El Trabajo Social Sanitario: de lo subjetivo a lo objetivo

El pasado viernes, 17 de junio tuvo lugar en el Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona, la III Jornada Estatal de intervención social en salud materno-infanto-juvenil. El lema era «El foco en las personas: experiencias y emociones». Un gran agradecimiento a la Unidad de Trabajo Social Sanitario del Hospital dirigida por David Nadal y todo su equipo, por dedicar una Jornada a las «experiencias y emociones». Porque ¿qué somos las personas sino experiencia y emoción? ¿De dónde nacen las primeras intervenciones de métodos de gestión de casos sino de esa malla de emociones y experiencias que rodean a la persona enferma? No importa la edad, siempre alrededor de una persona enferma encontramos personas a las que está vinculada con sus emociones y sus experiencias.

Los asistentes, ellos y ellas, con quienes pude conversar estaban encantados con el desarrollo de la Jornada y sus contenidos. Lo novedoso de la Jornada estaba precisamente en lo más antiguo, en lo que precede a todo y supera a todo, en la vivencia, la experiencia y la emoción.

Se le atribuye a Paracelso el pensamiento de que «quien cura el alma es más grande que quien cura solo el cuerpo». Es muy difícil que el cuerpo mantenga sus constantes y buen funcionamiento cuando la interioridad de la persona no la acompaña y, su entorno y medio ambiente tampoco.

Por ello, esta III Jornada centrada en las «experiencias y emociones» de las personas, tomadas como base de la intervención profesional, nutrió los mimbres originarios que dieron vida a la profesión, al trabajo social sanitario.

Hace muchos años, en 1960 Helen Harris Perlman señaló que los trabajadores sociales (sanitarios) se interesaban por las personas, por cómo resolvían sus problemas más que por los problemas que resolvían.

Cuando la persona recupera su autonomía personal y social, cuando recibe apoyos profesionales para seguir adelante con su vida pero es ella la que decide, la que actúa y gestiona sus realidades, considerando las realidades ajenas, recordemos que vivimos en comunidad, la sociedad a la que pertenece se retroalimenta en valores y principios éticos.

Gracias de nuevo al equipo de trabajo social sanitario de Sant Joan de Déu de Barcelona porque esta Jornada se está convirtiendo en un clásico y como decían muchos asistentes: «vengo cada año porque siempre son Jornadas de gran valor profesional, traten lo que traten, siempre está bien tratado».

Barcelona, 20 de junio de 2016 – Dolors Colom Masfret

Preparando el inicio de la cuarta edición del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario

Inicios y finales se encadenan en el discurrir de los días del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario que desde que fuera aprobado en julio de 2013 nos tiene a todos los implicados, sea como alumnos o docentes, en un torbellino imparable de planes y proyectos nutridos por el placer de conocer, estudiar y ejercer.

En términos aeronáuticos «entramos en pista» para que la segunda promoción del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario levante el vuelo y pueda transformar todo el conocimiento y experiencia ganados durante su tiempo formativo en servicios y prestaciones para las personas atendidas y en programas y recursos para mejorar la optimización del sistema sanitario, también el de servicios sociales. En una época en la que las palabras se desatan e importa poco que queden en el aire, los hechos cobran relevancia y dan credibilidad a lo dicho. Quizás llega un tiempo en el que sea necesario invertir el orden de los factores, primero los hechos, luego las palabras.

En la primera promoción se graduaron treinta y cinco profesionales, en esta segunda, prevista para el próximo mes de julio, rondarán los sesenta. La tercera, dentro de un año, arroja una previsión de cien. Gracias.

El horizonte es otro y esto significa que ha habido movimiento. Un movimiento generador de pequeños cambios en las unidades de trabajo social sanitario de los hospitales y los centros de salud.

Y el movimiento sigue, así que desde hace unos días se ha abierto el acceso al aula de tutoría, sin ningún tipo de compromiso, para la pre-inscripción de quienes constituirán la cuarta promoción.

Se recuerda que se trata de un título oficial, puede verse en la Resolución de 18 de marzo de 2015, de la Universidad Oberta de Catalunya, por la que se publica el plan de estudios de Máster en Trabajo Social Sanitario. Ello ratifica que mientras no cambie la LOPS, este Màster es el primer eslabón para el reconocimiento de profesionales sanitarios. Lo dice la Ley, se necesita un título oficial dentro de estudios de Ciencias de la Salud, hecho que quedo ratificado en la sentencia del ICS.

Estimada Ida M. Cannon, si nos estás viendo, debes ver que aprendimos tu lección: hemos dejado de explicarlo, ya lo estamos haciendo.

Y gracias a todos y todas los que lo hacéis posible. Nunca sobra recordar que este Máster se edifica con el esfuerzo de una multitud y ello nos hace responsables ante la sociedad civil y la comunidad profesional.

Barcelona, 11 de mayo de 2016 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario, los servicios y los recursos: quien presta el servicio ¿debe gestionar el recurso?

El Diccionari de Serveis Socials de la Generalitat de Catalunya (2010), dirigido por Rosa Colomer i Jordi Rustullet, define el concepto de «Servicio», contextualizado en los métodos de trabajo social, como: «Prestación que ofrece una organización, que tiene un valor para el cliente, es susceptible de satisfacer una necesidad y que no se presenta en forma de bien material». El quid de la definición está en la parte donde dice «que no se presenta en forma de bien material». Este detalle contribuye a deshacer la confusión, enraizada en otros profesionales con quienes se trabaja en equipo, que asocian cualquier intervención desde el trabajo social en general, desde el trabajo social sanitario en particular, al uso de recursos tangibles: residencias asistidas, centros de día, atención a domicilio, etcétera.

