El placer de leer a las pioneras del trabajo social sanitario

Hace más de un siglo, profesionales de consultorios y hospitales verificaron que la vivencia de la enfermedad, el entorno de la persona enferma, su capacidad económica, influían en el incumplimiento (o cumplimiento) terapéutico. Profesionales que en su día a día veían cómo algunas personas carecían de posibilidades y recursos propios para seguir con las indicaciones que ellos les daban para mejorar su salud y alcanzar un mejor bienestar. Fueron médicos como William Osler, Charles P. Emerson y Richard C. Cabot, en especial este último, quienes llevaron al terreno de la medicina moderna el estudio de los aspectos psicosociales de la enfermedad como hoy la conocemos.

Desde 1905 con la creación de la primera plaza de trabajo social hospitalario, la profesión empieza a desarrollarse como lo hacían las profesiones con las cuales convivía, siguiendo el método científico en la validación de los métodos aplicados. Con sus conocimientos, investigaciones, observaciones, sembraron el camino del que hoy nos nutrimos como herederos de sus enseñanzas. Nos dejaron sus teorías, métodos, modelos y a día de hoy siguen siendo esenciales. Nos enseñaron a comprender el trabajo social sanitario y nos enseñaron a diferenciarlo de otras expresiones de ayuda. La profesión nació y se instauró para estudiar las realidades psicosociales de personas enfermas, de sus familias, para diagnosticarlas y para intervenir. Las pioneras detallaron sus pasos y nos dejaron metodologías de trabajo refinadas para el abordaje de las densidades humanas.

Sus textos están ahí. En cada lectura es inevitable sentir que se toca la esencia del trabajo social sanitario, uniéndose a ello un sentimiento de pertenencia a una profesión que desde sus inicios ha marcado diferencias con otras en las que las personas, los protagonistas, asumen un papel más pasivo.

La experiencia de los últimos años, primero en el postgrado y ahora con el máster de trabajo social sanitario muestra el entusiasmo que genera en la mayoría de estudiantes ese vínculo con lo que es su historia, el encuentro con textos escritos por los médicos que pensaron el trabajo social sanitario y por las primeras trabajadoras sociales hospitalarias.

El dicho «la historia se repite» a cierta edad deja de ser dicho y se convierte en hecho. Cada equis tiempo «la historia se repite» y es entonces cuando el conocimiento de lo ocurrido aquellos primeros años, el sumergirse en las razones y causas que gestaron, por aquel entonces, esta nueva profesión, permite reconocer con gran rapidez escenas que se superaron y también identificar el cómo se superaron. Este conocimiento de la  historia de la profesión permite acceder a sus réplicas y defensa de los derechos de las personas vulnerables y frágiles.

La mayoría de las veces es un placer leer, o releer, argumentos que años atrás desovillaron estrategias para enfrentarse a grandes problemas sociales relacionados con la enfermedad y su vivencia. La argumentación asumida como el ejercicio de razonar sobre una idea, apoyar un proyecto, desarrollar una propuesta, promover una intervención, etcétera, debe ganar actores y desde la universidad tenemos la responsabilidad de motivar a los alumnos para adentrarse en las lecturas de los textos de las pioneras, auténticos andamios con los que se construye el presente. Esta vinculación con la historia de su profesión fortalece sus recursos personales para, ante adversidades organizativas, seguir actuando como trabajadores sociales sanitarios.

Puede que llegue un día en el que las instituciones sanitarias estén tan revueltas y deshilachadas que obligue a los trabajadores sociales sanitarios, ellos y ellas, a retroceder a escenarios que creíamos superados y resueltos.

Barcelona, 31 de enero de 2017 – Dolors Colom Masfret

El Trabajo Social Sanitario en el BOE y algo más

Estos últimos meses he comprobado de nuevo que las administraciones de algunas Comunidades Autónomas siguen instaladas en el discurso obsoleto de que el Trabajo Social Sanitario como tal no existe. Si bien hace unos años no había más que asumir la realidad ahora ésta ha cambiado y es un placer cuando puedo aclarar que ello no es así y para no quedar en la retórica les facilito dos BOE en donde el Trabajo Social Sanitario aparece con todas sus letras.

Resolución de 2 de octubre de 2014, de la Secretaría General de Universidades, por la que se publica el Acuerdo del Consejo de Ministros de 26 de septiembre de 2014, por el que se establece el carácter oficial de determinados títulos de Grado y su inscripción en el Registro de Universidades, Centros y Títulos.

Resolución de 18 de marzo de 2015, de la Universidad Oberta de Catalunya, por la que se publica el plan de estudios de Máster en Trabajo Social Sanitario.

La importancia de que en el BOE se reconozca y cite el Trabajo Social Sanitario supone grandes ventajas para el desarrollo e implementación de la profesión en el sistema sanitario si bien ello siempre dependerá de los propios profesionales, ellos y ellas,  y su ejercicio.

Nunca antes de 2014, el Trabajo Social Sanitario se había citado en el BOE como disciplina con contenidos académicos propios y especializados, como título oficial. Se puede colegir, entonces, que lo que no aparece en el BOE, aun existiendo, está en el aire, carece de forma jurídica, siendo difícilmente defendible por más manifiestos y declaraciones de intenciones que se reúnan.

A modo de ejemplo para ilustrar dicha afirmación hace unos años el Tribunal Superior de Justicia de Galicia dictó la Sentencia num. 28/2007 de 24 enero. Aprovecho para agradecer al profesor Josep Corbella su amabilidad y generosidad al facilitarme el texto completo de dicha sentencia publicada y obtenida del fondo documental de Aranzadi Fusión.

En su momento el Colegio Oficial de Trabajo Social de Galicia interpuso una demanda por el «acuerdo de la Junta de Gobierno Local del Concello de Ponteareas en sesión de 4 de abril de 2005 por el que se aprobaban las Bases para la cobertura con carácter interino de plazas reservadas para la contratación temporal de personal laboral de dicho Concello».

