Teletrabajo Social Sanitario, Big Data e innovación

El concepto de Big Data forma parte del lenguaje habitual de los medios de comunicación de masas pero también de los medios y organismos profesionales.

En  su ejercicio profesional, sobretodo en el plano asistencial, los trabajadores sociales sanitarios tanto de los hospitales como de los centros de salud, son depositarios de grandes cantidades información psicosocial de las personas enfermas que atienden y a la vez se convierten en parte de la información que manejan estas mismas personas en sus redes sociales. Uno siempre forma parte de alguna estadística, ya sea por estar, o por no estar. En aras a afrontar competentemente este futuro inmediato en el que los datos totales serán la base de la acción y de la toma de decisiones, desde las Unidades de Trabajo Social Sanitario se deben identificar los que son susceptibles de satisfacer las necesidades del Big Data para analizarlos bajo los mismos criterios que se analizan en otros campos. Las esferas vitales de la persona que conforman el diagnóstico social sanitario son una base de información excelente y fidedigna para vincular el trabajo social sanitario a los modelos de análisis del Big Data.

La gestión e interpretación  de grandes cantidades de información más allá de los datos evidentes y clásicos contenidos en la mayoría de historias de trabajo social sanitario, ello es incluyendo otros dispositivos, es un reto para la mayoría. Piénsese en plataformas digitales de salud capaces de generar algoritmos que permitan a los profesionales ayudar de manera más precisa a las personas enfermas, a su familia, a su entorno inmediato, incidir en su comunidad, diseñar recursos capaces de cubrir necesidades prestando ayudas de diferente complejidad asistencial. La motivación de la autonomía y la promoción de la salud de las personas enfermas o relacionadas con la enfermedad, supone ayudarlas en la justa medida que las permita ayudarse. Todo ello se da generando grandes cantidades de datos de los cuales no siempre se tiene conciencia pues exceden a los sistemas de información tradicionales.

La aplicación de modelos de Big Data en trabajo social sanitario supondrá un salto cuantitativo pero sobre todo cualitativo en la gestión de un presente cuya dinámica social proyectará realidades futuras interpretables profesionalmente. Indicará tendencias que evitaran errores en la planificación de apoyos. Ayudará a conocer más a cada persona, con sus particularidades.

En el ejercicio de sus funciones, los profesionales del sistema sanitario se convierten en grandes generadores de información en el área médica, psicológica, social, demográfica, una riqueza de datos cuyo análisis siguiendo modelos de Big Data, supondrá un avance en cada una de ellas, la asistencial, la preventiva, la investigativa, la docente, la gestión clínica y al promoción e información de la salud.

El cálculo de los días de estancia según grupos de diagnóstico que se trataron en los GRD (Grupos Diagnósticos Relacionados) fue una de las primeras experiencias, en bruto, de Big Data, relacionadas con el sistema sanitario y su gestión eficaz. En bruto porque la información estaba localizada, cosa que hoy además, está contenida en los diferentes dispositivos de las personas.

Las plataformas de salud son un hecho. En muchos casos, cuando el espacio es un límite (por ejemplo, vivir lejos y el acudir al centro de salud o al hospital se convierte en un problema) y el tiempo es un impedimento, (por ejemplo cuando los horarios de visita son incompatibles con la vida de uno), las plataformas digitales para el desarrollo del teletrabajo social sanitario son una alternativa inclusiva que, en beneficio de las personas, sustituirán las formas clásicas de la asistencia que sin proponérselo, con su organización actual, pueden resultan excluyentes. Véase sino la falta d asistencia a las consultas. La era digital, el internet de las profesiones, muestra horizontes llenos de nuevas posibilidades para las personas que necesitan ayudas y apoyos, también para los trabajadores sociales sanitarios que están en disposición y capacidades para prestarlos.

Cada vez es más frecuente encontrar a personas enfermas y familias que utilizan plataformas de salud y tecnologías de comunicación digital para consultar problemas a los profesionales que les atienden. Si uno escribe «apps de salud» en cualquier buscador, se encuentra una devolución ingente de entradas. Es evidente.

Las TIC suponen un cambio de paradigma dentro del sistema sanitario y del proceso asistencial, no solo en la vertiente médica y de enfermería, también en la vertiente relativa al trabajo social sanitario y por ello la UOC, la primera Universidad online y líder mundial en la formación de trabajadores sanitarios, innova y lidera experiencias docentes que satisfagan las nuevas necesidades de las personas afectadas, de los profesionales y de la institución sanitaria en la era digital.

Barcelona 18 de mayo de 2017 – Dolors Colom Masfret

Muchas felicitaciones a la segunda promoción del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario

Hace unos días se graduaba la segunda promoción del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario. ¡¡¡Felicidades!!!

El pasado 18 de julio, a las 24 horas, se cerraban definitivamente las aulas del Master relativo al periodo 2014-2016.

La adrenalina desatada y acumulada para afrontar el esfuerzo de tantos días impedía conciliar el sueño. Este desvelo, sin embargo, era un magnífico regalo de fin de curso, el mejor colofón. El momento, inmerso en la mitad de una calurosa noche de verano, invitaba a emocionarse viendo cómo ese camino iniciado años atrás, se seguía caminando. Una nueva promoción de trabajadores sociales sanitarios, algunos con mucha experiencia en el sistema sanitario, otros sin haber ejercido nunca, se disponían, por igual a ejercer el trabajo social sanitario tal y como la profesión fue concebida en sus orígenes: primero estudiar a la persona enferma y sus circunstancias, segundo elaborar el diagnóstico social sanitario y tercero diseñar un plan de intervención. Después evaluar.

Ahora, estos profesionales, ellos y ellas, cuentan con el corpus teórico suficiente como para reorganizar sus unidades de trabajo social sanitario de acuerdo a los cánones requeridos por el sistema sanitario y el sistema social pero también defendiendo los requisitos que la profesión les exige. El ejercicio del trabajo social sanitario implica unos principios y valores que no pueden dejarse de lado.