Ello es un reduccionismo puesto que desde el trabajo social sanitario la mayoría de los servicios que prestamos son intangibles. No se lea, inmedibles, donde pone intangibles. Los intangibles también son medibles.

Cuando hablamos de servicio, cuando definimos su proceso, ocurre que en el apartado de medios utilizados para prestarlo vemos cómo se combinan intervenciones psicosociales de diferente intensidad e intención, con el uso de recursos que materializan, en el día a día de las personas atendidas, los objetivos terapéuticos recogidos en el diagnóstico social sanitario y que también son parte del servicio. Por ejemplo, el «servicio de apoyo psicosocial para motivar a las personas dadas de alta, a mantener la higiene del hogar para evitar infecciones», además de las sesiones presenciales (o virtuales) con la persona, necesitaremos del recurso de «atención a domicilio» encarnado en la trabajadora familiar, para que in situ, en la casa, realice la consiguiente educación a la persona y su familia. Ello siempre bajo las indicaciones del trabajador social sanitario, él o ella, quien, a su vez, se apoyará en el diagnóstico social sanitario. Así pues, para prestar ese servicio completamente, necesitamos disponer tanto de los recursos intangibles, como de los tangibles. Si la «atención a domicilio» no puede actuar en el momento en que se necesita, nuestra intervención se queda en lo discursivo porque siempre faltará la trabajadora familiar que en paralelo materialice parte de la acción educativa.

He hablado de recursos. En el mismo diccionario el concepto «Recurso» se define como: «Instrumento que facilita, posibilita o promueve una mejora personal y colectiva, generado por la misma persona o promovido por un organismo o institución en forma de servicio o de prestación». También en esta definición el quid está en la última parte cuando dice «en forma de servicio o prestación». Los recursos utilizados para este fin, siempre incluyen un componente educativo, un componente de implicación de la persona en su recuperación. Siguiendo con el ejemplo anterior, el recurso «atención a domicilio» no puede confundirse con la realización de una tarea limitada a limpiar la casa. Las competencias de una trabajadora familiar van mucho más allá que las de la clásica asistenta del hogar. La trabajadora familiar debe lograr que la persona, su familia, vayan recuperando sus habilidades hasta el momento en que puedan mantener por sí mismas la higiene del hogar.

Cuando a mediados de los ochenta del siglo pasado se organizaron los criterios y circuitos de acceso a los recursos públicos de los servicios sociales, ¿se pensó en las personas enfermas hospitalizadas? Mi hipótesis es que no. Se pensó en las personas que estaban en su casa y necesitaban apoyos, pero no en las que los necesitaban después de un alta hospitalaria. Apoyo por otra parte, irrenunciable. Me centro en las personas hospitalizadas porque son las que suelen necesitar con más premura los apoyos formales de recursos. Además, por aquel entonces la atención primaria actual aún era un proyecto de transformación de los ambulatorios tradicionales en los actuales centros de salud.

Una mayoría de los trabajadores sociales de hospitales de aquel entonces, desde el minuto cero, nos encontramos con que, si las personas dadas de alta precisaban dentro de nuestro servicio, algún recurso tangible, como por ejemplo «atención a domicilio», sabíamos que un porcentaje muy alto se vería privado del acceso por el hecho de gestionar la solicitud desde el hospital. A modo de ilustración, en 1987 en el hospital de Sant Andreu de Manresa, el 28% de las personas atendidas dentro del programa de la planificación del alta, necesitaban atención a domicilio, pero solo la recibieron en el momento del alta, el 5%.

Los circuitos de acceso a los recursos públicos, la mayoría custodiados por los servicios sociales, deben resultar, ante todo, benéficos, útiles para las personas que los requieren.

¿Por qué los trabajadores sociales sanitarios deben perder tiempo que, en realidad es de la persona atendida y del sistema sanitario, solicitando a los servicios sociales, la aprobación de acceso a un recurso necesario en tiempo real? ¿Por qué los trabajadores sociales sanitarios no pueden gestionar directamente este recurso que, administrativamente, podría depender de un organismo transversal?

Todo sistema de acceso a los recursos, la gestión de los aspectos psicosociales de las personas en lista de espera, debe ser parte activa de la intervención y, por tanto, contribuir a mejorar su bienestar. El acceso jamás debe generar o incrementar el malestar de estas personas necesitadas de apoyos. Cuando los criterios burocráticos se convierten en laberintos, las personas enfermas, sus familias, quedan atrapadas en las grietas existentes entre los diferentes programas, agravándose el hecho si éstos pertenecen a deferentes sistemas que deben coordinarse. Por tanto, desde aquí se propone pensar en un organismo de gestión transversal.

Si hace años consensuamos que, por la naturaleza de su intervención, y por formación, el trabajador social sanitario es el gestor del caso por excelencia, señalo que enfermería gestiona curas, no casos, aunque la confusión hoy sea mayor que nunca. Así, ello implica que ese recurso material debe estar a su alcance directo. Merece la pena preguntarse si sería más efectivo que los trabajadores sociales de los servicios sociales dejaran de ser intermediarios de los trabajadores sociales sanitarios para disponer de los recursos de apoyo requeridos para prestar sus servicios.

