Abierta la matrícula para quinta edición del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario

Hace unos días se abrió la matrícula para el inicio, en octubre próximo, de una nueva edición del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario (MUTSS). De nuevo se desborda el ajetreo que supone el principio de un curso académico, la quinta edición, y se mezcla con el ajetreo del ir acercándose al final de otro curso académico, el correspondiente a la cuarta edición.

Se hace extraño tomar conciencia de que las promociones del MUTSS se van sucediendo unas a otras como si el máster siempre hubiera estado ahí. Una promoción tras otra, va borrando los esfuerzos que lo posibilitaron y dan paso a las múltiples posibilidades de crecimiento profesional con un futuro prometedor.  Y así es como pacientemente, las marmitas del tiempo van tejiendo la sábana del pretérito y convierten en historia un tiempo que pasó, que era distinto, un tiempo en el que el reclamo de la formación especializada en trabajo social sanitario copaba la mayoría de los eventos profesionales.

Este presente es posible gracias a las voluntades y los anhelos de muchos profesionales, ya sea en su rol de profesor o de alumno, pero siempre dentro del círculo virtuoso de aprender y enseñar, enseñar y aprender.

La generación de conocimiento es mucho más dificultosa que la generación de opinión. La primera requiere de tiempo, paciencia en la observación, validación de las hipótesis, tenacidad, repeticiones, frustraciones, la segunda poco más que tenerla y poderla volcar en cualquier lugar. .

Que el tiempo pasa rápido es una expresión cristalizada en tópico pero no deja de ser una realidad. Por Sant Jordi  me topé con un fragmento de Esopo, 620 aC. 560 aC., lleva por título El pastor y el mar lo tome prestado al filósofo para felicitar el día del Libro y la  Rosa a los alumnos. Dice:

“Un pastor que cuidaba su rebaño en las costas, veía al mar muy calmado y suave, y planeaba con hacer un viaje de comercio.

Entonces vendió todo su rebaño y lo invirtió en un cargamento de dátiles, y se echó a la mar. Pero vino una fuerte tempestad, y estando en peligro de hundirse la nave, tiro por la borda toda la mercancía, y escasamente escapó con vida en la barca vacía.

No mucho tiempo después cuando alguien pasaba y observaba la ordenada calma del mar, él le interrumpía y le decía:

-De nuevo está el mar deseando dátiles y por eso luce calmado.

Nunca generalices conclusiones basándote en un solo suceso.

Los buenos actos siempre son recompensados.

En, www. epdlp.com

Os esperamos en el curso académico 2017-2018.

Barcelona 11 de mayo de 2017 – Dolors Colom Masfret

Felicidades a la Unidad de Trabajo Social Sanitario del CSMA de Granollers de Benito Menni

«En el marco de VII edición de los Premios de Innovación en Gestión de la Unió Catalana d’Hospitals Benito Menni CASM  recibe el primer Premio Innovación en Gestión de pacientes».  Así reza el comunicado oficial del hospital Benito Menni.

Desde el Master Universitario de Trabajo Social Sanitario nos unimos a la alegría por la buena noticia y felicitamos a los integrantes, ellos y ellas, del programa. Es un honor que haya sido Elena Sanchez Echevarría, trabajadora social sanitaria del CSMA de Granollers, y máster en trabajo social sanitario de la primera promoción, quien, junto con la doctora Blanca Navarro coordinadora del CSMA, haya recogido el premio.

El programa premiado Soporte Social en Salud Mental a la Primaria Social y Sanitaria, es un ejemplo de promoción de recursos, servicios y nuevas fórmulas de atención para la asistencia de las personas dentro de este mundo actual sometido a un constante cambio. Un cambio que además se da con rapidez y por ello la acción profesional debe ser capaz de tomar la misma velocidad. El programa también es un ejemplo de trabajo en equipo interdisciplinar en el que el trabajo social sanitario es parte activa y reconocida.

Se ha señalado muchas veces en este espacio que los profesionales tienen la responsabilidad de promover acciones, servicios, programas, que beneficien a las personas atendidas y las ayuden a reconstruir su día a día. El programa premiado ilustra y da contenido a ese discurso ampliamente aceptado que a veces parece difícil de satisfacer en la práctica del día a día.

Los tiempos son difíciles, pero es en tiempos difíciles que el trabajo social en general y el trabajo social sanitario en particular se crecen. El reto de incorporar el trabajo social sanitario a los equipos  y que ello sea la norma y no la excepción sigue ahí, pero programas como el premiado vienen a remover esas zonas de confort que tantas inercias generan.

Felicidades y gracias por la entrega.

Barcelona, 21 de diciembre de 2016 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario de empresa en el sistema sanitario: una línea de intervención profesional para profesionales

Profesionales cuidando de profesionales. Esta es la línea de acción de los trabajadores sociales sanitarios de empresa dentro del sistema sanitario, una línea de intervención poco desarrollada y menos considerada. En este caso la excepción confirmaría la regla.