Como las cosas no son lo que empiezan siendo, sino lo que acaban siendo, señalaré aquellas partes de la sentencia que aunque inquietantes reflejan la realidad de aquel momento y deben motivarnos a desarrollar un pensamiento más pragmático y estratégico, un pensamiento crítico con quienes se columpian en la falacia, definida en la RAE como «Engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien». Después de las palabras y grandes declaraciones casi siempre se requiere de la acción que lleva a un resultado. Cuando se pasan años y años repitiendo lo mismo sin lograr ningún movimiento efectivo, ningún cambio, dicen los analistas que no se busca ningún movimiento real y no se quiere cambiar nada. Regla número uno del Trabajo Social y por supuesto del Trabajo Social Sanitario: La verdadera voluntad de cambio.

Pasemos a la sentencia. Escribe el juez en el punto segundo de los Fundamentos Jurídicos:

«La sentencia apelada desestima el recurso contencioso administrativo promovido al entender que el acuerdo recurrido no evidencia arbitrariedad de ningún tipo, que responde a las facultades de autoorganización que a la Administración corresponden y que nada impide a los Diplomados en Educación Social poder acceder al Grupo II, Categoría Asistente Social, en igualdad de condiciones con los Diplomados en Trabajo Social».

Sigue en el punto Tercero.

«Con acertado criterio, el Juez de instancia establece, en la sentencia recurrida, una consolidada doctrina jurisprudencial diferenciando los conceptos de discrecionalidad y arbitrariedad, para concluir, en el supuesto enjuiciado, con la total exclusión de esta última.

Centra dicho Juzgador el debate, como no podía ser de otro modo, sobre la potestad de autoorganización que a la Administración compete. Y en este punto sostiene que la concreción de las titulaciones exigibles para el acceso a determinados puestos de trabajo, al margen de su carácter laboral o funcionarial, ha de responder al denominado perfil de la plaza, pues lo contrario sí implicaría la arbitrariedad aludida.

La normativa reguladora, contenida en el artículo 12 del Anexo del Real Decreto 1420/1991, en relación a la Diplomatura en Educación Social, indica que tales enseñanzas deberán orientarse a la formación de un educador en los campos de la educación no formal (incluidos los de la tercera edad), inserción social de personas desadaptadas y minusválidos, así como en la acción socioeducativa. A simple vista se puede colegir que tales funciones son coincidentes con las de un Asistente social. Por su parte el Real Decreto 1431/1990, en referencia a la Diplomatura en Trabajo Social se muestra más escueto al limitarse a establecer, sin definir las funciones, que tales enseñanzas deben encaminarse a proporcionar una formación adecuada en las bases teóricas y en las técnicas del trabajador social. Idéntico silencio mantiene el Decreto 54/2005 de la Xunta de Galicia que aprueba los estatutos del Colegio profesional recurrente».

La ambigüedad y la falta de precisión son malas compañeras de viaje cuando se pretende una presencia clara y concisa en las organizaciones. Y si no queríamos caldo, pues dos tazas. Sigue la misma Sentencia:

«La alusión al Código Deontológico de la profesión del Trabajo Social, aprobado por la Asamblea General de Diplomados en Trabajo Social, si bien refiere ya unas funciones propias de estos profesionales, carece, como es obvio, del necesario valor normativo fuera del ámbito puramente interno del propio Colegio profesional.

En consecuencia, no concurriendo razón alguna que aconseje excluir del acceso a los puestos de trabajo convocados a los Diplomados en Educación Social, procede, con confirmación de la resolución impugnada, la desestimación del recurso de apelación promovido».

Las cosas hoy seguramente son distintas. El ejemplo busca ilustrar la desembocadura de determinados caminos que no llevan a Roma sino al desastre. Sobra señalarlo pero para evitar caer en el plagio, definido en la RAE como «Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias» los textos reproducidos se han transcrito entre comillas, cursiva y se cita la fuente.

Otro año que se acaba, aunque sea caer en el tópico, les deseo un Próspero año 2017.

Barcelona, 31 de diciembre de 2016 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios, las personas atendidas y sus expectativas

Las personas enfermas a las cuales atendemos ¿qué esperan de nuestra intervención? ¿Cómo la imaginan? ¿Cómo deletrean su futuro?

En el trabajo social sanitario, un elemento clave en la relación asistencial, muchas veces desdibujado, por las prisas, por la presión asistencial, porque se confunde al trabajador social sanitario con un tramitador de recursos, es el relativo a las expectativas de las personas atendidas, de sus familias y allegados, sea cual sea el vínculo de estos últimos.

Una expectativa es aquello que se espera, es una esperanza en algo deseable. En el campo sanitario, sin embargo, una expectativa también puede ser un temor, expresado o callado pero que el trabajador social sanitario, él o ella, debe conocer. Sucede a menudo que de la misma manera que las expectativas deseables no se alcanzan, los temores tampoco se cumplen.

Siempre situados en el campo del trabajo social sanitario, cuando a una persona enferma se le pregunta: «¿Qué cree que puedo hacer por usted?», «¿En qué cree que la puedo ayudar?», «¿Cómo le gustaría que se resolviera esta situación que plantea?», «¿Confía en que resolveremos estas dificultades?», etcétera, estamos desbrozando el camino de sus expectativas. Lo mismo ocurre cuando se lo preguntamos a la familia pensando siempre en sus deferentes miembros porque cada uno de ellos establece un vínculo determinado con la persona enferma.

Para la gestión del caso, modelo que en el trabajo social sanitario se remonta a más de cien años de historia, es necesario disponer de esta información acerca de las expectativas, una información generada progresivamente a lo largo de las diferentes entrevistas. Es un error pensar en que esta información se logra de una sola vez y con una única pregunta, o unas pocas. Al contrario ello suele llevar varias entrevistas distribuidas en las diferentes fases de los procedimientos o protocolos aplicados en cada Unidad de Trabajo Social Sanitario. Pero incluso en  dónde los procedimientos y los protocolos están por definir, el acceder a esta dimensión de las expectativas, es lo mismo porque forma parte del centro de gravedad de la profesión.