Cuando el acceso resulta difícil, se produce la privación de los recursos, justo cuando son más necesarios para evitar la desconfiguración vital de las personas enfermas, ello es cuando se manifiestan los problemas. Conviene señalar de nuevo que los servicios prestados desde el trabajo social sanitario no deben confundirse con los recursos que necesitamos de los servicios sociales. Estos recursos son precisamente parte del servicio y necesarios para el tratamiento psicosocial que hemos establecido y nos avala el diagnóstico social sanitario.

Lejos de caer en la retórica, el fin último de los profesionales de los servicios sociales, también de los servicios sanitarios, es contribuir a devolver, con sus intervenciones, la máxima autonomía y bienestar a las personas y ello requiere disponer de los medios en tiempo real.

El acceso a los servicios, sociales y sanitarios, las listas de espera, son el gran talón de Aquiles. Los errores en el diseño de algunos sistemas de organización, los errores en algunos circuitos de acceso a los servicios sociales por parte de las personas enfermas y atendidas en el sistema sanitario, se arrastran en el tiempo. Las mismas marmitas de ese tiempo, los presentan como poco resolutivos y va creciendo la conciencia profesional de sus claros inconvenientes. Esa primera decisión tomada a mediados de los ochenta del siglo pasado, hoy claramente errónea, también hoy se sigue resistiendo al cambio.

Mientras el sistema sanitario va ganando en efectividad, eficacia y eficiencia, (no se tomen estos conceptos como tópicos), el sistema de servicios sociales sigue presentando grandes dificultades para responder efectiva, eficaz y eficientemente a este reto, siendo las personas, sus familias, las primeras perjudicadas.

Por ello, quien presta el servicio ¿debe gestionar el recurso?

Rajadell, 30 de octubre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Enhorabuena a la primera promoción del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario: ¡Ahora sí! Allea jacta est

Es un sábado por la mañana, un sábado caluroso, un sábado dulce que bajo un palio azul brillante y denso, deja escapar los mejores augurios para el trabajo social sanitario. Para mí, no voy a esconderlo, es un sábado soñado en un escenario imaginado infinidad de veces y, tampoco lo voy a negar, infinidad de veces derrumbado, hasta que por fin, se ha materializado, se ha hecho realidad. ¡Ahora sí!

El pasado jueves 16 d julio a las 22:22, bajo una noche cargada de estrellas, anotaba la última nota. El master había llegado a su fin y así, mi sueño tantas veces derrumbado, tomaba cuerpo y se alzaba de la manera más hermosa, con un corpus teórico que se transformaba en práctico de la mano de los nuevos especialistas en trabajo social sanitario. Un corpus teórico que a partir de ahora, es esperable, se multiplicará exponencialmente encarnándose en los alumnos y alumnas de las sucesivas promociones del master.

Han pasado siete años, siete, un número regado de connotaciones, desde que este sueño imposible para unos, utópico para otros, a veces despedazado por seres que se nos colaban disfrazados de trabajadores sociales, empezaba a dejar de serlo.

Ha sido un camino largo, apasionante, también tortuoso (no es momento de extenderse en ello), pero sobretodo un camino al que le brotaban infinidad de retos. Un camino en el que los caminantes, caminaban de verdad. El pasado jueves ese sueño se tornó un recuerdo, algo hermoso que contar.

La primera promoción del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario se acaba de graduar. Dejo el texto aquí… seguiré mañana.

Es domingo, el primer domingo en tres años en que la sensación de agobio crónico ha desaparecido. Inevitablemente debo repetirme que ya está, que hemos llegado a puerto, que ahora las posibilidades están en nuestras manos que ya son multitud.

Acuden a mi mente estas últimas semanas de curso en que la agitación, la emoción, de los alumnos y consultores, ha sido un constante dejar correr los sentimientos y pensamientos que se apilaban caóticamente ante este momento culminante que se aproximaba con todo su esplendor. Lejos de la presuntuosidad, los que lo vivimos desde dentro, los que formamos la parte viva del escenario en cualquiera de los papeles existentes, sabemos que es un momento histórico para los trabajadores sociales sanitarios.

Las aulas virtuales, más vivas que nunca, se han llenado de manifestaciones de afecto, de reconocimiento, de optimismo y de la conciencia de que este título oficial, nos llena a todos de responsabilidades. Así, hemos conformado un rosario de reflexiones que nos llevan a sembrar deseos de crecimiento, anhelos de expansión, tanto para lo profesional, indudablemente, como para lo personal, recordemos que lo profesional se sostiene en lo personal y ambos contextualizan la profesión.

Gracias a los alumnos que confiaron en este programa innovador y único, ahora puedo decir arriesgado. Gracias a los consultores que con su saber y buen hacer le dieron forma y caudal. Gracias a la Universidad, la UOC, por haber escuchado un sueño y en vez de cerrarse en banda a lo nuevo, su equipo directivo, arriesgó pudiendo ver más allá de lo inmediato el trabajo social sanitario como una profesión de futuro. Gracias a quienes con su confianza han posibilitado ese nuevo universo profesional.

Y «Enhorabuena a la primera promoción del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario: Allea jacta est».