¿Y los recursos? Se preguntará alguien. Los recursos son solo recursos, menuda perogrullada, pero es así de sencillo. Para los trabajadores sociales sanitarios los recursos comunitarios son eso, recursos que ayudan a prestar unos servicios asistenciales, avalados siempre por el diagnóstico social sanitario. Como para los médicos lo es la medicación y también en su caso se apoyan en el diagnóstico médico.

Uno de los logros de Ida M. Cannon (1877-1960), la gran pionera del trabajo social sanitario, fue la implementación de un modelo de diagnóstico integral en el Massachusetts General Hospital de Boston. Ello significaba que cuando la persona ingresaba en el Hospital, en paralelo al diagnóstico médico se elaboraba el diagnóstico social [sanitario] y con ambos se definía el diagnóstico integral. Y los recursos comunitarios eran otro asunto.

Los recursos están al alcance de cualquier colectivo si bien se accede a ellos cuando se cumplen unos criterios previamente fijados objetivamente. Se trata de la necesidad normativa desarrollada por Bradshaw. Sabiendo cuáles son estos criterios se trata de ver si la persona los cumple, o no. Ahora bien, sobre esta sencillez inicial, llega la complejidad de lo humano. La función física no siempre se corresponde con la función psíquica y la voluntad, con las posibilidades del entorno, así pues el factor humano y su contexto, adquiere relevancia. Por ello además de conocer lo físico, lo orgánico, se necesita conocer lo psíquico, lo psicosocial y lo medioambiental.

Es un craso error relacionar el trabajo social sanitario con la tramitación de recursos y ello ha quedado patente a lo largo de todas las enseñanzas del Máster.

A partir de ahora los pasos son de la nueva promoción que se une a la primera. Han sido dos años, en algunos casos uno, en otros tres, dedicados al estudio, años de esfuerzos que parecían interminables. Pero el fin siempre llega y con él un principio. Ese principio significará cambio, eficacia y eficiencia, significará intervenciones profesionales en donde el conocimiento marca cada paso y el profesional es capaz de responder porque aplica el servicio «A»  y no el servicio «B».

Felicidades, estimadas, estimados. Y recordad «Allea jacta est».

Barcelona, 23 de julio de 2016 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios y la planificación del alta: más de un siglo centrando la atención en la persona

Una de las primeras referencias al «programa de la planificación del alta», data de 1910 y se sitúa en el Hospital de Bellevue en Nueva York. Resulta muy interesante leer cómo se explica el programa mucho antes de ser denominado. Primero llegaba la acción, el procedimiento, después, llegaría el nombre Discharge Planning [La planificación del alta]. Desde su inicio, el centro de gravedad del programa fue la persona enferma y su familia, sus circunstancias sociales, éstas que eran parte estructural de su existir.

En el Hospital de Bellevue, el profesional responsable de este estudio psicosocial de la persona era la trabajadora social hospitalaria. El mismo día en que se producía el ingreso en la sala médica, la entonces trabajadora social hospitalaria, hoy sanitaria, realizaba un estudio de la persona y sus circunstancias sociales e iniciaba un seguimiento diario de sus vivencias, miedos, expectativas, elaboraba el diagnóstico social hospitalario [sanitario] y en base a éste intervenía ayudando a la persona y a su familia en el regreso a su casa. De la evolución y cambios, mantenía puntualmente informado al personal médico y al personal cuidador (hoy enfermería) del hospital.

Estos últimos años la atención centrada en la persona se presenta como si fuera una fórmula novedosa y genuina, una novedad asistencial, cuando en realidad es una práctica que dentro del trabajo social sanitario se viene desarrollando desde hace más de cien años. Es una obviedad. La atención debe estar centrada en la persona. ¿En quién si no? Quizás sea una fórmula novedosa para alguien pero ello no la convierte en novedosa. No lo es para los profesionales del trabajo social sanitario que siempre han centrado su intervención en la persona y su entorno.

Desde finales del siglo XIX se sabe que, además de la enfermedad, las circunstancias sociales de las personas (convivencia, relaciones familiares, autonomía personal, la vocación profesional, el trabajo, etcétera) influyen en gran medida para que después de un ingreso hospitalario el regreso a casa sea un hecho benéfico. Está internacionalmente aceptado por los trabajadores sociales sanitarios que la enfermedad siempre rompe con la dinámica familiar y social, y que muchas veces, para recomponerla, se precisan ayudas y soportes externos a la familia, ayudas profesionales ya sean de carácter temporal o indefinido.

Para muchas personas, la noticia de que pueden regresar a su casa, contrariamente a lo esperado, supone una mala noticia, les desata temores y miedos amplificados al carecer de ayuda profesional en su dimensión psicosocial que les oriente y aliente para afrontar, con la máxima independencia y autonomía, la nueva situación. Ello se traduce en una negativa a regresar a su domicilio. Por ello, informar del alta hospitalaria no basta, es preciso planificarla y los trabajadores sociales sanitarios, por la naturaleza de sus competencias y habilidades son quienes asumen la vertebración de las diferentes intervenciones de los diferentes profesionales, dicho de otro modo, gestionan el caso.

Por ejemplo, se habla con frecuencia de las estancias hospitalarias consumidas por razones no médicas con origen en problemas sociales o generadoras de éstos. ¿Por qué entonces la unidad de  trabajo social sanitario carece de los recursos humanos suficientes para intervenir fehacientemente sobre los aspectos psicosociales de las personas ingresadas? ¿Por qué siguen siendo tan pocos los hospitales que aplican un programa de planificación del alta de acuerdo a los principios y valores originales, ello es realizando un estudio psicosocial a los primeros días del ingreso? Estudio psicosocial, lo cual no se debe confundir con recoger datos sociales.