Cuando hablamos de trabajo de caso, de casework, dicho sea de paso, la antesala para la gestión del caso, estamos siempre considerando además de la persona, su entorno y su medio ambiente, los recursos y programas de apoyo formal para complementar el apoyo informal. Para ello es preciso un plan de intervención que se despliega en su totalidad una vez emitido el diagnóstico social sanitario.

Las expectativas marcan futuras actitudes. Se sabe que más allá de toda intervención y plan terapéutico, lo preste quién lo preste, la persona tiene la última palabra. Una última palabra en el sentido literal de la idea porque es en la casa donde se ponen de manifiesto las actitudes participativas o reacias a seguir las recomendaciones profesionales.

Y volviendo al principio, conocer las expectativas de las personas a las que atendemos, nos permitirá, como trabajadores sociales sanitarios, conocer la actitud con la que éstas se enfrentarán a sus dificultades, con qué actitud lo hará la familia. Debemos recordar siempre que nuestro ejercicio profesional se apoya en la experiencia y vivencia de las personas, en sus percepciones que muchas veces se deben modificar. La dimensión de las expectativas debe volver a formar parte de la información incluida en la historia de trabajo social sanitario.

En paralelo, de cada caso gestionado se debe conocer o saber identificar las expectativas, con relación al desarrollo del caso, de los otros profesionales con los cuales se trabaja en equipo para evitar que depositen en el trabajador social sanitario soluciones que fehacientemente se encuentran fuera de sus competencias y posibilidades. De la misma manera que el personal médico y de enfermería no es responsable de los medicamentos que se encuentran o faltan en la farmacia, el personal del trabajo social sanitario no es responsable directo de los recursos o programas que se encuentran o faltan en los servicios sociales.

Otro asunto es que tanto el personal médico, de enfermería, de trabajo social sanitario denuncie estas ausencias o faltas que perjudican la buena evolución de la persona.

 

Barcelona, 29 de enero de 2016 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario, los políticos de los nuevos partidos y de los no tan nuevos

Las alianzas de colaboración entre profesionales, trabajadores sociales sanitarios, y políticos del área de salud, son indiscutibles. Otro asunto es que en la práctica sean mínimas, pero el potencial está ahí. Unos necesitan de los otros y los otros necesitan de los unos. Los trabajadores sociales sanitarios necesitan de los políticos para desarrollar programas y servicios adecuados a las nuevas necesidades que se van detectando, y los políticos necesitan de los trabajadores sociales sanitarios para acertar en la puesta en marcha de nuevas líneas de políticas sociales y de salud adecuadas a los tiempos que se van desplegando en el día a día.

Los primeros, los profesionales, permanecen en el tiempo porque su camino es, precisamente, profesional, vocacional, investigan realidades, generan conocimiento, ponen de relieve evidencias para evitar el malestar y promover el bienestar, forman a nuevos profesionales para seguir indagando y desarrollando las diferentes teorías. Los segundos, los políticos, quedan sujetos a variables más inciertas, pero que no dependen totalmente de ellos, la más clara es el voto ciudadano, la confianza de los otros miembros del partido  y, por tanto, por largo que sea su tiempo, su paso por la política, caduca. Sus obras, sin embargo, sus aportaciones, lo que su paso por la política significó para la sociedad, para bien o para mal, quedan ahí.

Tanto para bien, como para mal, los trabajadores sociales sanitarios pueden aportar mucho, promoviendo y motivando acciones que resulten más benéficas que dañinas, alertando de los problemas que pueden suponer determinadas decisiones tomadas al albur del instinto.

En este mismo blog, en otras ocasiones se ha señalado la necesidad de establecer alianzas con los políticos responsables del área de bienestar y salud. Determinadas decisiones pueden suponer grandes alteraciones del bienestar a la vez que incrementar indirectamente los costes asistenciales. Cada uno, individualmente, tenemos una responsabilidad ética en no malversar los recursos materiales, humanos y económicos que el sistema público pone a nuestro alcance para intervenir y ayudar a las personas enfermas y sus familias.

Por ejemplo, para pasar al terreno de lo práctico, cuando el diagnóstico social sanitario de una persona dada de alta de un hospital de agudos revela entre otras circunstancias adversas, un alto riesgo de incumplimiento terapéutico, en paralelo, el mismo diagnóstico señala la falta de apoyos informales para velar por la correcta toma de medicación, en muchos casos ello significará la prestación de un «servicio de apoyo psicosocial para concienciar a la persona de la necesidad de seguir las pautas de tratamiento» y para completar este servicio que presta el trabajador social sanitario, seguramente, éste precisará el apoyo de un «recurso de atención a domicilio» que in situ, por unos días, asegure la correcta toma de medicación y realice una educación a la persona. La carencia de este recurso ¿Qué supone? La imposibilidad de acceder a él desde el mismo momento en que la persona regresa a su casa, significa que el «incumplimiento terapéutico» será un hecho, y se sabe a priori. Significa que la persona se desestabilizará de nuevo y, probablemente, deba reingresar por urgencias, a veces, en condiciones deplorables, y se sabe a priori. Como puede verse, se trata de una realidad adversa que deriva de la falta de acceso a un recurso, pero además, conlleva un sobrecoste añadido innecesario pues no sirve para mejorar la asistencia si no para paliar un déficit de asistencia. Una realidad previsible e indicada en el diagnóstico social sanitario pero sobre la cual no se puede intervenir desde lo social. Si ello se repite debe ponerse en conocimiento de la dirección pero también del político responsable.