Barcelona, 19 de julio de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario: más próximo a poder reiniciar gestiones para el reconocimiento de profesión sanitaria

En julio se gradúa la primera promoción de Masters Universitarios en Trabajo Social Sanitario y este hecho, tangible, cambia el escenario en el que nos hemos estado moviendo hasta ahora. ¿Por qué? Porque satisfacemos uno de los requisitos que señala la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias, el más difícil, el que se presentaba como imposible, el contar con un Título Universitario Oficial dentro de Estudios de Ciencias de la Salud, hecho que es una realidad. Véase la Resolución de 2 de octubre de 2014, de la Secretaría General de Universidades, por la que se publica el Acuerdo del Consejo de Ministros de 26 de septiembre de 2014, por el que se establece el carácter oficial de determinados títulos de Máster y su inscripción en el Registro de Universidades, Centros y Títulos. Pág. 84669.

Recordemos la aplicación de este punto en base a la sentencia 077/2011 del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña cuando denegó que los trabajadores sociales sanitarios del ICS fueran reconocidos como profesionales sanitarios.

Señaló la juez en la sentencia refiriéndose a los trabajadores sociales sanitarios: «…tal personal se hallaba englobado dentro del personal sanitario como –asistentes sociales de atención primaria– […] Pero la regulación posterior no deja duda alguna de su consideración como personal no sanitario, pues tales asistentes sociales (ahora denominados trabajadores sociales) no se hallan dentro de las profesiones sanitarias de nivel de licenciado ni de nivel diplomado». Así era y sigue siendo, de momento no tenemos título reconocido en este plano.

Pero la sentencia seguía: «…sin que a ello pueda meramente oponerse la posibilidad de hacer uso del apartado tercero del artículo 2 de la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de reordenación de las Profesiones Sanitarias, pues ello requeriría que se dieran las circunstancias allí previstas, tanto por razón del contenido, de titulación y regulación, y previsión legal que aquí no concurren. En este sentido, y como ya destaca la Administración demandada, la propia Exposición de Motivos de la Ley anteriormente citada, ya subraya que –en esta Ley se reconocen como profesiones sanitarias aquellas que la normativa universitaria reconoce como titulaciones del ámbito de la salud, y que en el actualidad gozan de una organización colegial reconocida por los poderes públicos–». Como señalé en su momento aquí estaba la clave y sobre esta hipótesis empezamos a trabajar en el año 2008 proponiendo primero un Postgrado de Trabajo Social Sanitario, con la mirada siempre puesta en el horizonte del master Universitario de Trabajo Social Sanitario.

En julio cerca de 50 trabajadores sociales generalistas (graduados o diplomados) tendrán en su haber el primer Título Oficial que les acredita como Trabajadores sociales sanitarios, un título obtenido dentro del marco de los Estudios de Ciencias de la Salud, cuyo Plan de Estudios se acaba de publicar en BOE hoy mismo, véase la Resolución de 18 de marzo de 2015, de la Universidad Oberta de Catalunya, por la que se publica el plan de estudios de Máster en Trabajo Social Sanitario. 

Los profesores y consultores del Máster hemos buscado y creado los mejores materiales de estudio para ofrecer a los alumnos los recursos teóricos, intelectuales y académicos más actuales, hemos promovido debates en las aulas, como parte del Modelo UOC,  para que adquirieran habilidades comunicativas y hemos desarrollado sus competencias  en la asistencia, la prevención, la investigación y la docencia, también en la gestión clínica y la promoción de la salud y la educación sanitaria. Todo ello con el fin de que pudieran planificar y organizar servicios de trabajo social sanitario acorde con los requisitos legales y los valores corporativos del sistema sanitario.

Este hecho, un logro que parecía inalcanzable, nos permite, en un futuro próximo,  empezar a dar pasos sobre una base sólida, para retomar las gestiones y contactos con el fin de alcanzar el reconocimiento de profesionales sanitarios. El que viene ahora, no será un camino fácil, pero está iniciado por lo que es solo cuestión de tiempo. Tampoco ha sido fácil el recorrido hasta aquí y sin embargo, estamos a un par de meses de que vea la luz ante la primera promoción.

Desde estas páginas iremos compartiendo los pasos y los avances cuando los haya. De momento la graduación de la primera promoción es motivo de satisfacción y felicitación porque como sugieren algunos pensamientos de Mary E. Richmond, cuando se junta el deseo de algo con la fuerza del conocimiento, alcanzar el logro es una realidad.

Barcelona, 27 de mayo de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario apoyado en el conocimiento científico: de las reacciones a las decisiones estratégicas

¿Cómo llegamos a las conclusiones que llegamos? ¿Nos apoyamos en un ejercicio racional? ¿Buscamos (en literatura científica) experiencias similares en las que afirmarnos? O sin más, damos rienda suelta a aquello que nos parece lo mejor sin haber analizado detenidamente pros o contras. Una cosa es reaccionar a algo y acertar, y la otra es decidir en base a información veraz.

Uno de mis primeros aprendizajes cuando estudiaba la carrera fue que antes de empezar a elaborar un trabajo o ejercicio, debía buscar en literatura científica, leer lo que se había escrito, y tomarlo en consideración, siempre citando la fuente. Como consecuencia de ello aprendí lo importante que era publicar las experiencias cuando estas tenían algo nuevo que aportar o ayudaban a revalidar tesis anteriores, o ampliaban conocimientos, o abrían nuevos horizontes. Las publicaciones científicas, por su naturaleza, van ampliando las miras de los profesionales que se benefician de la experiencia de otros que antes pasaron por donde ellos se encuentran, investigaron y se decidieron a divulgar su experiencia. También apuntan a nuevas realidades y modelos.

