Los trabajadores sociales sanitarios, las personas atendidas y sus expectativas

Las personas enfermas a las cuales atendemos ¿qué esperan de nuestra intervención? ¿Cómo la imaginan? ¿Cómo deletrean su futuro?

En el trabajo social sanitario, un elemento clave en la relación asistencial, muchas veces desdibujado, por las prisas, por la presión asistencial, porque se confunde al trabajador social sanitario con un tramitador de recursos, es el relativo a las expectativas de las personas atendidas, de sus familias y allegados, sea cual sea el vínculo de estos últimos.

Una expectativa es aquello que se espera, es una esperanza en algo deseable. En el campo sanitario, sin embargo, una expectativa también puede ser un temor, expresado o callado pero que el trabajador social sanitario, él o ella, debe conocer. Sucede a menudo que de la misma manera que las expectativas deseables no se alcanzan, los temores tampoco se cumplen.

Siempre situados en el campo del trabajo social sanitario, cuando a una persona enferma se le pregunta: «¿Qué cree que puedo hacer por usted?», «¿En qué cree que la puedo ayudar?», «¿Cómo le gustaría que se resolviera esta situación que plantea?», «¿Confía en que resolveremos estas dificultades?», etcétera, estamos desbrozando el camino de sus expectativas. Lo mismo ocurre cuando se lo preguntamos a la familia pensando siempre en sus deferentes miembros porque cada uno de ellos establece un vínculo determinado con la persona enferma.

Para la gestión del caso, modelo que en el trabajo social sanitario se remonta a más de cien años de historia, es necesario disponer de esta información acerca de las expectativas, una información generada progresivamente a lo largo de las diferentes entrevistas. Es un error pensar en que esta información se logra de una sola vez y con una única pregunta, o unas pocas. Al contrario ello suele llevar varias entrevistas distribuidas en las diferentes fases de los procedimientos o protocolos aplicados en cada Unidad de Trabajo Social Sanitario. Pero incluso en  dónde los procedimientos y los protocolos están por definir, el acceder a esta dimensión de las expectativas, es lo mismo porque forma parte del centro de gravedad de la profesión.

Cuando hablamos de trabajo de caso, de casework, dicho sea de paso, la antesala para la gestión del caso, estamos siempre considerando además de la persona, su entorno y su medio ambiente, los recursos y programas de apoyo formal para complementar el apoyo informal. Para ello es preciso un plan de intervención que se despliega en su totalidad una vez emitido el diagnóstico social sanitario.

Las expectativas marcan futuras actitudes. Se sabe que más allá de toda intervención y plan terapéutico, lo preste quién lo preste, la persona tiene la última palabra. Una última palabra en el sentido literal de la idea porque es en la casa donde se ponen de manifiesto las actitudes participativas o reacias a seguir las recomendaciones profesionales.

Y volviendo al principio, conocer las expectativas de las personas a las que atendemos, nos permitirá, como trabajadores sociales sanitarios, conocer la actitud con la que éstas se enfrentarán a sus dificultades, con qué actitud lo hará la familia. Debemos recordar siempre que nuestro ejercicio profesional se apoya en la experiencia y vivencia de las personas, en sus percepciones que muchas veces se deben modificar. La dimensión de las expectativas debe volver a formar parte de la información incluida en la historia de trabajo social sanitario.

En paralelo, de cada caso gestionado se debe conocer o saber identificar las expectativas, con relación al desarrollo del caso, de los otros profesionales con los cuales se trabaja en equipo para evitar que depositen en el trabajador social sanitario soluciones que fehacientemente se encuentran fuera de sus competencias y posibilidades. De la misma manera que el personal médico y de enfermería no es responsable de los medicamentos que se encuentran o faltan en la farmacia, el personal del trabajo social sanitario no es responsable directo de los recursos o programas que se encuentran o faltan en los servicios sociales.

Otro asunto es que tanto el personal médico, de enfermería, de trabajo social sanitario denuncie estas ausencias o faltas que perjudican la buena evolución de la persona.

 

Barcelona, 29 de enero de 2016 – Dolors Colom Masfret