Los políticos, ellos y ellas, deben promover el bien común, pero esto no sucede de manera espontánea o azarosa, ello se garantiza mediante la información necesaria para evaluar el contexto sobre el cual se pretende actuar para paliar los déficits.

Como ciudadano, cada profesional atesorará sus propias ideas políticas, pero como profesional éstas pasan a diluirse porque las decisiones se basan en evidencias y deben probarse como las más benéficas de todo el set de posibilidades al alcance.

Uno de los primeros paradigmas que se asumen en casi todas las áreas de lo psicosocial y lo cultural, es el de la dinámica del vivir: dinámica social, dinámica familiar, dinámica laboral, dinámica económica, dinámica emocional, etcétera. El ser vivo, por el mero hecho de vivir, está sujeto a la dinámica y al cambio. El existir es dinámico y como tal, los profesionales dedicados al trabajo social sanitario en particular, también deben reorganizarse, replantearse nuevas fórmulas, en definitiva a repensarse sin que ello signifique falsificarse como trabajadores sociales sanitarios.

Al hablar de una disciplina, de una profesión, es preciso apoyarse en instrumentos que identifiquen los valores y pesos específicos de los efectos de dicha dinámica para que con el tiempo se esté en disposición de dibujarla y, en gran medida, preverla cuando se vea displicente, negativa, insana poniendo en riesgo la salud de las personas y, potenciarla, cuando, por el contrario, mejore el bienestar y la salud.

La alianza entre trabajadores sociales sanitarios y los políticos es una responsabilidad de todos porque ambos se necesitan y se complementan. Los políticos, ellos y ellas, que reducen la intervención desde el trabajo social sanitario a trámites, contribuyen directamente al colapso del Estado del bienestar y si su solución es alimentar los recortes, deben saber que ha sido su acción política la que los ha propiciado. Pero los trabajadores sociales sanitarios que reducen su intervención a estos trámites, también son cómplices del colapso.

Barcelona, 30 de noviembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios grandes optimizadores de recursos humanos, técnicos, institucionales y comunitarios

El orden de los factores citados en el título es irrelevante pero todos ellos son componentes de la sostenibilidad del Estado del bienestar cuya continuidad está en serio riesgo de romperse. Los logros alcanzados hasta el inicio de la actual crisis, año 2008, año tras año, van menguando. Ocurre poco a poco, casi imperceptible para el gran público, muy notorio para las personas clientes de los servicios profesionales sanitarios y sociales. Si bien leyendo textos profesionales de hace años, esta afirmación ya era una constante, hoy no debe tomarse como una repetición más. No es retórica literaria, ni una banal siembra de inquietudes, es un hecho empírico abalado por el adelgazamiento de los programas y servicios de apoyo, siendo las crecientes listas de espera, las crecientes dificultades para acceder a los recursos existentes un buen argumento para aceptar la credibilidad y gravedad del asunto. Cierto es que todo ello, muchas veces, va acompañado de un mal uso de dichos programas y servicios. Un mal uso porque algunos profesionales del sistema sanitario los proponen como finalistas y no como mediadores entre una situación con dificultades y la situación anhelada en la que éstas, con ayudas y apoyos, se superan.

Los trabajadores sociales sanitarios, sin embargo, tenemos en nuestra mano cambiar dicha derivada, asumiendo el rol original de agentes de cambio y promotores de recursos, pero también el rol de optimizadores dichos recursos, humanos, técnicos, familiares y institucionales y comunitarios. Esta responsabilidad nuestra es ineludible. Los trabajadores sociales sanitarios son transmisores de valores sobre el uso del Estado del bienestar a la sociedad en general y a las personas atendidas en particular. Ahora el Estado del bienestar está realmente en riesgo siendo su financiación el principal hándicap.

Por ello la concienciación sobre el uso adecuado de los recursos debe ser parte de las intervenciones psicosociales para transmitir a la persona y su familia la tranquilidad de saber que la ayuda está ahí disponible mientras la necesite pero, a la vez, asumir que cuando dicha necesidad desaparezca, se prescindirá de ella.

Lejos del corporativismo y sí por la convicción sostenida por resultados de experiencias sobre el terreno, sostengo la hipótesis de que si existe una profesión con profesionales capaces de optimizar el Estado del bienestar, de administrarlo y de implicar a las personas en dicha administración y su buen uso, ésta es el trabajo social sanitario. Claro está, entendido éste, como el conjunto de intervenciones tangibles e intangibles, apoyadas siempre en un diagnóstico social sanitario, o un pre diagnóstico, e implicando, en la recuperación y la reinserción, a las personas afectadas, la cuales comparten los objetivos terapéuticos de reinserción. Y claro, implicando a sus familias, ello si el diagnóstico social sanitario no indica lo contrario. Sabemos que la familia no siempre es una ayuda ni una solución a los problemas, por lo tanto, debe estudiarse y valorar los efectos positivos o negativos.

Por principio, ninguna persona puede ser apartada de participar en su propio cuidado (aunque su colaboración sea mínima y esta participación implique más tiempo para el profesional). Sea por pasividad o por desinterés, por decepción o melancolía, nadie puede ser apartado de participar en las acciones programadas para su propia mejora, o desarrollo personal, se añade, siempre y cuando sus capacidades se lo permitan. Ninguna persona invadida por la pasividad ante sus circunstancias, debe quedar reducida a ejecutar sin más, las indicaciones que se le puedan facilitar.

La continuidad del Estado del bienestar se encuentra pues en manos de todos, tanto de las personas beneficiarias en algún momento de su vida como de los profesionales, principales prescriptores de servicios y ayudas para recuperar y reinsertar a quienes se encuentran con dificultades. Y de los políticos pero en este caso los profesionales deben comunicar sus propuestas y recomendaciones técnicas.

