Dijo la enfermera de enlace a la trabajadora social sanitaria: ¡Tramítale una residencia ya!

Tierra: trágame. Hace un tiempo me contaban que en un Centro de Salud, evitaré detalles, la enfermera en enlace entró furibunda en el despacho de la trabajadora social sanitaria que, además, estaba entrevistando a una persona y sin contenerse, le espetó: «A Josefa ¡Tramítale una residencia ya!». Vamos, como la camarera que entra en la cocina del restaurante que atiende para reclamar un plato combinado, ya saben: «¿Qué pasa con el número seis, sin salsa, para la mesa veinte? ¡Lo quiero ya!».

Lamentable. Sobre todo porque venía de parte de una profesional sanitaria y ponía de relieve el poco respeto y consideración para la persona enferma, Josefa, a la que convirtió en una «cosa» a la que colocar en una residencia, obviando los cánones de la intervención desde el trabajo social sanitario y, estoy segura, de la misma enfermería. Para esta enfermera de enlace, no voy a generalizar, la persona enferma, quedaba fuera de la  decisión que la iba a afectar para el resto de su vida.

Cuando decimos que la intervención desde el trabajo social sanitario se apoya en un diagnóstico social sanitario y asume los principios y valores de la profesión, no estamos practicando la retórica, estamos proyectando una manera de ayudar a las personas y una ética en el ejercicio de la profesión.

Afortunadamente, esta actitud pertenece a una minoría pero esta minoría, copa la mayor parte del escenario dañando la imagen del sistema sanitario en general, de las organizaciones donde ejercen, en particular. Es anécdota pero puede parecer categoría.

La mayoría de los profesionales del sistema sanitario con los que se trabaja en equipo no practican esos modales ni actitudes, pero dejando aparte la cortesía o la falta de ella, lo preocupante aquí y el pretexto que motiva el texto es la perduración en el tiempo de la falsa idea de que el trabajador social sanitario tramita recursos que lo otros profesionales presuponen, porque es una presunción, la persona necesita para resolver unos problemas. En realidad así, los problemas de la persona no se resuelven, se resuelven sus manifestaciones pero los problemas siguen, y seguirán, ahí.

No podemos confundir una residencia con una gasa, o una pomada. No podemos cosificar a las personas, ni les podemos quitar su dignidad. Debemos saber que cada vez que decidimos per alguien, le quitamos su dignidad. Las personas deben decidir (solas o con ayuda) sobre sí mismas. Si las anulamos borramos de un plumazo todo lo que hemos avanzado dentro del modelo biopsicosocial en el que la persona está compuesta de dimensiones vitales, psíquicas y físicas, que se retroalimentan y complementan.

La transformación del Estado del Bienestar en un supermercado de recursos en el que cada uno se corresponde a una dificultad es un indicador del desconocimiento y del poco respeto que se tiene por las personas a las que se atiende.

La letra a día de hoy la sabemos pero la práctica queda embarrada en estas actitudes donde la falta de profesionalidad lamina precisamente el Bienestar de las personas.

Y ya puestos, la demanda correcta de la enfermera de enlace a la trabajadora social sanitaria, obviamente en privado y a solas, no delante de una visita, hubiera sido:¿Cuál es el diagnóstico social sanitario de la Sra. Josefa?

Barcelona, 16 de abril de 2015 – Dolors Colom Masfret

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