y acepta la pérdida de disciplina intelectual como algo inevitable, como una fatalidad de la que no se puede escapar, siendo el talón de Aquiles, la elaboración del diagnóstico social sanitario.

Metafóricamente hablando, algunos profesionales, cuando explican este hecho, me recuerdan esa imagen clásica de la sábana africana en la que la cebra corre delante del león y  justo en el momento en que siente la garra del felino en su lomo se rinde sin más, se desploma. No intenta correr, se para y acepta ser devorada por las fauces de la fiera.

El ejemplo del diagnóstico social sanitario, se torna lacerante cuando, además, éste se acepta como un listado de problemas o circunstancias adversas. Ello está en la base de numerosos casos de intrusismo pues, los problemas los ve cualquiera. Y todo se agrava cuando los mismos profesionales, en vez de arrogarse la autoridad intelectual para negarse a su falsificación y ejercer de acuerdo a sus métodos, asumen como válido este listado de problemas, este etiquetaje de atributos y características de las personas atendidas, rematándolo al transformar estos problemas en el acceso a recursos.

Las profesiones evolucionan de acuerdo a los profesionales que las ejercen. Lo que se ha conocido ya no se puede desconocer. Lo que se ha aprendido, no se puede desaprender si bien en éste caso se puede reaprender. Ante determinadas realidades la flecha del tiempo es implacable. Por ello resulta tan extraño, tan difícil de aceptar esta decadencia del trabajo social en general y del trabajo social sanitario en particular dentro de las instituciones actuales de nuestro país y por ello entiendo y valoro el rol determinante de la Universidad como espacio generador de conocimiento en el cual prevenir la desidia en el ejercicio profesional.

Barcelona, 7 de diciembre de 2013 – Dolors Colom Masfret

Un pensamiento en “El diagnóstico social sanitario entre el estudio y la intervención

  1. Magnifica radiografía de la realidad actual del trabajo social sanitario; es penoso ver como los propios profesionales claudican ante la imposición de los modos y maneras de otras profesiones sanitarias.Se pretende que el trabajador social sanitario sea el dispensador de los recursos sociales que otros “prescriben” en la consulta, sin un diagnostico social previo.

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