Parte de la continuidad del Estado del bienestar, se basa en una actitud profesional activa. Aunque la ayuda se prevea será para siempre, en muchos casos se combinan fatalmente la enfermedad crónica con la cronicidad de las dificultades sociales, dificultando ello la reinserción, el objetivo de los profesionales siempre debe ser rehabilitar a la persona y su entorno si lo tuviera. La optimización del Estado del bienestar pasa por lograr la independencia del máximo número de personas beneficiarias de las ayudas y servicios manteniendo las mismas inversiones o incrementándolas racionalmente y no política o emocionalmente.

La simplificación de los procesos y la evitación de duplicidades, todavía no se han tratado en serio. Se trata de mantener una actitud proactiva con respecto a los medios utilizados en las intervenciones profesionales y en vez de centrarse en lo mucho hecho, pasar a preguntarse ¿para qué ha servido ese «mucho hecho»?

¿Qué mejoras (tangibles y medibles) aporta la intervención de los trabajadores sociales sanitarios a la vida de las personas atendidas y a sus familias? De ahí a demostrar la relación positiva entre mejorar la calidad de vida de las personas y la optimización del Estado del bienestar hay un paso.

Barcelona, 29 de setiembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Políticos responsables de sanidad y Trabajadores sociales sanitarios: un tándem posibilitador para la salud

Dado que nos encontramos en el entorno del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario, en este blog mostramos a los profesionales aspectos relacionados con el desarrollo de la profesión. El texto que sigue invita a recuperar roles vinculados, por una parte, a la mejora y desarrollo de las políticas sanitarias y por la otra, a la promoción inteligente de programas y recursos para la reinserción y rehabilitación de las personas con problemas de salud. La promoción inteligente de los recursos se encuentra en el opuesto de la promoción partidista o subjetiva en la que suelen caer algunos políticos en época electoral, para muestra de ello infinidad de botones estos días. La promoción inteligente de programas y recursos es un acto racional, ético, y no una reacción emocional para tocar fibras y arrancar este voto preñado de falsas esperanzas. La promoción inteligente de programas y recursos siempre los hará sostenibles y la relación, inversión – beneficios sociales, será una realidad tangible para la ciudadanía y también para las arcas del Estado.

Los políticos y los trabajadores sociales sanitarios, deben trabajar juntos porque las personas a las que sirven y atienden son las mismas. Dicho esto, el asesoramiento a los políticos responsables de la sanidad, tanto en el plano estatal como autonómico y local se convierte en una cooperación fructífera y necesaria. Cuando cito a responsables políticos me refiero tanto a los que ostentan responsabilidades sanitarias de gobierno, como en la oposición, desde donde, también, se construye el bienestar social. Igualmente me refiero a los titulares de sanidad de los partidos quienes tienen en su haber la posibilidad de análisis, reflexión e influencia.

Como trabajadores sociales sanitarios no hacemos política, pero sí que debemos colaborar con los políticos porque son ellos los que tienen en su mano el desarrollo del sistema sanitario para el beneficio social. Paradójicamente, los políticos suelen carecer de la información psicosocial y de la formación necesaria para su interpretación, hablando siempre desde el ángulo del trabajo social sanitario. Son ellos los que tienen en su mano la materialización de nuestras propuestas, estas que basamos en las investigaciones y las evaluaciones periódicas para saber cómo nuestro ejercicio profesional genera bienestar y salud. La promoción de la salud pasa, entre otras estrategias, por motivar a las personas para que se cuiden, para que asuman hábitos saludables, para que sigan los tratamientos médicos. Con ello estas mismas personas se tornan agentes de prevención en su círculo inmediato. Las sociedades saludables son las que pueden generar riqueza en el amplio sentido de la palabra, no solo económica, también cultural, intelectual, personal. La atención a las personas para lograr su salud es un derecho, no un privilegio. Un derecho que, también garantizan las políticas sanitarias.

Como trabajadores sociales sanitarios, nuestras recomendaciones siempre se apoyarán en el conocimiento y en el método científico que es el que guía nuestros pasos para la generación de conocimiento, no en la intuición, ni la improvisación, o en los deseos. Es el conocimiento, y no la intuición, el que nos permite adelantarnos a los hechos, prevenirlos o evitar que empeoren. Y si bien nunca podremos adelantarnos un 100% nuestra intervención con las personas puede ser altamente efectiva si nutrimos los factores positivos.

Los trabajadores sociales sanitarios debemos abrirnos al mundo, al siglo XXI y ello implica identificar los stakeholders.[1]  El master está ampliando las miras profesionales. Los consultores vemos como día a días el discurso académico de los alumnos (que también son profesionales) se impone al discurso coloquial e ideológico. Ello nos llevará a abrir nuevos espacios de acción en donde el trabajo social sanitario vertebre acciones profesionales con acciones políticas, resultando un tándem posibilitador para la salud.

Barcelona, 15 de mayo de 2015 – Dolors Colom Masfret

[1] Newsletter Nº 5 – Otro punto de vista Noviembre 2009. La evolución del concepto stakeholders en los escritos de Ed Freeman. En línea [consulta 15 de mayo de 2015]

Dijo la enfermera de enlace a la trabajadora social sanitaria: ¡Tramítale una residencia ya!

Tierra: trágame. Hace un tiempo me contaban que en un Centro de Salud, evitaré detalles, la enfermera en enlace entró furibunda en el despacho de la trabajadora social sanitaria que, además, estaba entrevistando a una persona y sin contenerse, le espetó: «A Josefa ¡Tramítale una residencia ya!». Vamos, como la camarera que entra en la cocina del restaurante que atiende para reclamar un plato combinado, ya saben: «¿Qué pasa con el número seis, sin salsa, para la mesa veinte? ¡Lo quiero ya!».