Cuando nuestras acciones se basan únicamente en nuestras experiencias personales, no estamos actuando como profesionales, porque la profesión implica apoyarse en una disciplina y la disciplina supone el conocimiento de asignaturas que nos ayudan a conformar nuestro universo teórico que son los mimbres de la mejor práctica. Un profesional que no lee sobre lo que se publica con relación a su campo de trabajo viene a ser alguien disfrazado de profesional porque el profesional, el que lo es de verdad, se nutre de las experiencias y conocimientos de otros profesionales. Por supuesto reconoce a los otros autores y no juega al plagio.

Muchas de las actividades que acontecen detrás de un letrero donde pone «Servicio de Trabajo Social Sanitario» están muy lejos de cumplir con los requisitos que dicha denominación exige basados en la disciplina y su presencia en el sistema sanitario. Por ejemplo: tener definidos los procedimientos y los protocolos propios de trabajo social sanitario diferenciando claramente la fase de investigación o recogida de datos, la fase diagnóstica y la fase de intervención; disponer de un sistema de información actualizado y asumido por todos los profesionales de la zona o área;  saber definir los servicios que se prestan, enfatizando en la palabra servicio y no confundirlo con un listado de actividades; evaluar periódicamente la información que se va obteniendo y transformarla en propuestas viables y medibles; supervisar los actos profesionales; concienciar al resto de profesionales para que asuman el modelo biopsicosocial; liderar movimientos sociales en pro del bienestar, etcétera. Éstas son solo algunas de las responsabilidades que acarrea el ejercicio de trabajo social sanitario.

Es cierto que se ayuda a las personas, pero en el siglo XXI necesitamos otras fórmulas de atención de manera que ésta no quede únicamente en manos de la persona que debe pedir la ayuda. La prevención implica adelantarse. Sabemos que la percepción de necesidad varia de una persona a otra y a veces, cuando se percibe la necesidad puede ser tarde.

Dicho esto, si existe, al alcance de los profesionales, una dimensión capaz de germinar su propia transformación y desarrollo, es la del conocimiento científico. Es a través del conocimiento, generándolo, transmitiéndolo y aplicándolo que los profesionales ganan pericia y experiencia, y sus pasos se tornan los adecuados, beneficiando a las personas que atienden y por ende a la comunidad en la que habitan.

El profesional, por definición comente menos errores que cualquier persona actuando instintivamente. Lo siguiente es que ese conocimiento llegue a las personas. En el caso del trabajo social sanitario ese conocimiento se debe organizar d manera que a través de sus teorías se vayan diluyendo las realidades adversas.

Por primera vez en su historia el trabajo social sanitario cuanta con los resortes académicos y universitarios que desde Estudios de Ciencias de la Salud dan forma a una profesión cuyos profesionales llevaban años hambrientos de conocimiento y, a la vez, hastiados de retóricas obsoletas y vacías de contenido.

En este momento, con más de cien alumnos debatiendo, proponiendo, reflexionando, puedo decir que el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario, a fecha de hoy único en el mundo, está resultando un revulsivo a la atonía que nos ha estado acompañando en los noventa y principios del dos mil. El ejercicio de aprender a través de las lecturas, de la dialéctica, de la observación directa, de la investigación aporta esa gran diferencia entre el trabajador social graduado (generalista) y el trabajador social sanitario master (especialista). Estos últimos años el trabajo social sanitario, desde la universidad, se expande y crea una nueva dimensión empírica sobre la que desarrollarse y repensar las líneas estratégicas de los servicios de trabajo social sanitario del futuro.

Barcelona, 25 de noviembre de 2014 – Dolors Colom Masfret

Que seamos los únicos no nos convierte en líderes, ser los mejores sí

El «liderazgo», un concepto desgastado en lo discursivo e ideológico pero valorado y aclamado en la praxis es una de las actitudes que desarrollamos en los alumnos del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Entre los objetivos del equipo docente y técnico, está que los alumnos a los que formamos se conviertan en los mejores dentro de su ejercicio profesional y que la aplicación del conocimiento adquirido, contribuya a incrementar las cotas de bienestar y salud de la población. En paralelo, aspiramos a que esta competencia se les reconozca dentro el sistema sanitario. Otra meta, además, es que los alumnos del Master sientan la responsabilidad otorgada por su saber y que, consecuencia de ello, desarrollen los recursos propios (intelectuales, comunicativos, teóricos…) para ejercer este liderazgo en sus respectivos lugares de trabajo. ¡Fuera complejos!

El desarrollo de líderes en el siglo XXI requiere que éstos se apoyen en los medios adecuados para que su acción sea correcta y ética. Los tiempos que vienen no serán tiempos de discursos que están todos dados, no serán tiempos de promesas que están todas hechas, serán tiempos de acción, de movimiento constatable, pero no de cualquier acción ni de cualquier movimiento, solo valdrá el que corresponda, el adecuado, como la llave corresponde a la cerradura. Cada realidad requiere intervenciones concretas y los trabajadores sociales sanitarios de Master se están formando para diagnosticar cada una de estas realidades individuales y comunitarias. No nos importan los problemas, nos importan las personas que sufren los problemas, cómo los resuelven, lo señaló Helen Harris Perlman.

No se trata de juntar rotos con descosidos,  ni el hambre con las ganas de comer, se trata de que las personas sean parte activa, real, no a modo de lema, y sientan también su responsabilidad, en lo que respecta a su salud y la de su familia, se refiere.

Sin duda, si existe una profesión que desarrolla esta responsabilidad personal es el trabajo social sanitario.

