Mérida ciudad romana y Ágora para el Trabajo Social Sanitario

A Rosa Torres y Rocío Guisado que desearon el curso. A las trabajadoras sociales sanitarias, ellas y ellos, asistentes, gracias por hacer del curso un ágora de reflexión y crecimiento.

La semana pasada, los días 20, 21 y 22 viajé a Mérida, ciudad romana de Extremadura, bella como ella misma. En Mérida las calles son arte aromatizado con el olor del jazmín, el aire es de miel y sus gentes la amabilidad personificada. La gastronomía deshace los paladares y la conversación de mesa recupera ese sabor añejo que nutrió las almas y las psiques de nuestros antepasados.

El motivo del viaje era impartir un curso sobre «El diagnóstico social sanitario en la planificación del alta», el lugar, el Hospital de Mérida pero, como suele suceder cuando todo fluye sin inercias, el motivo se quedó pequeño al lado de todo lo que nos fue sorprendiendo a lo largo del curso.

Esa tierra de dioses y diosas, de conquistadores y aventureros nos agasajó, como no podía ser de otra manera, con grandes momentos de reflexión y debate, grandes momentos de amistad y confidencia. Y todo ello se iba dando de manera natural, sin estridencias, a medida que pasaban las horas y lo teórico necesitaba asociarse a la práctica diaria. Ya sabemos que el trabajo social sanitario es sobre todo acción, acción estratégica, y práctica. También es gestión, cada vez más, debe serlo pues ¿quién mejor que un trabajador social sanitario puede gestionar los servicios de trabajo social sanitario para que satisfagan la responsabilidad ser agentes de cambio y generadores de salud y bienestar?

Desde la magia de sus campos infinitos, rebosantes de verdes cambiantes, bajo la calma de sus cielos aterciopelados, en Mérida se siente la energía que sigue brotando de las fuentes de un mundo antiguo que se adivina esplendoroso y que logra convivir con el actual. Así se puede dar clase durante el día, mantener una conversación pausada en el Templo de Diana por la tarde y cenar en un acogedor restaurante bajo el Arco de Trajano por la noche… Esa es Mérida.

Pero fue junto al mismo lago de Proserpina, acompañada de Rocío y Anabel en uno de esos atardeceres recién pintados, cuando me di cuenta de que el trabajo social sanitario, precisamente por su naturaleza tan ligada a las personas, a lo que es el existir de siempre, eso que la tecnología no alcanza a descifrar, está encarando los tiempos que vienen como corresponde, con toda la completitud que imprime la profesión a sus profesionales, me refiero a los que lo son de verdad, no a los disfrazados para la ocasión.

Los debates de los asistentes al curso estuvieron tan alejados del victimismo, ese que individualmente aborrecemos pero que en grupo es difícil de contener, que me resultaba difícil creer lo que veía. Trabajadores sociales sanitarios, por su experiencia y actividad profesional dentro del sistema sanitario hablando y debatiendo con entusiasmo sobre trabajo social sanitario, sobre casos clínicos y la manera en como se abordaron y como actuaron ante determinadas realidades de las personas atendidas, siempre comparando las intervenciones con la teoría que se estaba impartiendo.

A la par, me di cuenta del que el Master Universitario de Trabajo Social Sanitario ya había empezado a abrir caminos, esos que el poeta señaló se «hacían caminando» y habíamos cruzado esa línea imaginaria que nos abocaba a tiempos nuevos con métodos nuevos y adaptados al siglo XXI sin olvidar los orígenes en el siglo XX. El trabajo social sanitario no está en crisis porque ayuda a las personas a superarla, el trabajo social sanitario se está reorganizando, reconstruyendo, readaptando…

Rajadell, 27 de octubre de 2014 – Dolors Colom Masfret

3 pensamientos en “Mérida ciudad romana y Ágora para el Trabajo Social Sanitario

  1. Ha sido un placer compartir esos días con Dolors. Es abrumadora su capacidad para aplicar la teoría del Trabajo Social a la práctica del trabajo diario, transmitiéndonos la necesidad de esforzarnos por afianzar y hacer crecer nuestra profesión como disciplina científico-profesional, aplicando el método científico, unificando nuestros procesos, medios, tratamientos, teorías, herramientas, recursos… Tengo que decir que el curso me hizo despertar de la somnolencia que provoca la rutina del quehacer diario y me recargó de esa energía que alimenta la ilusión de ir a trabajar cada día en ésta profesión de vaivenes motivacionales.
    Jesús. Hospital D.B-V

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