Hace algunos años, si no falla la memoria a primeros de los noventa del siglo pasado, la compañía SAS (Scandinavian Airlines System) tenía una publicidad con un eslogan que venía a decir algo así como que transportaba a personas de un lugar a otro y no se limitaba a hacer volar aviones. El cambio del enfoque era innovador por lo obvio del mensaje pues en lo primero que uno piensa cuando habla de una compañía aérea suele ser en los aviones.

Ese giro, por otro lado obvio pero que se debía recordar, se materializaba en un entorno social en el que las personas cobraban protagonismo en todas las organizaciones. Las personas eran el motor, el capital humano e intelectual, el centro del sistema, por supuesto el sanitario, todo, se decía, debía girar alrededor de las personas y su entorno. Ciertamente las personas son las que permiten desarrollar los proyectos y las personas son las que los destruyen o arruinan. Un buen proyecto en manos adustas o desaprensivas descarrilará seguro, resistirá un tiempo quizás por la inercia inicial, pero su horizonte es poco prometedor. Al contrario, un proyecto imperfecto en manos tenaces y cuidadosas se encarrilará pudiendo incluso brillar y, desarrollarse con el tiempo.

En el presente se percibe una tendencia a desdibujar a la persona, a reducirla a una casualidad, un ente que podría no estar y si está, de facto, es más convidado de piedra que nada más. La retórica ensalza a la persona pero muchos actos la dejan de lado. Craso error a juicio de quien escribe porque esa tendencia a dejar fuera a las personas con relación a aquello que les afecta, va devaluando el pensamiento individual y crítico, las desmotiva y les roba la autoestima.

Las personas relacionadas con el sistema sanitario, en sus diferentes roles, como pacientes, usuarios, familias, son siempre y deben seguir siendo el centro de gravedad sobre el que pivota el trabajo social sanitario. También el colectivo de profesionales sobre todo asistenciales que atienden a las personas enfermas o en riesgo de enfermar.

Ahora bien, el profesional, pertenezca al colectivo que pertenezca, a veces necesita ayuda porque como persona que es, sus esferas vitales pueden verse afectadas por acontecimientos vitales que interfieren en sus competencias y merman sus habilidades.  ¿Quién mejor que un trabajador social sanitario para prestar servicios de apoyo y ayuda a los profesionales del sistema sanitario sean cuales sean sus dificultades?

Cada profesión lleva en sus mimbres principios y valores que son su ADN, aquello que la hace inconfundible y le da entidad. El trabajo social sanitario nace por un principio de dinámica social que apuesta por ayudar a las personas enfermas a ayudarse, también a sus familias, todo para que la enfermedad no sea motivo de marginación. Siendo la salud un bien tan preciado ¿cómo reforzamos los aspectos psicosociales de los profesionales asistenciales para que su práctica profesional sea la mejor y sirva para ayudar a las personas?

¿Quién se ocupa de los profesionales asistenciales? ¿Quién les ayuda en sus dificultades personales? Seguro que las tienen. ¿Quién ayuda al médico cuyo padre sufre un principio de Alzheimer y se encuentra con los mismos vacíos asistenciales que cualquier otra persona? ¿Quién ayuda al médico que sufre una adicción a los tranquilizantes y sus relaciones familiares se ven altamente afectadas? ¿Quién ayuda a esta enfermera que con sus años de experiencia y conocimiento se ve desbordada por una madre que la manipula y culpabiliza por seguir ejerciendo su profesión? ¿Quién ayuda a esa auxiliar de clínica que acaba de ser madre y sufre por el bebé que debe dejar al cuidado de una tercera persona? El bienestar de los profesionales es esencial para que sus servicios satisfagan las necesidades de las personas a las que atienden.

El sistema sanitario debe velar por el bienestar, salud mental y física, de los profesionales a quienes encarga la atención a las personas enfermas. Un profesional agobiado por problemas personales, familiares, relacionales, económicos se irá desgastando viéndose afectada con seguridad, su actividad asistencial. Ello pone en riesgo a las personas atendidas.

El sistema sanitario tiene en los trabajadores sociales sanitarios un excelente recurso interno para ayudar a los profesionales a resolver sus problemas, sean de la índole que sean, por ello, el trabajador social sanitario de empresa es una figura a potenciar dentro de los equipos médicos de empresa. Nuevas necesidades, nuevos problemas, nuevas respuestas de la mano de nuevos expertos.

Barcelona, 14 de diciembre de 2016 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios y la planificación del alta: más de un siglo centrando la atención en la persona

Una de las primeras referencias al «programa de la planificación del alta», data de 1910 y se sitúa en el Hospital de Bellevue en Nueva York. Resulta muy interesante leer cómo se explica el programa mucho antes de ser denominado. Primero llegaba la acción, el procedimiento, después, llegaría el nombre Discharge Planning [La planificación del alta]. Desde su inicio, el centro de gravedad del programa fue la persona enferma y su familia, sus circunstancias sociales, éstas que eran parte estructural de su existir.