Ello, no porque sí, sino porque detrás de los profesionales bulle una formación que integra, racionalmente, lo social con lo sanitario tanto en lo individual como en lo comunitario. Detrás de cada profesional se encuentra un conocimiento que le permite discernir circunstancias, más que adivinarlas, y actuar sobre ellas para transformarlas, más que maquillarlas o esconderlas debajo de la alfombra de la burocracia. Algunas profesiones, el trabajo social sanitario es una de ellas, se desparraman sobre el todo, no son una sola acción actuando sobre una sola circunstancia. Por su naturaleza, no pueden ser uno, igual que un bodegón no es el pan, o la manzana, o la fuente de uvas, o las ciruelas… el bodegón es todo el conjunto de los elementos que lo componen. La naturaleza del trabajo social sanitario lo lleva a penetrar en lo laboral, lo familiar, lo relacional, la salud por supuesto, lo económico, los temores, las fortalezas, los anhelos… etcétera.

La combinación que en su saber empiezan a atesorar los trabajadores sociales sanitarios formados en el Master, también en el Postgrado, les permite situarse en la vanguardia profesional, innovando y promoviendo a las personas respetando su propia idiosincrasia y evitar a la vez que las organizaciones pierdan el Norte.

El hecho de que no haya otra oferta formativa oficial y reconocida en Estudios de Ciencias de la salud, ni en España, ni en Europa, ni en el Mundo, podría envanecernos a los que zarpamos en este barco y hacernos caer en la pretensión de que el Master por su unicidad, es la cuna de los nuevos líderes del Trabajo Social Sanitario.  Ni mucho menos. Para ello no es necesario ser únicos, si no ser los mejores.

El sistema universal por antonomasia es el sanitario pues todo individuo cuenta con un equipo de atención primaria de referencia, un equipo formado por profesionales de la medicina, de la enfermería y del trabajo social sanitario. Cuando los equipos están incompletos, que los hay, es responsabilidad de los otros miembros velar para lograr su completitud. No vale jugar a la multifunción, ni al pluralismo, ni al «no importa quien lo haga», porque sí que importa. Cada profesional se ha formado para una profesión determinada y si bien debe tener conocimiento sobre las otras dimensiones de la persona (el médico, la enfermera, sobre lo social y el trabajador social sanitario sobre lo médico) no puede intervenir sobre ellas. No debe, porque entonces damos entrada a los charlatanes, o a los vendedores de pócimas.

Felicidades a las alumnas y alumnos del Master que con su esfuerzo han llegado al ecuador de esta formación, hace poco inimaginable, que a día de hoy, después de dos semestres puedo decir, en muy poco tiempo, cambiará el panorama nacional, europeo y mundial. Lo puedo decir porque su evolución como estudiantes es real. Con sus particularidades, ninguno de ellos y ellas, son los mismos que empezaron en octubre o marzo. No queremos que sean los únicos, queremos que sean los mejores para que lideren con inteligencia los nuevos y buenos tiempos que esperan a la profesión y con ello al bienestar y salud de las personas.

Barcelona, 23 de julio de 2014 – Dolors Colom Masfret

La desvinculación con la profesión: una amenaza para el ejercicio del trabajo social sanitario

La referencia al trabajo social sanitario obedece a que nos encontramos en el «Blog del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario» pero puede leerse también «enfermería», «medicina», «psicología», u otra profesión relacionada con la salud.

La desvinculación profesional de las fuentes filosóficas y morales, de la aplicación del conocimiento propio la disciplina de que se trate, pone en peligro su ejercicio y la deja reducida a una simple caricatura. Lo que llega a la ciudadanía entonces son trazos, bocetos asistenciales y mucha insatisfacción.

Mi hipótesis es que poco a poco, los profesionales del sistema sanitario se van desvinculando de la profesión que ejercen, la que escogieron. Es solo una hipótesis y como tal debe verificarse siguiendo el método científico.

Las hipótesis se conforman en la mente del investigador a partir de repeticiones que inopinadamente se van dando una tras otra, o una junto a otra, hasta que llaman su atención y empieza a prestarles escucha. Si las repeticiones siguen se plantea la hipótesis. Así, la señalada en al párrafo anterior surge de una de estas repeticiones, cuya frecuencia va en aumento en los últimos meses: muchas personas al explicar su experiencia con los profesionales que les han atendido en el sistema sanitario, trabajadores sociales sanitarios pero no solamente, también médicos y enfermeras, manifiestan con pesar que solo han encontrado excusas y a veces incluso «alta tecnología» pero, todo lo demás ha fallado.

Indirectamente y sin saberlo reclaman la terapéutica que se desprende de la relación humana entre el profesional y la persona enferma. Un profesional del trabajo social sanitario, con los valores y principios de su profesión interiorizados, con recursos o sin recursos, con medios o sin medios, nunca dejará en la persona esa sensación de orfandad asistencial, de no sentirse escuchada, que, cada vez más, revolotea sobre la cotidianidad de las visitas.

Las profesiones humanistas, como lo son las del sistema sanitario (medicina, enfermería, trabajo social sanitario, etcétera) parece que, de la mano de sus profesionales, están cediendo ante los bites y las pantallas. ¿Se olvidan de que la atención, la asistencia, manteniendo vivo lo humano, resulta por sí misma terapéutica?