La mayoría de los criterios de riesgo que pueden influir en que la persona requiera apoyos posteriores al alta hospitalaria, suelen estar presentes en el momento de la admisión, por lo tanto, si realmente se quiere centrar la atención en la persona, es muy fácil: doten a las unidades de trabajo social sanitario de los recursos humanos necesarios para que sistemáticamente puedan realizar un estudio psicosocial de estas personas con circunstancias de riesgo de padecer problemas de alta o problemas en su casa después de una alta hospitalaria.

Cuando se argumenta que los problemas sociales generados a raíz de la enfermedad no son un asunto del hospital, se está reduciendo a la persona a su patología, pero en ningún caso se puede hablar entonces de la gestión centrada en la persona. Es en este punto donde son de agradecer las voces que se unen para reclamar, otra vez, la atención centrada en la persona. Sin embargo, una cosa es reclamar y otra presentarla como novedad.

Para hablar de la atención centrada en la persona se debe establecer un diagnóstico social sanitario de las personas con criterios riesgo entre las primeras 24-72 horas después haberse producido la admisión.

Ello significará que la unidad de trabajo social sanitario pasará de realizar una intervención reactiva, centrada en los problemas, a realizar una intervención proactiva, centrada en las personas y sus problemas.

Barcelona, 28 de abril de 2016 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios y su dependencia jerárquica: otra vez a vueltas con lo mismo

La dependencia jerárquica de la Unidad de Trabajo Social Sanitario parece, en  muchos hospitales y centros de salud, un racimo de complejos, ese problema irresoluble, o para ser precisos que no se quiere resolver.

Partiendo de la premisa de que quienes deciden el organigrama de un establecimiento sanitario son profesionales competentes y con una alta capacidad analítica, es difícil de comprender qué los lleva a decidir que la Unidad de Trabajo Social Sanitario dependa por ejemplo de la División de Enfermería, o la División Médica, o la División Administrativa, incluso la División Asistencial. Desconozco si se ha dado algún caso en que dependa de la División de Mantenimiento y Limpieza, o de la División de Informática, o de la División de Jardinería.

La Unidad de Trabajo Social sanitario por su naturaleza, por sus funciones y por sus competencias, por las capacidades de sus profesionales debe depender directamente de la gerencia. La principal razón es que la generación de datos sanitarios, sociales y comunitarios de la Unidad, presenta escenarios sobre los que actuar y cuyo análisis no puede quedar sesgado por la mirada de la enfermería, de la medicina, o de la administración. Quien mejor puede aprovechar esta información, quien mejor la puede interpretar, es la gerencia que a su vez es quien ostenta responsabilidades y capacidades para gestionar desde la amplitud de miras y no des de cristales de colores.

No importa que la Unidad de Trabajo Social Sanitario esté compuesta por un profesional. La cantidad no es un argumento sólido pues el gerente, él o ella, también suele ser un profesional y tiene toda la responsabilidad de la gestión.

Seguro que es más una cuestión de desconocimiento del catálogo de prestaciones y cartera de servicios de trabajo social sanitario, que de mala fe pero este error en la dependencia jerárquica impide la máxima optimización del sistema sanitario. Sí, sí, del sistema sanitario porque la falta de atención integral a la persona, repercute nuevamente sobre el sistema sanitario en forma de reingresos o de entradas por urgencias.

La dependencia de gerencia, ciertamente implica mucha responsabilidad por parte de la jefatura de la Unidad de Trabajo Social Sanitario pues a la gerencia la información se le debe facilitar de manera clara, concreta y concisa. A ser posible en una gráfica, con las soluciones al problema que refleja la gráfica y otra gráfica con los resultados esperados si se aplican las soluciones propuestas. La Unidad de Trabajo Social Sanitario también es una unidad de gestión pues combina conocimientos profesionales, con realidades humanas y la prestación de servicios, algunos de los cuales, además, implican utilización de recursos.

Existen algunas leyendas que a veces han venido a justificar la dependencia de la Unidad de Trabajo Social Sanitario de la Enfermería, algunas son:

  • «La enfermería está más tiempo con la persona enferma». Es un argumento recurrente pero ¿de verdad alguien se lo cree? Reloj en mano seguro que no. Además, no se trata de estar más tiempo, se trata de saber intervenir sobre los aspectos psicosociales de la persona y ello es posible desde el trabajo social sanitario pero no desde la enfermería.
  • «La enfermería, al estar más tiempo con el enfermo, sabe cuándo tiene un problema». Que está más tiempo con el enfermo lo dejamos entre paréntesis y pendientes del reloj. Que sabe cuándo la persona tiene un problema, no justifica una dependencia jerárquica porque seguro que también lo sabe el personal auxiliar, médico, los vecinos muchas veces y la misma persona que limpia y arregla la habitación del  hospital a diario. Un asunto es saber ver que puede existir un problema en una familia y otro muy distinto ser capaz de tratarlo de acuerdo a unos procedimientos y protocolos que incluyen el diagnostico social sanitario. El tratamiento de un problema familiar implica la elaboración del diagnóstico social sanitario porque de lo contrario, como ya señala Lain Entralgo, estamos adivinando (lo que implica acertar o errar) y jugando al chamanismo (lo que implica actuar fuera del método científico), ello es fuera del corpus teórico de la profesión.
  • «La enfermería es la gestora de casos». Eso sí que no. La enfermera gestiona cuidados, no casos. El concepto de caso, implica la dimensión de la familia, la amistad, lo laboral, lo económico, lo lúdico, y por supuesto el cuidado cuando se requiere. La gestión de los cuidados es responsabilidad de la enfermería, la gestión del caso, es asunto del Trabajador Social (Sanitario).

La rotación de los equipos directivos puede facilitar que la dependencia jerárquica de la Unidad de Trabajo Social Sanitario muchas veces se cierre en falso. Cuando se crearon las primeras plazas se dependía de la gerencia, entonces era tan evidente como lo es hoy mismo. Mientras se siga ubicando la Unidad de Trabajo Social Sanitario dentro de otras divisiones del organigrama, el sistema sanitario en su conjunto pierde eficiencia.