Lamentable. Sobre todo porque venía de parte de una profesional sanitaria y ponía de relieve el poco respeto y consideración para la persona enferma, Josefa, a la que convirtió en una «cosa» a la que colocar en una residencia, obviando los cánones de la intervención desde el trabajo social sanitario y, estoy segura, de la misma enfermería. Para esta enfermera de enlace, no voy a generalizar, la persona enferma, quedaba fuera de la  decisión que la iba a afectar para el resto de su vida.

Cuando decimos que la intervención desde el trabajo social sanitario se apoya en un diagnóstico social sanitario y asume los principios y valores de la profesión, no estamos practicando la retórica, estamos proyectando una manera de ayudar a las personas y una ética en el ejercicio de la profesión.

Afortunadamente, esta actitud pertenece a una minoría pero esta minoría, copa la mayor parte del escenario dañando la imagen del sistema sanitario en general, de las organizaciones donde ejercen, en particular. Es anécdota pero puede parecer categoría.

La mayoría de los profesionales del sistema sanitario con los que se trabaja en equipo no practican esos modales ni actitudes, pero dejando aparte la cortesía o la falta de ella, lo preocupante aquí y el pretexto que motiva el texto es la perduración en el tiempo de la falsa idea de que el trabajador social sanitario tramita recursos que lo otros profesionales presuponen, porque es una presunción, la persona necesita para resolver unos problemas. En realidad así, los problemas de la persona no se resuelven, se resuelven sus manifestaciones pero los problemas siguen, y seguirán, ahí.

No podemos confundir una residencia con una gasa, o una pomada. No podemos cosificar a las personas, ni les podemos quitar su dignidad. Debemos saber que cada vez que decidimos per alguien, le quitamos su dignidad. Las personas deben decidir (solas o con ayuda) sobre sí mismas. Si las anulamos borramos de un plumazo todo lo que hemos avanzado dentro del modelo biopsicosocial en el que la persona está compuesta de dimensiones vitales, psíquicas y físicas, que se retroalimentan y complementan.

La transformación del Estado del Bienestar en un supermercado de recursos en el que cada uno se corresponde a una dificultad es un indicador del desconocimiento y del poco respeto que se tiene por las personas a las que se atiende.

La letra a día de hoy la sabemos pero la práctica queda embarrada en estas actitudes donde la falta de profesionalidad lamina precisamente el Bienestar de las personas.

Y ya puestos, la demanda correcta de la enfermera de enlace a la trabajadora social sanitaria, obviamente en privado y a solas, no delante de una visita, hubiera sido:¿Cuál es el diagnóstico social sanitario de la Sra. Josefa?

Barcelona, 16 de abril de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario apoyado en el conocimiento científico: de las reacciones a las decisiones estratégicas

¿Cómo llegamos a las conclusiones que llegamos? ¿Nos apoyamos en un ejercicio racional? ¿Buscamos (en literatura científica) experiencias similares en las que afirmarnos? O sin más, damos rienda suelta a aquello que nos parece lo mejor sin haber analizado detenidamente pros o contras. Una cosa es reaccionar a algo y acertar, y la otra es decidir en base a información veraz.

Uno de mis primeros aprendizajes cuando estudiaba la carrera fue que antes de empezar a elaborar un trabajo o ejercicio, debía buscar en literatura científica, leer lo que se había escrito, y tomarlo en consideración, siempre citando la fuente. Como consecuencia de ello aprendí lo importante que era publicar las experiencias cuando estas tenían algo nuevo que aportar o ayudaban a revalidar tesis anteriores, o ampliaban conocimientos, o abrían nuevos horizontes. Las publicaciones científicas, por su naturaleza, van ampliando las miras de los profesionales que se benefician de la experiencia de otros que antes pasaron por donde ellos se encuentran, investigaron y se decidieron a divulgar su experiencia. También apuntan a nuevas realidades y modelos.

Cuando nuestras acciones se basan únicamente en nuestras experiencias personales, no estamos actuando como profesionales, porque la profesión implica apoyarse en una disciplina y la disciplina supone el conocimiento de asignaturas que nos ayudan a conformar nuestro universo teórico que son los mimbres de la mejor práctica. Un profesional que no lee sobre lo que se publica con relación a su campo de trabajo viene a ser alguien disfrazado de profesional porque el profesional, el que lo es de verdad, se nutre de las experiencias y conocimientos de otros profesionales. Por supuesto reconoce a los otros autores y no juega al plagio.

Muchas de las actividades que acontecen detrás de un letrero donde pone «Servicio de Trabajo Social Sanitario» están muy lejos de cumplir con los requisitos que dicha denominación exige basados en la disciplina y su presencia en el sistema sanitario. Por ejemplo: tener definidos los procedimientos y los protocolos propios de trabajo social sanitario diferenciando claramente la fase de investigación o recogida de datos, la fase diagnóstica y la fase de intervención; disponer de un sistema de información actualizado y asumido por todos los profesionales de la zona o área;  saber definir los servicios que se prestan, enfatizando en la palabra servicio y no confundirlo con un listado de actividades; evaluar periódicamente la información que se va obteniendo y transformarla en propuestas viables y medibles; supervisar los actos profesionales; concienciar al resto de profesionales para que asuman el modelo biopsicosocial; liderar movimientos sociales en pro del bienestar, etcétera. Éstas son solo algunas de las responsabilidades que acarrea el ejercicio de trabajo social sanitario.

Es cierto que se ayuda a las personas, pero en el siglo XXI necesitamos otras fórmulas de atención de manera que ésta no quede únicamente en manos de la persona que debe pedir la ayuda. La prevención implica adelantarse. Sabemos que la percepción de necesidad varia de una persona a otra y a veces, cuando se percibe la necesidad puede ser tarde.

Dicho esto, si existe, al alcance de los profesionales, una dimensión capaz de germinar su propia transformación y desarrollo, es la del conocimiento científico. Es a través del conocimiento, generándolo, transmitiéndolo y aplicándolo que los profesionales ganan pericia y experiencia, y sus pasos se tornan los adecuados, beneficiando a las personas que atienden y por ende a la comunidad en la que habitan.