Muchas personas relacionadas, directa o indirectamente, con la enfermedad expresan su desazón por la falta de atención: «Mientras le explico lo que me pasa… ni siquiera me mira a la cara, va escribiendo cosas en el ordenador» es una de las frases más comunes. O: «Me dicen que no pueden hacer nada que no depende de ellos, que es la crisis». O: «Todas las pruebas que me han hecho han caducado y aún no me han avisado para la intervención, así que cuando me llamen tendrán que repetirlas», etcétera.

Ningún trabajador social sanitario vinculado, verdaderamente, a su profesión renuncia a mirar a los ojos de su interlocutor, la persona enferma o su familiar, porque en esa mirada, en ese intercambio de mensajes que tienen lugar entre expresiones faciales, silencios y gestos, expresión de emociones, señales de dolor, también de alivio, se encuentra todo un mundo de información, toda ella básica para elaborar su diagnóstico social sanitario, la base de la intervención. Ningún trabajador social sanitario vinculado a su profesión acaba una entrevista diciendo que no puede hacer nada, porque precisamente, si alguien puede hacer algo, es él, o ella que siempre contará con la palabra y al escucha. Que no se nos olvide que el primer recurso es la persona y su familia, el segundo recurso es el profesional. Ningún trabajador social sanitario que se precie de profesional mata la esperanza, ni deja de lado los factores posibilitadores, por escasos que sean.

Más allá de los conocimientos profesionales, está la actitud profesional. Y conviene recordar que la actitud profesional, en la relación asistencial, se convierte en lo que puede viabilizar realmente la transformación de la persona, de su realidad y de su entorno. Es la actitud profesional la que anuda o desanuda a la persona que necesita ayuda a ese futuro deseable, ella sola o con ayuda. Es la actitud profesional la que puede generar la confianza de la persona afectada en el profesional, y es esa misma actitud del profesional la que la motiva a la persona a iniciar los primeros nuevos pasos porque se sabe acompañada.

Cuando los profesionales del trabajo social sanitario asumen su rol genuino y no el disfraz que lucen algunos, la actitud resulta una pieza terapéutica. Cuando se dejan llevar por otros asuntos coyunturales generan lo que hace años denominé la «polución social».

No nos desvinculemos de la profesión, de sus raíces, no pongamos en peligro la profesión.

Barcelona, 18 de junio de 2014 – Dolors Colom Masfret

El Master Universitario de Trabajo Social Sanitario late en la Jornada «Alumni Canarias» en pro de la donación de órganos

A Sandra Delgado, Salvador Domínguez, Juan Gutiérrez, Isaac Hernández, Auxiliadora Noda, Delia Pestana, Virginia Romero, Esther Ropón, Lucía Suárez y, por supuesto, a Josep A. Planell y Josep Mª Oliveres

Algo que llamó mi atención al finalizar la primera promoción del Postgrado de Trabajo Social Sanitario (2009-2010) fue la añoranza que mostraban las alumnas viendo próximo el final de curso. Ese final de curso significaba que todo un año de contacto con el conocimiento pero también lleno complicidades y vivencias personales de todo tipo quedaban atrapadas, como suele decirse coloquialmente «en las marmitas del tiempo». Fue tal la desazón que la proximidad del final del curso generó que solicité a la UOC, a los gestores del aula que crearan una aula que denominaríamos «aula de tés virtuales». Se trataba de un espacio en donde emulando las aulas de estudio nos encontraríamos para compartir eventos, inquietudes, enfados, alegrías y toda la cadena de realidades que sin duda el trabajo social sanitario está generando estos últimos años… en fin se trataba de dar una continuidad a los afectos personales que sin duda la formación había generado.

Empezó la segunda promoción y al llegar de nuevo el final del curso se creó la misma desazón entre las alumnas  pero el «aula de tés virtuales» estaba allí. Y cómo no, llegó la tercera promoción y la cuarta, sucediendo lo mismo. Y siempre el final de cada curso venía regado por esa sensación de que se acababa un tiempo vivido con toda la intensidad, virtuosismo y nobleza cerca e inmersos en el conocimiento.

Deduzco que es en este sentimiento de haber estado, de haber vivido y haberse sentido parte activa de los cursos y del aula que se apoya «Alummi» de la UOC.

El pasado sábado del 10 de mayo, en el antiguo convento de Santo Domingo de la Laguna, una regia edificación en piedra del siglo XVI, tuvo lugar un nuevo encuentro de Alumni de Canarias. Agradezco su invitación a hablarles del «Master Universitario de Trabajo Social sanitario» de momento el único no solo en España, en el Mundo. Una unicidad que como les señalé a los asistentes,  imprime en todos quienes de una u otra manera estamos vinculados a él, una responsabilidad en la generación de conocimiento pero sobre todo en su aplicación. Si hablamos de trabajo social sanitario el ejercicio debe ir acorde a lo que disciplina implica y no a otra cosa parecida. Ya saben el refrán: «si alguien corre como un pato, grazna como un pato y vuela como un pato… es que es un pato. Pero si alguien corre como un pato, grazna como una cigüeña y vuela como un pájaro carpintero… pues… caemos sumidos en la confusión».

No puedo dejar pasar una línea más sin expresar ese suave placer que mariposea en la boca del estómago y casi gatea hacia la garganta, cuando el docente se encuentra con el dicente que ha aprendido y asumido, como si de una carrera de relevos se tratara, la responsabilidad que implica haber estudiado y ser por ello el depositario de determinados conocimientos.