Dejémonos de opiniones gratuitas que son velas al viento y llenemos de sentido común las decisiones profesionales. El mundo de las profesiones implica operaciones intelectuales las cuales son parte del proceder. Por ello, la dependencia de la Unidad de Trabajo Social Sanitario es cuestión de razonar dentro de los criterios de mejora y optimización de recursos y ello lo permite su dependencia jerárquica de la gerencia.

Barcelona, 19 de marzo de 2016 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios grandes optimizadores de recursos humanos, técnicos, institucionales y comunitarios

El orden de los factores citados en el título es irrelevante pero todos ellos son componentes de la sostenibilidad del Estado del bienestar cuya continuidad está en serio riesgo de romperse. Los logros alcanzados hasta el inicio de la actual crisis, año 2008, año tras año, van menguando. Ocurre poco a poco, casi imperceptible para el gran público, muy notorio para las personas clientes de los servicios profesionales sanitarios y sociales. Si bien leyendo textos profesionales de hace años, esta afirmación ya era una constante, hoy no debe tomarse como una repetición más. No es retórica literaria, ni una banal siembra de inquietudes, es un hecho empírico abalado por el adelgazamiento de los programas y servicios de apoyo, siendo las crecientes listas de espera, las crecientes dificultades para acceder a los recursos existentes un buen argumento para aceptar la credibilidad y gravedad del asunto. Cierto es que todo ello, muchas veces, va acompañado de un mal uso de dichos programas y servicios. Un mal uso porque algunos profesionales del sistema sanitario los proponen como finalistas y no como mediadores entre una situación con dificultades y la situación anhelada en la que éstas, con ayudas y apoyos, se superan.

Los trabajadores sociales sanitarios, sin embargo, tenemos en nuestra mano cambiar dicha derivada, asumiendo el rol original de agentes de cambio y promotores de recursos, pero también el rol de optimizadores dichos recursos, humanos, técnicos, familiares y institucionales y comunitarios. Esta responsabilidad nuestra es ineludible. Los trabajadores sociales sanitarios son transmisores de valores sobre el uso del Estado del bienestar a la sociedad en general y a las personas atendidas en particular. Ahora el Estado del bienestar está realmente en riesgo siendo su financiación el principal hándicap.

Por ello la concienciación sobre el uso adecuado de los recursos debe ser parte de las intervenciones psicosociales para transmitir a la persona y su familia la tranquilidad de saber que la ayuda está ahí disponible mientras la necesite pero, a la vez, asumir que cuando dicha necesidad desaparezca, se prescindirá de ella.

Lejos del corporativismo y sí por la convicción sostenida por resultados de experiencias sobre el terreno, sostengo la hipótesis de que si existe una profesión con profesionales capaces de optimizar el Estado del bienestar, de administrarlo y de implicar a las personas en dicha administración y su buen uso, ésta es el trabajo social sanitario. Claro está, entendido éste, como el conjunto de intervenciones tangibles e intangibles, apoyadas siempre en un diagnóstico social sanitario, o un pre diagnóstico, e implicando, en la recuperación y la reinserción, a las personas afectadas, la cuales comparten los objetivos terapéuticos de reinserción. Y claro, implicando a sus familias, ello si el diagnóstico social sanitario no indica lo contrario. Sabemos que la familia no siempre es una ayuda ni una solución a los problemas, por lo tanto, debe estudiarse y valorar los efectos positivos o negativos.

Por principio, ninguna persona puede ser apartada de participar en su propio cuidado (aunque su colaboración sea mínima y esta participación implique más tiempo para el profesional). Sea por pasividad o por desinterés, por decepción o melancolía, nadie puede ser apartado de participar en las acciones programadas para su propia mejora, o desarrollo personal, se añade, siempre y cuando sus capacidades se lo permitan. Ninguna persona invadida por la pasividad ante sus circunstancias, debe quedar reducida a ejecutar sin más, las indicaciones que se le puedan facilitar.

La continuidad del Estado del bienestar se encuentra pues en manos de todos, tanto de las personas beneficiarias en algún momento de su vida como de los profesionales, principales prescriptores de servicios y ayudas para recuperar y reinsertar a quienes se encuentran con dificultades. Y de los políticos pero en este caso los profesionales deben comunicar sus propuestas y recomendaciones técnicas.

Parte de la continuidad del Estado del bienestar, se basa en una actitud profesional activa. Aunque la ayuda se prevea será para siempre, en muchos casos se combinan fatalmente la enfermedad crónica con la cronicidad de las dificultades sociales, dificultando ello la reinserción, el objetivo de los profesionales siempre debe ser rehabilitar a la persona y su entorno si lo tuviera. La optimización del Estado del bienestar pasa por lograr la independencia del máximo número de personas beneficiarias de las ayudas y servicios manteniendo las mismas inversiones o incrementándolas racionalmente y no política o emocionalmente.

La simplificación de los procesos y la evitación de duplicidades, todavía no se han tratado en serio. Se trata de mantener una actitud proactiva con respecto a los medios utilizados en las intervenciones profesionales y en vez de centrarse en lo mucho hecho, pasar a preguntarse ¿para qué ha servido ese «mucho hecho»?

¿Qué mejoras (tangibles y medibles) aporta la intervención de los trabajadores sociales sanitarios a la vida de las personas atendidas y a sus familias? De ahí a demostrar la relación positiva entre mejorar la calidad de vida de las personas y la optimización del Estado del bienestar hay un paso.

Barcelona, 29 de setiembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Cuando nos quejamos de «Intrusismo» en el trabajo social sanitario ¿es realmente «Intrusismo»? Diría que no

Desde hace años el concepto de «Intrusismo» planea sobre muchas de las sesiones y encuentros de trabajadores sociales sanitarios pero la mayoría de las veces, atendiendo a los hechos, es una ligereza semántica hablar de «Intrusismo».