El profesional, por definición comente menos errores que cualquier persona actuando instintivamente. Lo siguiente es que ese conocimiento llegue a las personas. En el caso del trabajo social sanitario ese conocimiento se debe organizar d manera que a través de sus teorías se vayan diluyendo las realidades adversas.

Por primera vez en su historia el trabajo social sanitario cuanta con los resortes académicos y universitarios que desde Estudios de Ciencias de la Salud dan forma a una profesión cuyos profesionales llevaban años hambrientos de conocimiento y, a la vez, hastiados de retóricas obsoletas y vacías de contenido.

En este momento, con más de cien alumnos debatiendo, proponiendo, reflexionando, puedo decir que el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario, a fecha de hoy único en el mundo, está resultando un revulsivo a la atonía que nos ha estado acompañando en los noventa y principios del dos mil. El ejercicio de aprender a través de las lecturas, de la dialéctica, de la observación directa, de la investigación aporta esa gran diferencia entre el trabajador social graduado (generalista) y el trabajador social sanitario master (especialista). Estos últimos años el trabajo social sanitario, desde la universidad, se expande y crea una nueva dimensión empírica sobre la que desarrollarse y repensar las líneas estratégicas de los servicios de trabajo social sanitario del futuro.

Barcelona, 25 de noviembre de 2014 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios y los nuevos «charlatanes»

«Los trabajadores sociales [sanitarios] deben conocer suficiente los medicamentos como para no dejarse engañar por charlatanes». Este era una de los puntos tratados en conferencia What of medical diagnosis should the social case worker know and apply? La impartió Richard C. Cabot en la National Conference on Social Welfare en 1917.

Si bien los «charlatanes» de los que hablaba el Dr. Richard C. Cabot eran los vendedores de brebajes medicinales, seres sin escrúpulos que aprovechándose de la ignorancia de las gentes enfermas y de sus deseos de vivir les vendían curaciones de mentira, sacándoles de paso algunos dineros, los «charlatanes» de este siglo XXI mantienen el esquema pero no son precisamente vendedores de pócimas crece pelo, o cremas come grasa, o píldoras cúralo todo que mantienen la eterna juventud.

Estos últimos años ha surgido una nueva generación de «charlatanes» que se han ido colando en entidades como asociaciones, fundaciones, colegios profesionales, consejos generales, agrupaciones, partidos políticos, etcétera. Así, perfectamente apoltronados, con el disfraz del «sin ánimo de lucro» no buscan más que el beneficio personal. La tela que nos venden es puro papel mojado. Son «charlatanes» que reclaman, aparentemente, servicios para la ciudadanía, justicia social, estatus profesional, pero sirven a sus intereses y se olvidan de lo que imprime el trabajo social.

Recuerdo hace unos años que un accionista de una empresa de radiología que a su vez ejercía de traumatólogo en un importante hospital privado, del cual también era accionista, hablaba a los nuevos médicos de su equipo sobre el valor de que los pacientes se fueran satisfechos a su casa y con la sensación de haber recibido la mejor atención. Nadie podía objetar una coma al discurso pero sí a la intención. El chirrido llegaba cuando esta satisfacción de los enfermos, pasaba únicamente por la radiografía. Decía: «Todo enfermo saldrá con su radiografía bajo el brazo, no podemos escatimar en radiografías, no quiero que nadie se enfade porque no se le ha hecho una radiografía». Moraleja: conviene ver más allá de las palabras y lo que encierran, cabe ver lo que pretenden, lo que se puede derivar de ellas.

Si alguien gestiona un holding de residencias para personas mayores con dependencia es obvio que relatará los beneficios de la vida en residencia y si el servicio es de calidad y contempla a la persona atendida en su totalidad, no hay argumentos para negarlos. De igual forma, si alguien gestiona un holding de empresas de atención a domicilio, relatará los beneficios de seguir en la casa. Y como en el caso anterior, si el servicio es de calidad no hay argumentos para negarlos. Pero de ahí a proponer una sola línea de atención basada la línea particular del negocio de uno cuando sabemos de sobra que la complejidad de lo psicosocial reúne a muchas líneas… esto ya es otra cosa y se escribe diferente.

A priori, lo mejor para la persona no está escrito, no es mejor uno u otro servicio. Es la persona que lo necesita la que se inclina por uno o por otro, de acuerdo a su particular punto de análisis y comprensión de su situación concreta. No porque sea mejor o peor, sino porque es lo que más le conviene y se ajusta a su realidad. Los profesionales, salvo que suponga un riesgo para ella o para los otros, respetamos y acompañamos sus decisiones, la apoyamos. Así que cada tipología de ayuda, tendrá argumentos válidos que se ajustarán a las personas y a sus propios intereses pero sobre todo a sus propias necesidades. Los trabajadores sociales sanitarios gestionamos la variabilidad.

Los trabajadores sociales sanitarios ayudaremos a las personas enfermas, a sus familias a reconocer la demagogia de los nuevos «charlatanes» para evitar falsas esperanzas.

Si alguien amparándose en un título universitario, defiende unos servicios frente a otros y se olvida de que primero estudiamos las necesidades de la persona, está quebrantando uno de los principios del trabajo social en general y por supuesto del trabajo social sanitario en particular: la autodeterminación de la persona, le niega su unicidad, y lo que es peor, le niega la ayuda de acuerdo al diagnóstico social sanitario que es el que permite desbrozar todas las incógnitas al respecto. No somos adivinos, somos profesionales, no buscamos acertar el diagnóstico, lo desarrollamos racionalmente y lo acotamos a la realidad de la persona.

Desde el trabajo social sanitario no manipulamos a las personas en favor de uno u otro servicio, las ayudamos a que se ayuden, a que ellas mismas puedan decidir si para su situación particular, en ese momento en concreto, es mejor tal o cual recurso. ¡Ojo! Se habla de recurso, no confundamos el recurso utilizado con el servicio prestado, siempre mucho más amplio y donde el trabajo social sanitario establece la diferencia con otras profesiones.