Dice otro refrán que «el movimiento se demuestra andando». Podemos añadir que el movimiento psíquico se demuestra cambiando, actuando, haciendo. La acción siempre cabalga sobre la flecha del tiempo, no se puede retroceder, ni siquiera detener. Cuando la acción se desata, ocurre, por ejemplo, que una mañana brillante sábado de mayo un equipo de personas, Alumni de la Islas Canarias de la UOC, logran reunir a muchas personas alrededor de un mismo asunto: «La donación y el trasplante de órganos».

Se suceden las exposiciones en ese espacio ancestral lleno de memoria. Y al final de la mañana después de las diferentes exposiciones retóricas y teóricas todos enmudecemos. Se nos anuda la garganta cuando cinco personas nos cuentan su experiencia, su espera, su nueva vida, su existir en sí mismos y con los seres queridos, su otra vida. Todo lo dicho, se encarna en estos testimonios que no necesitaron ni demasiado tiempo ni demasiadas palabras para dejarnos sin habla, para ponernos delante de la vida, la que sucede y, hacernos amar más nuestra profesión, el trabajo social sanitario, porque sin duda, éste se da allí donde las cosas ocurren o se hace que ocurran.

Y el colofón a esta mañana preñada de acontecimientos, devolviéndonos la esperanza y el latir de la vida hecha acción, la vida hecha generosidad entre personas, lo columbraron, Esther Ropón al piano y Javier Rodríguez en percusión.

En esta jornada, Alumni de Canarias, el rumor se convirtió en voz, la brisa se transformó en acción, todo ello en ese paraíso natural que es Tenerife.

Barcelona, 6 de junio de 2014 – Dolors Colom Masfret

¿Por qué el Servicio de Trabajo Social Sanitario debe depender de la Gerencia?

Quien piense que la pregunta es tendenciosa está en lo cierto. A estas alturas del partido sabemos cuál es el lugar idóneo, en el organigrama, del Servicio de Trabajo Social Sanitario. A estas alturas del partido, no vamos a preguntarnos de quién debe depender el Servicio de Trabajo Social Sanitario, porque ya lo sabemos: de la gerencia.

Determinadas cuestiones y ésta es una de ellas, están intelectualmente superadas.

Sí, sí, ya sé que en la realidad actual, solo algunos Servicios de Trabajo Social Sanitario dependen de la gerencia y que son muchos los que dependen de otras divisiones o áreas del hospital o centro de salud. Ello, pone de relieve lo poco que se ha pensado en la cosa.

Veámoslo al revés. ¿Alguien se imagina un organigrama sanitario en el que la División Médica dependiera del Servicio de Trabajo Social Sanitario? La respuesta es altamente probable que sea «No». Es una obviedad la inadecuación de la decisión. Primero por la naturaleza del acto médico, segundo por el amplio espectro de las necesidades de sus profesionales y tercero porque un trabajador social sanitario, como tal, carece de la formación y el conocimiento suficiente para asumir dicha responsabilidad.

En la misma línea ¿alguien se imagina en el mismo organigrama que la División de Enfermería dependiera del Servicio de Trabajo Social Sanitario? La respuesta sigue siendo «No» y las razones sin ser exactamente las mismas, serían muy parecidas.

Entonces ¿qué le hace pensar a una dirección médica, o a una dirección de enfermería que están suficientemente formadas y preparadas para que el Servicio de Trabajo Social Sanitario se inscriba en su división?

La inadecuación de la decisión, en este caso, también es una obviedad. Y nos sirven los mismos argumentos. Primero por la naturaleza del acto de trabajo social sanitario, segundo por el amplio espectro de las necesidades de sus profesionales y tercero porque una dirección médica o de enfermería, sabrá mucho de medicina o de enfermería, pero carece de la formación y el conocimiento suficiente para asumir dicha responsabilidad con relación al servicio de trabajo social sanitario.

¿En qué está pensando la gerencia cuando decide que el Servicio de Trabajo Social Sanitario dependa del área de enfermería o del área médica? Y lo que es peor ¿en qué está pensando la dirección médica, o de enfermería cuando acepta semejante responsabilidad? Quizás caen en el prejuicio de que el Servicio de Trabajo Social Sanitario tramita recursos, gestiona alguna que otra documentación, pero ello denota un gran desconocimiento del rol de dicho servicio. Es harto obvio que para tramitar recursos o para gestionar alguna que otra documentación no se requiere estudiar cuatro años de Grado y desde octubre de 2013, dos años más de Master.

¿Alguien puede pensar que una profesión que cuenta con seis años de formación universitaria se acaba con una tramitación de recursos o gestión de documentación?

Es una obviedad que la información obtenida por el Servicio de Trabajo Social Sanitario cuando está organizado como servicio, ello es que interviene por procedimientos, a modo de ejemplo, uno de los más comunes es el del «Programa de la planificación del alta», resulta en un gran valor añadido a la gestión de la gerencia siendo un excelente apoyo para la innovación y liderazgo de nuevos programas de atención intermedia entre la hospitalización y el domicilio.

La gerencia y el servicio de trabajo social sanitario deben mantener asiduamente despachos conjuntos, sin intermediarios que por deformación profesional no harán más que sesgar la interpretación de la información.

La visión de la Gerencia comprehende todo el corolario de elementos, clínicos, financieros, demográficos, epidemiológicos, optimizadores del recurso sanitario, apoyos comunitarios, etcétera que centran e influyen en la gestión sanitaria, corolario de elementos que están en el Servicio de Trabajo Social Sanitario y si por lo que sea, no están, es relativamente sencillo que estén.

Barcelona, 27 de febrero de 2014 – Dolors Colom Masfret