Veamos. El «Intrusismo» se juzga por el código penal, por tanto, debemos ser muy cautos a la hora de calificar una acción de intrusismo. Está regulado por la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal. Dicha ley, en su Capítulo V, aborda la Usurpación de funciones públicas y del intrusismo. Y cuenta con dos artículos:

Artículo 402. El que ilegítimamente ejerciere actos propios de una autoridad o funcionario público atribuyéndose carácter oficial, será castigado con la pena de prisión de uno a tres años.

Artículo 403. El que ejerciere actos propios de una profesión sin poseer el correspondiente título académico expedido o reconocido en España de acuerdo con la legislación vigente, incurrirá en la pena de multa de seis a doce meses. Si la actividad profesional desarrollada exigiere un título oficial que acredite la capacitación necesaria y habilite legalmente para su ejercicio, y no se estuviere en posesión de dicho título, se impondrá la pena de multa de tres a cinco meses.

El que nos afectaría mayormente es el relativo al art. 403 pero siendo estrictos, hasta este año 2015 que se gradúa la primera promoción del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario, no ha existido ningún título oficial de Trabajo Social Sanitario asociado a unos contenidos académicos, a unas competencias profesionales que son las que garantizan la buena práctica y lo que, dado el caso, sería motivo de apoyo a la denuncia.

La reciente publicación en el BOE del Plan de Estudios del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario tratada en el post anterior cambia radicalmente el escenario porque ya se cuenta con una formación académica y, ahora sí, el ejercicio del trabajo social sanitario se da dentro de unas coordenadas que son las que corresponde a los trabajadores sociales sanitarios garantizar en su ejercicio profesional, el cual siempre obedece a la formación recibida y a las funciones que le otorga el sistema sanitario.

Por lo general, se habla de intrusismo cuando debería hablarse de incursiones e injerencias que afectan al quehacer del día a día pero no usurpan la personalidad del trabajador social sanitario, ni siquiera de las actividades desarrolladas para cumplir con las funciones encomendadas. Son enredos, informaciones contradictorias, generación de falsas expectativas en las personas, que provienen de profesionales que minusvaloran el ejercicio del trabajo social sanitario, pero no usurpan su personalidad ni sus funciones.

De vez en cuando, alguna normativa provoca la tempestad y vemos intrusismo en donde legalmente no lo hay. Entonces vuelven las reuniones de juntas de colegios y entidades, que suelen acabar con manifiestos (muchos recuperados de manifiestos anteriores), cartas con gran contenido emocional y no académico, recogida de firmas… en fin, como se diría coloquialmente se dan unos cuantos «manotazos de ahogado» que cuando llega a la orilla se olvida de todo hasta que de nuevo otra normativa le hace sentir el agua que le llega al cuello. Pero es una paranoia, no es un hecho.

Entre la reacción y la estrategia hay mucha diferencia. El master Universitario de Trabajo Social Sanitario, además de todo lo obvio, es parte de un objetivo, de un plan para cumplir con la legislación vigente para alcanzar el reconocimiento de profesión sanitaria. Entonces, el intrusismo, si realmente este se da , implicará acudir a la Justicia.

¿Es «Intrusismo» lo que algunos toman como tal? El análisis del concepto y de los hechos susceptibles de tal categoría me llevan a concluir que no.

La razón es muy sencilla: El trabajo social sanitario no puede reducirse a derivar personas a los servicios sociales, a gestionar recursos residenciales, a interesarse por los aspectos sociales, etcétera. Esto no tiene nada que ver con el trabajo social sanitario y quien así lo crea, tiene un serio problema de identidad profesional. No podemos hablar de intrusismo porque una enfermera, un médico, se interese por los aspectos sociales de los enfermos que atienden, es su responsabilidad, como no es intrusismo que un trabajador social sanitario se interese por las dolencias y enfermedades, tratamientos  de las mismas personas. También es su responsabilidad conocerlo.

Es un reduccionismo garrafal asociar el Trabajo Social Sanitario a unas actividades elementales para cuya realización no se necesita ningún conocimiento, solo habilidades administrativas y comunicativas.

Sería intrusismo si otros profesionales aplicaran procedimientos o protocolos de trabajo social sanitario, se arrogaran la prestación de nuestros servicios y conviene recordar aquí que prestar un servicio no es tramitar un recurso. Sería intrusismo si elaboraran el diagnóstico social sanitario y sobre él desarrollaran un plan de intervención. Pero derivar al familiar del enfermo que estamos tendiendo a los servicios sociales no requiere de demasiadas operaciones intelectuales, ni demasiados análisis de datos, lo puede hacer cualquiera. El trabajo social sanitario es mucho más que gestionar recursos, derivar personas, informar de gestiones,… esto son solo pequeñas actividades que se dan dentro de los servicios que se prestan, servicios que, recordemos, se apoyan en el diagnóstico social sanitario o un pre diagnóstico.

Barcelona, 26 de junio de 2015 – Dolors Colom Masfret

Dijo la enfermera de enlace a la trabajadora social sanitaria: ¡Tramítale una residencia ya!

Tierra: trágame. Hace un tiempo me contaban que en un Centro de Salud, evitaré detalles, la enfermera en enlace entró furibunda en el despacho de la trabajadora social sanitaria que, además, estaba entrevistando a una persona y sin contenerse, le espetó: «A Josefa ¡Tramítale una residencia ya!». Vamos, como la camarera que entra en la cocina del restaurante que atiende para reclamar un plato combinado, ya saben: «¿Qué pasa con el número seis, sin salsa, para la mesa veinte? ¡Lo quiero ya!».

