Los trabajadores sociales sanitarios y los nuevos «charlatanes»

«Los trabajadores sociales [sanitarios] deben conocer suficiente los medicamentos como para no dejarse engañar por charlatanes». Este era una de los puntos tratados en conferencia What of medical diagnosis should the social case worker know and apply? La impartió Richard C. Cabot en la National Conference on Social Welfare en 1917.

Si bien los «charlatanes» de los que hablaba el Dr. Richard C. Cabot eran los vendedores de brebajes medicinales, seres sin escrúpulos que aprovechándose de la ignorancia de las gentes enfermas y de sus deseos de vivir les vendían curaciones de mentira, sacándoles de paso algunos dineros, los «charlatanes» de este siglo XXI mantienen el esquema pero no son precisamente vendedores de pócimas crece pelo, o cremas come grasa, o píldoras cúralo todo que mantienen la eterna juventud.

Estos últimos años ha surgido una nueva generación de «charlatanes» que se han ido colando en entidades como asociaciones, fundaciones, colegios profesionales, consejos generales, agrupaciones, partidos políticos, etcétera. Así, perfectamente apoltronados, con el disfraz del «sin ánimo de lucro» no buscan más que el beneficio personal. La tela que nos venden es puro papel mojado. Son «charlatanes» que reclaman, aparentemente, servicios para la ciudadanía, justicia social, estatus profesional, pero sirven a sus intereses y se olvidan de lo que imprime el trabajo social.

Recuerdo hace unos años que un accionista de una empresa de radiología que a su vez ejercía de traumatólogo en un importante hospital privado, del cual también era accionista, hablaba a los nuevos médicos de su equipo sobre el valor de que los pacientes se fueran satisfechos a su casa y con la sensación de haber recibido la mejor atención. Nadie podía objetar una coma al discurso pero sí a la intención. El chirrido llegaba cuando esta satisfacción de los enfermos, pasaba únicamente por la radiografía. Decía: «Todo enfermo saldrá con su radiografía bajo el brazo, no podemos escatimar en radiografías, no quiero que nadie se enfade porque no se le ha hecho una radiografía». Moraleja: conviene ver más allá de las palabras y lo que encierran, cabe ver lo que pretenden, lo que se puede derivar de ellas.

Si alguien gestiona un holding de residencias para personas mayores con dependencia es obvio que relatará los beneficios de la vida en residencia y si el servicio es de calidad y contempla a la persona atendida en su totalidad, no hay argumentos para negarlos. De igual forma, si alguien gestiona un holding de empresas de atención a domicilio, relatará los beneficios de seguir en la casa. Y como en el caso anterior, si el servicio es de calidad no hay argumentos para negarlos. Pero de ahí a proponer una sola línea de atención basada la línea particular del negocio de uno cuando sabemos de sobra que la complejidad de lo psicosocial reúne a muchas líneas… esto ya es otra cosa y se escribe diferente.

A priori, lo mejor para la persona no está escrito, no es mejor uno u otro servicio. Es la persona que lo necesita la que se inclina por uno o por otro, de acuerdo a su particular punto de análisis y comprensión de su situación concreta. No porque sea mejor o peor, sino porque es lo que más le conviene y se ajusta a su realidad. Los profesionales, salvo que suponga un riesgo para ella o para los otros, respetamos y acompañamos sus decisiones, la apoyamos. Así que cada tipología de ayuda, tendrá argumentos válidos que se ajustarán a las personas y a sus propios intereses pero sobre todo a sus propias necesidades. Los trabajadores sociales sanitarios gestionamos la variabilidad.

Los trabajadores sociales sanitarios ayudaremos a las personas enfermas, a sus familias a reconocer la demagogia de los nuevos «charlatanes» para evitar falsas esperanzas.

Si alguien amparándose en un título universitario, defiende unos servicios frente a otros y se olvida de que primero estudiamos las necesidades de la persona, está quebrantando uno de los principios del trabajo social en general y por supuesto del trabajo social sanitario en particular: la autodeterminación de la persona, le niega su unicidad, y lo que es peor, le niega la ayuda de acuerdo al diagnóstico social sanitario que es el que permite desbrozar todas las incógnitas al respecto. No somos adivinos, somos profesionales, no buscamos acertar el diagnóstico, lo desarrollamos racionalmente y lo acotamos a la realidad de la persona.

Desde el trabajo social sanitario no manipulamos a las personas en favor de uno u otro servicio, las ayudamos a que se ayuden, a que ellas mismas puedan decidir si para su situación particular, en ese momento en concreto, es mejor tal o cual recurso. ¡Ojo! Se habla de recurso, no confundamos el recurso utilizado con el servicio prestado, siempre mucho más amplio y donde el trabajo social sanitario establece la diferencia con otras profesiones.

Y más que nunca, debemos ser capaces de escuchar en vez de oír, de mirar en vez de ver, no nos dejemos engañar, ayudemos a las personas que atendemos a relativizar los mensajes de los nuevos «charlatanes» que se hacen hueco en los medios no precisamente por su currículo académico.

Puesto que esto irá a más, debemos mantenernos en alerta para que nosotros mismos no seamos pasto de estos nuevos «charlatanes» con lo cual implicaríamos rápido a las personas que atendemos. Debemos ayudar a las personas a que escuchen, a que miren para sean ellas mismas las que eviten el engaño.

Barcelona, 22 de agosto de 2014 – Dolors Colom Masfret

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