Y más que nunca, debemos ser capaces de escuchar en vez de oír, de mirar en vez de ver, no nos dejemos engañar, ayudemos a las personas que atendemos a relativizar los mensajes de los nuevos «charlatanes» que se hacen hueco en los medios no precisamente por su currículo académico.

Puesto que esto irá a más, debemos mantenernos en alerta para que nosotros mismos no seamos pasto de estos nuevos «charlatanes» con lo cual implicaríamos rápido a las personas que atendemos. Debemos ayudar a las personas a que escuchen, a que miren para sean ellas mismas las que eviten el engaño.

Barcelona, 22 de agosto de 2014 – Dolors Colom Masfret

Que seamos los únicos no nos convierte en líderes, ser los mejores sí

El «liderazgo», un concepto desgastado en lo discursivo e ideológico pero valorado y aclamado en la praxis es una de las actitudes que desarrollamos en los alumnos del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Entre los objetivos del equipo docente y técnico, está que los alumnos a los que formamos se conviertan en los mejores dentro de su ejercicio profesional y que la aplicación del conocimiento adquirido, contribuya a incrementar las cotas de bienestar y salud de la población. En paralelo, aspiramos a que esta competencia se les reconozca dentro el sistema sanitario. Otra meta, además, es que los alumnos del Master sientan la responsabilidad otorgada por su saber y que, consecuencia de ello, desarrollen los recursos propios (intelectuales, comunicativos, teóricos…) para ejercer este liderazgo en sus respectivos lugares de trabajo. ¡Fuera complejos!

El desarrollo de líderes en el siglo XXI requiere que éstos se apoyen en los medios adecuados para que su acción sea correcta y ética. Los tiempos que vienen no serán tiempos de discursos que están todos dados, no serán tiempos de promesas que están todas hechas, serán tiempos de acción, de movimiento constatable, pero no de cualquier acción ni de cualquier movimiento, solo valdrá el que corresponda, el adecuado, como la llave corresponde a la cerradura. Cada realidad requiere intervenciones concretas y los trabajadores sociales sanitarios de Master se están formando para diagnosticar cada una de estas realidades individuales y comunitarias. No nos importan los problemas, nos importan las personas que sufren los problemas, cómo los resuelven, lo señaló Helen Harris Perlman.

No se trata de juntar rotos con descosidos,  ni el hambre con las ganas de comer, se trata de que las personas sean parte activa, real, no a modo de lema, y sientan también su responsabilidad, en lo que respecta a su salud y la de su familia, se refiere.

Sin duda, si existe una profesión que desarrolla esta responsabilidad personal es el trabajo social sanitario.

Ello, no porque sí, sino porque detrás de los profesionales bulle una formación que integra, racionalmente, lo social con lo sanitario tanto en lo individual como en lo comunitario. Detrás de cada profesional se encuentra un conocimiento que le permite discernir circunstancias, más que adivinarlas, y actuar sobre ellas para transformarlas, más que maquillarlas o esconderlas debajo de la alfombra de la burocracia. Algunas profesiones, el trabajo social sanitario es una de ellas, se desparraman sobre el todo, no son una sola acción actuando sobre una sola circunstancia. Por su naturaleza, no pueden ser uno, igual que un bodegón no es el pan, o la manzana, o la fuente de uvas, o las ciruelas… el bodegón es todo el conjunto de los elementos que lo componen. La naturaleza del trabajo social sanitario lo lleva a penetrar en lo laboral, lo familiar, lo relacional, la salud por supuesto, lo económico, los temores, las fortalezas, los anhelos… etcétera.

La combinación que en su saber empiezan a atesorar los trabajadores sociales sanitarios formados en el Master, también en el Postgrado, les permite situarse en la vanguardia profesional, innovando y promoviendo a las personas respetando su propia idiosincrasia y evitar a la vez que las organizaciones pierdan el Norte.

El hecho de que no haya otra oferta formativa oficial y reconocida en Estudios de Ciencias de la salud, ni en España, ni en Europa, ni en el Mundo, podría envanecernos a los que zarpamos en este barco y hacernos caer en la pretensión de que el Master por su unicidad, es la cuna de los nuevos líderes del Trabajo Social Sanitario.  Ni mucho menos. Para ello no es necesario ser únicos, si no ser los mejores.

El sistema universal por antonomasia es el sanitario pues todo individuo cuenta con un equipo de atención primaria de referencia, un equipo formado por profesionales de la medicina, de la enfermería y del trabajo social sanitario. Cuando los equipos están incompletos, que los hay, es responsabilidad de los otros miembros velar para lograr su completitud. No vale jugar a la multifunción, ni al pluralismo, ni al «no importa quien lo haga», porque sí que importa. Cada profesional se ha formado para una profesión determinada y si bien debe tener conocimiento sobre las otras dimensiones de la persona (el médico, la enfermera, sobre lo social y el trabajador social sanitario sobre lo médico) no puede intervenir sobre ellas. No debe, porque entonces damos entrada a los charlatanes, o a los vendedores de pócimas.

Felicidades a las alumnas y alumnos del Master que con su esfuerzo han llegado al ecuador de esta formación, hace poco inimaginable, que a día de hoy, después de dos semestres puedo decir, en muy poco tiempo, cambiará el panorama nacional, europeo y mundial. Lo puedo decir porque su evolución como estudiantes es real. Con sus particularidades, ninguno de ellos y ellas, son los mismos que empezaron en octubre o marzo. No queremos que sean los únicos, queremos que sean los mejores para que lideren con inteligencia los nuevos y buenos tiempos que esperan a la profesión y con ello al bienestar y salud de las personas.

Barcelona, 23 de julio de 2014 – Dolors Colom Masfret