Lamentable. Sobre todo porque venía de parte de una profesional sanitaria y ponía de relieve el poco respeto y consideración para la persona enferma, Josefa, a la que convirtió en una «cosa» a la que colocar en una residencia, obviando los cánones de la intervención desde el trabajo social sanitario y, estoy segura, de la misma enfermería. Para esta enfermera de enlace, no voy a generalizar, la persona enferma, quedaba fuera de la  decisión que la iba a afectar para el resto de su vida.

Cuando decimos que la intervención desde el trabajo social sanitario se apoya en un diagnóstico social sanitario y asume los principios y valores de la profesión, no estamos practicando la retórica, estamos proyectando una manera de ayudar a las personas y una ética en el ejercicio de la profesión.

Afortunadamente, esta actitud pertenece a una minoría pero esta minoría, copa la mayor parte del escenario dañando la imagen del sistema sanitario en general, de las organizaciones donde ejercen, en particular. Es anécdota pero puede parecer categoría.

La mayoría de los profesionales del sistema sanitario con los que se trabaja en equipo no practican esos modales ni actitudes, pero dejando aparte la cortesía o la falta de ella, lo preocupante aquí y el pretexto que motiva el texto es la perduración en el tiempo de la falsa idea de que el trabajador social sanitario tramita recursos que lo otros profesionales presuponen, porque es una presunción, la persona necesita para resolver unos problemas. En realidad así, los problemas de la persona no se resuelven, se resuelven sus manifestaciones pero los problemas siguen, y seguirán, ahí.

No podemos confundir una residencia con una gasa, o una pomada. No podemos cosificar a las personas, ni les podemos quitar su dignidad. Debemos saber que cada vez que decidimos per alguien, le quitamos su dignidad. Las personas deben decidir (solas o con ayuda) sobre sí mismas. Si las anulamos borramos de un plumazo todo lo que hemos avanzado dentro del modelo biopsicosocial en el que la persona está compuesta de dimensiones vitales, psíquicas y físicas, que se retroalimentan y complementan.

La transformación del Estado del Bienestar en un supermercado de recursos en el que cada uno se corresponde a una dificultad es un indicador del desconocimiento y del poco respeto que se tiene por las personas a las que se atiende.

La letra a día de hoy la sabemos pero la práctica queda embarrada en estas actitudes donde la falta de profesionalidad lamina precisamente el Bienestar de las personas.

Y ya puestos, la demanda correcta de la enfermera de enlace a la trabajadora social sanitaria, obviamente en privado y a solas, no delante de una visita, hubiera sido:¿Cuál es el diagnóstico social sanitario de la Sra. Josefa?

Barcelona, 16 de abril de 2015 – Dolors Colom Masfret

La gestión del caso versus la gestión del cuidado: el trabajador social sanitario gestiona casos y la enfermería gestiona cuidados

Aunque algunos, en la práctica, vinculan e intercambian ambos conceptos, la gestión del caso y la gestión del cuidado, como si uno fuera sinónimo del otro, se trata de dos competencias distintas y siendo estrictos, la gestión del caso, mucho más amplia y compleja, incluye la gestión del cuidado, siempre restringido y necesitado de menos tiempo que el caso en sí.

Por tratarse de un asunto a día de hoy muy contaminado, lo trataré considerando los conceptos, las fuentes, los contenidos, los fundamentos que ponen al trabajador social sanitario en el centro de gravedad de la gestión del caso. No entraré en ideologías corporativas, que podría, pero no lo haré porque sería caer otra vez en lo retórico y el camino fácil recorrido hasta ahora por muchos.

Uno de los primeros autores que relacionó la gestión del caso con el trabajo social [sanitario] fue Abraham Flexner. En muchos escritos me he referido a las dudas que en 1915, expuso Flexner con relación a si el trabajo social [sanitario] era una profesión. Los argumentos que soportaban sus dudas, en aquel tiempo estaban bien fundados. Hoy se han superado claramente, este Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario es una evidencia de ello.

Flexner de 1915 de lo que no dudaba era que el trabajador social [sanitario], por la naturaleza de su intervención, resultaba el gestor de casos por excelencia. Consideraba que las responsabilidades de los trabajadores sociales [sanitarios] los convertían en la «inteligencia» que, ante los problemas de las personas, reunía a los diferentes agentes profesionales (médico, maestro, cuidador, visitador amistoso, administrador, etcétera) que debían actuar y colaborar entre sí para ayudar a la persona enferma y a su familia a recuperar su cota de bienestar más alta posible.

Por tanto, en los orígenes del trabajo social sanitario está la gestión de casos que requiere habilidades y capacidades para interconectar, relacionar, coordinar, conocer los recursos, cómo acceder a ellos, etcétera. Todo, acciones más relacionadas con el qué hacer, la eficacia, y con el quién hacerlo, la eficiencia que con el ejercicio profesional troncal. Las profesiones se apoyan en el conocimiento que se va tejiendo en la disciplina y los profesionales, en su ejercicio, aplican dichos conocimientos a la vez que, también fruto de su ejercicio diario, contribuyen a generar de nuevo. En 1915, Flexner echaba en falta ese conocimiento, un método pedagógico comunicable.

Con el paso de los años, la diferencia entre la ayuda caritativa y la ayuda proveniente del trabajo social [sanitario] fue ganando en matices que se apoyaban sobre todo en que el trabajo social sanitario, (en aquel tiempo hospitalario), venia avalado por el diagnóstico social sanitario que conviene recordar nada tiene que ver con un listado de calamidades.

En 1941 Gordon Hamilton dio un paso más y en su libro «Theory and practice of social case work» definió el caso social. «El caso social es un acontecimiento vital en el que siempre hay proporciones, variables de lo económico, lo físico, lo mental, lo emocional y de los factores sociales. El caso social está compuesto de factores internos, externos o medioambientales. Uno no trata a las personas en un sentido físico o en un sentido medioambiental, las trata en relación con sus experiencias sociales y con relación a sus sentimientos respecto de estas experiencias».

