Cuando el organigrama perjudica el ejercicio del trabajo social sanitario… ¡cambiémoslo!

A veces querer y poder no se traducen en hacer. Algunos organigramas del sistema sanitario parecen pensados para diluir las buenas prácticas, en vez de promoverlas y mejorarlas. El sistema sanitario es una institución viva, dinámica, cambiante por lo que casi constantemente debe estar adaptándose a las nuevas realidades que se van conformando de acuerdo a las nuevas circunstancias que afectan a las personas perjudicando su salud.

Plutarco en su libro «Consejos a los políticos para gobernar bien», editado por Siruela en 2009, señala la caída en desgracia para los pueblos (léase unidades funcionales, colectivos y asociaciones profesionales…) que puede significar tener gobernantes ignorantes (léase representantes institucionales, presidentes, jefaturas, direcciones…). Para Plutarco el problema no se centra tanto en la ignorancia en sí, sino en que esta ignorancia, lamentablemente, la ostente una persona que tiene poder para tomar decisiones. Decisiones que una vez tomadas resultará muy difícil de retroceder. Decisiones que otros ejecutarán, claro que no será por convicción, ni por estar de acuerdo, ni por ser la mejor decisión, pero es muy posible que las ejecuten porque el organigrama lo abala. Por ello, el organigrama, sin generalizar, puede ser nefasto para una organización y los profesionales que por su naturaleza de profesional, no deberían de recibir órdenes sino encargos, evaluándose  por sus resultados no por sus narrativas.

Determinadas unidades de trabajo social sanitario ubicadas en hospitales o centros de salud, en áreas sanitarias, se encuentran bajo jefaturas que lejos de la mala voluntad pero si muy cerca del desconocimiento del trabajo social sanitario, provocan la progresiva destrucción del potencial preventivo, asistencial, investigador y docente del servicio, anulan las iniciativas de sus diferentes profesionales, provocan que la profesión se estanque y ya se sabe lo que dice el dicho «agua estancada no mueve molino».

Todas las potencialidades de la unidad, departamento, servicio de trabajo social sanitario, según cada establecimiento decida denominarlo, dentro de un organigrama, califiquémoslo como «desafortunado» se van arruinando porque el desconocimiento del trabajo social sanitario impide facilitar y propiciar su desarrollo. Lo único que logran determinados organigramas, determinadas jefaturas, es encorsetar un servicio que de facto, es el único que integra lo sanitario con lo psíquico y  lo social. Lo único que logran es convertirlo en un buscador y gestor de recursos de lujo.

Por su naturaleza, la información que, siguiendo los cánones de la especialidad del trabajo social sanitario, puede obtener dicho servicio, es tan amplia que debidamente recogida, debidamente analizada y muy debidamente interpretada, permite a la gerencia desarrollar actividades de planificación con márgenes de error muy estrechos. Ello, solo por el hecho de que trata con información real obtenida de la realidad y no de proyecciones que siempre quedan al albur de quien las desarrolle. No hay mejor muestra poblacional que la de la totalidad de la población afectada.

Pero volviendo al asunto que nos ocupa, cuando los organigramas funcionales o jerárquicos limiten nuestras funciones, como profesionales responsables no tenemos más opción que negociar su modificación. La pasividad profesional con los acontecimientos que nos privan es una opción indeseable. Hace un tiempo, en este mismo espacio expuse la importancia que el servicio de trabajo social dependiera de la gerencia, hoy más que nunca, reitero lo escrito. La gerencia no encontrará en otros servicios, el conglomerado de información que contiene el servicio de trabajo social sanitario. No se trata de ser mejor ni peor, se trata de ser lo que se es. De la unidad de trabajo social sanitario, la gerencia obtendrá información que le permitirá gestionar muchas decisiones con la garantía de que estarán bien tomadas porque responden al sentir, al existir, a la realidad de las personas enfermas, de sus familias, atendidas en el establecimiento que gestionan.

Y por ello es importante lograr que de nuevo, los servicios de trabajo social sanitario dependan de la gerencia y no de otros colectivos profesionales que con toda su buena voluntad, con toda su capacidad directiva, carecen de lo más importante, el conocimiento de lo que implica el servicio de trabajo social sanitario, limitando o haciendo más costosa, su expansión y desarrollo.

Barcelona, 29 de julio de 2015 – Dolors Colom Masfret

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