A lo largo de los últimos veinte años muchos de los conceptos relacionados con el trabajo social sanitario los han asumido otras disciplinas afines, tratándolos muchas veces como cuerpos vacíos de contenido que coloquialmente se puede decir «valían tanto para un roto como para un descosido», o lo que es peor, con otros contenidos que no les son propios. Muchas veces los conceptos los aplican según conviene pero saltándose los contenidos académicos y prácticos que le han dado forma a lo largo de los años. La «gestión de casos» es uno de ellos.

El conocimiento es universal, pertenece al hombre, pero lo aplican aquellos profesionales que se han formado para ello y que la sociedad así se lo reconoce. Con ello se posibilita, no se garantiza porque cada uno es responsable de sus actos, pero sí que se posibilita una buena praxis a poyada en el saber y no en la especulación. La lectura sobre cardiología, la pertenencia a un equipo de cardiología, no nos convierte en cardiólogos, antes tenemos un largo recorrido de estudio. El conocimiento también es transversal, pero ello, se insiste, no significa que uno pueda asumir el rol que le plazca. Antes es preciso haber recibido la formación necesaria y haberse acreditado competente para el ejercicio profesional. La formación de los profesionales les hace conscientes de sus responsabilidades y a la vez de sus límites. Ningún profesional que lo es de verdad aspira a convertirse en otro y así el intrusismo queda relegado a quienes sobre todo, ostentan ignorancia.

Y aquí llegamos al meollo de la cuestión. ¿Es correcto hablar de le enfermera gestora de casos? En base a lo expuesto, puedo decir que «No». La enfermería como tal no gestiona casos porque la gestión de casos, lo hemos visto, implica mucho más que las responsabilidades que se asumen en el ejercicio de la denominada «enfermera gestora de casos». La «gestión de casos» no es derivar a las personas a diferentes servicios, lo cual seria «la administración del caso», la «gestión del caso» hoy responde a la definición dada por Gordon Hamilton. Uno puede cambiar los nombres de las responsabilidades pero si no cambia los contenidos, se queda igual.

La «gestión del caso», como vemos, implica unas dimensiones vitales: lo familiar, lo laboral, lo relacional, lo económico, lo medioambiental, lo parental, etcétera y obviamente, la gestión del cuidado.

¿Enfermera gestora de casos o enfermera gestora de cuidados? Cuando se habla de la enfermera «gestora de casos» en realidad debería llamarse «enfermera gestora de cuidados». Insisto los «casos» incluyen esferas existenciales que la mal llamada «enfermera gestora de casos» no aborda.

La «gestión de casos» case management implica todas las dimensiones vitales de la persona y, por tanto, es mucho más amplia y compleja que la «gestión del cuidado» el care management que implica, el cuidado de la persona enferma. De la persona enferma, no de la enfermedad. La «gestión del cuidado» siempre queda incluida en la «gestión del caso» porque cuando el «cuidado» pasa a la familia, el «caso» para el trabajador social sanitario, suele seguir abierto.

Así pues, para concluir, este concepto, el de «enfermera gestoría de casos» está mal aplicado, es erróneo, sus competencias no se corresponden con lo que implica la «gestión de casos». Para no confundir el enunciado con el contenido, lo correcto es hablar de «la enfermera gestora de cuidados» porque esto es lo que hace.

Barcelona, 26 de febrero de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario apoyado en el conocimiento científico: de las reacciones a las decisiones estratégicas

¿Cómo llegamos a las conclusiones que llegamos? ¿Nos apoyamos en un ejercicio racional? ¿Buscamos (en literatura científica) experiencias similares en las que afirmarnos? O sin más, damos rienda suelta a aquello que nos parece lo mejor sin haber analizado detenidamente pros o contras. Una cosa es reaccionar a algo y acertar, y la otra es decidir en base a información veraz.

Uno de mis primeros aprendizajes cuando estudiaba la carrera fue que antes de empezar a elaborar un trabajo o ejercicio, debía buscar en literatura científica, leer lo que se había escrito, y tomarlo en consideración, siempre citando la fuente. Como consecuencia de ello aprendí lo importante que era publicar las experiencias cuando estas tenían algo nuevo que aportar o ayudaban a revalidar tesis anteriores, o ampliaban conocimientos, o abrían nuevos horizontes. Las publicaciones científicas, por su naturaleza, van ampliando las miras de los profesionales que se benefician de la experiencia de otros que antes pasaron por donde ellos se encuentran, investigaron y se decidieron a divulgar su experiencia. También apuntan a nuevas realidades y modelos.

Cuando nuestras acciones se basan únicamente en nuestras experiencias personales, no estamos actuando como profesionales, porque la profesión implica apoyarse en una disciplina y la disciplina supone el conocimiento de asignaturas que nos ayudan a conformar nuestro universo teórico que son los mimbres de la mejor práctica. Un profesional que no lee sobre lo que se publica con relación a su campo de trabajo viene a ser alguien disfrazado de profesional porque el profesional, el que lo es de verdad, se nutre de las experiencias y conocimientos de otros profesionales. Por supuesto reconoce a los otros autores y no juega al plagio.

Muchas de las actividades que acontecen detrás de un letrero donde pone «Servicio de Trabajo Social Sanitario» están muy lejos de cumplir con los requisitos que dicha denominación exige basados en la disciplina y su presencia en el sistema sanitario. Por ejemplo: tener definidos los procedimientos y los protocolos propios de trabajo social sanitario diferenciando claramente la fase de investigación o recogida de datos, la fase diagnóstica y la fase de intervención; disponer de un sistema de información actualizado y asumido por todos los profesionales de la zona o área;  saber definir los servicios que se prestan, enfatizando en la palabra servicio y no confundirlo con un listado de actividades; evaluar periódicamente la información que se va obteniendo y transformarla en propuestas viables y medibles; supervisar los actos profesionales; concienciar al resto de profesionales para que asuman el modelo biopsicosocial; liderar movimientos sociales en pro del bienestar, etcétera. Éstas son solo algunas de las responsabilidades que acarrea el ejercicio de trabajo social sanitario.

Es cierto que se ayuda a las personas, pero en el siglo XXI necesitamos otras fórmulas de atención de manera que ésta no quede únicamente en manos de la persona que debe pedir la ayuda. La prevención implica adelantarse. Sabemos que la percepción de necesidad varia de una persona a otra y a veces, cuando se percibe la necesidad puede ser tarde.

Dicho esto, si existe, al alcance de los profesionales, una dimensión capaz de germinar su propia transformación y desarrollo, es la del conocimiento científico. Es a través del conocimiento, generándolo, transmitiéndolo y aplicándolo que los profesionales ganan pericia y experiencia, y sus pasos se tornan los adecuados, beneficiando a las personas que atienden y por ende a la comunidad en la que habitan.

El profesional, por definición comente menos errores que cualquier persona actuando instintivamente. Lo siguiente es que ese conocimiento llegue a las personas. En el caso del trabajo social sanitario ese conocimiento se debe organizar d manera que a través de sus teorías se vayan diluyendo las realidades adversas.

Por primera vez en su historia el trabajo social sanitario cuanta con los resortes académicos y universitarios que desde Estudios de Ciencias de la Salud dan forma a una profesión cuyos profesionales llevaban años hambrientos de conocimiento y, a la vez, hastiados de retóricas obsoletas y vacías de contenido.

En este momento, con más de cien alumnos debatiendo, proponiendo, reflexionando, puedo decir que el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario, a fecha de hoy único en el mundo, está resultando un revulsivo a la atonía que nos ha estado acompañando en los noventa y principios del dos mil. El ejercicio de aprender a través de las lecturas, de la dialéctica, de la observación directa, de la investigación aporta esa gran diferencia entre el trabajador social graduado (generalista) y el trabajador social sanitario master (especialista). Estos últimos años el trabajo social sanitario, desde la universidad, se expande y crea una nueva dimensión empírica sobre la que desarrollarse y repensar las líneas estratégicas de los servicios de trabajo social sanitario del futuro.

Barcelona, 25 de noviembre de 2014 – Dolors Colom Masfret

Mérida ciudad romana y Ágora para el Trabajo Social Sanitario

A Rosa Torres y Rocío Guisado que desearon el curso. A las trabajadoras sociales sanitarias, ellas y ellos, asistentes, gracias por hacer del curso un ágora de reflexión y crecimiento.

La semana pasada, los días 20, 21 y 22 viajé a Mérida, ciudad romana de Extremadura, bella como ella misma. En Mérida las calles son arte aromatizado con el olor del jazmín, el aire es de miel y sus gentes la amabilidad personificada. La gastronomía deshace los paladares y la conversación de mesa recupera ese sabor añejo que nutrió las almas y las psiques de nuestros antepasados.

El motivo del viaje era impartir un curso sobre «El diagnóstico social sanitario en la planificación del alta», el lugar, el Hospital de Mérida pero, como suele suceder cuando todo fluye sin inercias, el motivo se quedó pequeño al lado de todo lo que nos fue sorprendiendo a lo largo del curso.

Esa tierra de dioses y diosas, de conquistadores y aventureros nos agasajó, como no podía ser de otra manera, con grandes momentos de reflexión y debate, grandes momentos de amistad y confidencia. Y todo ello se iba dando de manera natural, sin estridencias, a medida que pasaban las horas y lo teórico necesitaba asociarse a la práctica diaria. Ya sabemos que el trabajo social sanitario es sobre todo acción, acción estratégica, y práctica. También es gestión, cada vez más, debe serlo pues ¿quién mejor que un trabajador social sanitario puede gestionar los servicios de trabajo social sanitario para que satisfagan la responsabilidad ser agentes de cambio y generadores de salud y bienestar?

Desde la magia de sus campos infinitos, rebosantes de verdes cambiantes, bajo la calma de sus cielos aterciopelados, en Mérida se siente la energía que sigue brotando de las fuentes de un mundo antiguo que se adivina esplendoroso y que logra convivir con el actual. Así se puede dar clase durante el día, mantener una conversación pausada en el Templo de Diana por la tarde y cenar en un acogedor restaurante bajo el Arco de Trajano por la noche… Esa es Mérida.

Pero fue junto al mismo lago de Proserpina, acompañada de Rocío y Anabel en uno de esos atardeceres recién pintados, cuando me di cuenta de que el trabajo social sanitario, precisamente por su naturaleza tan ligada a las personas, a lo que es el existir de siempre, eso que la tecnología no alcanza a descifrar, está encarando los tiempos que vienen como corresponde, con toda la completitud que imprime la profesión a sus profesionales, me refiero a los que lo son de verdad, no a los disfrazados para la ocasión.

Los debates de los asistentes al curso estuvieron tan alejados del victimismo, ese que individualmente aborrecemos pero que en grupo es difícil de contener, que me resultaba difícil creer lo que veía. Trabajadores sociales sanitarios, por su experiencia y actividad profesional dentro del sistema sanitario hablando y debatiendo con entusiasmo sobre trabajo social sanitario, sobre casos clínicos y la manera en como se abordaron y como actuaron ante determinadas realidades de las personas atendidas, siempre comparando las intervenciones con la teoría que se estaba impartiendo.

A la par, me di cuenta del que el Master Universitario de Trabajo Social Sanitario ya había empezado a abrir caminos, esos que el poeta señaló se «hacían caminando» y habíamos cruzado esa línea imaginaria que nos abocaba a tiempos nuevos con métodos nuevos y adaptados al siglo XXI sin olvidar los orígenes en el siglo XX. El trabajo social sanitario no está en crisis porque ayuda a las personas a superarla, el trabajo social sanitario se está reorganizando, reconstruyendo, readaptando…

Rajadell, 27 de octubre de 2014 – Dolors Colom Masfret