En el Hospital de Bellevue, el profesional responsable de este estudio psicosocial de la persona era la trabajadora social hospitalaria. El mismo día en que se producía el ingreso en la sala médica, la entonces trabajadora social hospitalaria, hoy sanitaria, realizaba un estudio de la persona y sus circunstancias sociales e iniciaba un seguimiento diario de sus vivencias, miedos, expectativas, elaboraba el diagnóstico social hospitalario [sanitario] y en base a éste intervenía ayudando a la persona y a su familia en el regreso a su casa. De la evolución y cambios, mantenía puntualmente informado al personal médico y al personal cuidador (hoy enfermería) del hospital.

Estos últimos años la atención centrada en la persona se presenta como si fuera una fórmula novedosa y genuina, una novedad asistencial, cuando en realidad es una práctica que dentro del trabajo social sanitario se viene desarrollando desde hace más de cien años. Es una obviedad. La atención debe estar centrada en la persona. ¿En quién si no? Quizás sea una fórmula novedosa para alguien pero ello no la convierte en novedosa. No lo es para los profesionales del trabajo social sanitario que siempre han centrado su intervención en la persona y su entorno.

Desde finales del siglo XIX se sabe que, además de la enfermedad, las circunstancias sociales de las personas (convivencia, relaciones familiares, autonomía personal, la vocación profesional, el trabajo, etcétera) influyen en gran medida para que después de un ingreso hospitalario el regreso a casa sea un hecho benéfico. Está internacionalmente aceptado por los trabajadores sociales sanitarios que la enfermedad siempre rompe con la dinámica familiar y social, y que muchas veces, para recomponerla, se precisan ayudas y soportes externos a la familia, ayudas profesionales ya sean de carácter temporal o indefinido.

Para muchas personas, la noticia de que pueden regresar a su casa, contrariamente a lo esperado, supone una mala noticia, les desata temores y miedos amplificados al carecer de ayuda profesional en su dimensión psicosocial que les oriente y aliente para afrontar, con la máxima independencia y autonomía, la nueva situación. Ello se traduce en una negativa a regresar a su domicilio. Por ello, informar del alta hospitalaria no basta, es preciso planificarla y los trabajadores sociales sanitarios, por la naturaleza de sus competencias y habilidades son quienes asumen la vertebración de las diferentes intervenciones de los diferentes profesionales, dicho de otro modo, gestionan el caso.

Por ejemplo, se habla con frecuencia de las estancias hospitalarias consumidas por razones no médicas con origen en problemas sociales o generadoras de éstos. ¿Por qué entonces la unidad de  trabajo social sanitario carece de los recursos humanos suficientes para intervenir fehacientemente sobre los aspectos psicosociales de las personas ingresadas? ¿Por qué siguen siendo tan pocos los hospitales que aplican un programa de planificación del alta de acuerdo a los principios y valores originales, ello es realizando un estudio psicosocial a los primeros días del ingreso? Estudio psicosocial, lo cual no se debe confundir con recoger datos sociales.

La mayoría de los criterios de riesgo que pueden influir en que la persona requiera apoyos posteriores al alta hospitalaria, suelen estar presentes en el momento de la admisión, por lo tanto, si realmente se quiere centrar la atención en la persona, es muy fácil: doten a las unidades de trabajo social sanitario de los recursos humanos necesarios para que sistemáticamente puedan realizar un estudio psicosocial de estas personas con circunstancias de riesgo de padecer problemas de alta o problemas en su casa después de una alta hospitalaria.

Cuando se argumenta que los problemas sociales generados a raíz de la enfermedad no son un asunto del hospital, se está reduciendo a la persona a su patología, pero en ningún caso se puede hablar entonces de la gestión centrada en la persona. Es en este punto donde son de agradecer las voces que se unen para reclamar, otra vez, la atención centrada en la persona. Sin embargo, una cosa es reclamar y otra presentarla como novedad.

Para hablar de la atención centrada en la persona se debe establecer un diagnóstico social sanitario de las personas con criterios riesgo entre las primeras 24-72 horas después haberse producido la admisión.

Ello significará que la unidad de trabajo social sanitario pasará de realizar una intervención reactiva, centrada en los problemas, a realizar una intervención proactiva, centrada en las personas y sus problemas.

Barcelona, 28 de abril de 2016 – Dolors Colom Masfret

Se ha abierto de nuevo el acceso para iniciar el master en marzo de 2016

Los días pasan y algunos acontecimientos se nos apilan en el día a día, atropellándonos a veces, pero seguimos con entusiasmo, disfrutando de esta nueva realidad para el trabajo social sanitario: una formación reglada dentro del espacio universitario encarnada en el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario.

A mediados de octubre pasado se iniciaba la tercera edición con un ágora de 75 nuevos profesionales con ganas de profundizar y especializarse en el trabajo social sanitario. Estamos trabajando duro pero nos sentimos recompensados con la respuesta obtenida y el crecimiento del programa formativo.

Por ello aprovecho este espacio para informar que desde finales de octubre está abierto el acceso para entrar en el aula de tutoría y pedir toda la información y detalles que se desee sobre matrícula y elección de asignaturas así como los tiempos para iniciar el master el próximo marzo de 2016.

Recomendamos el acceso a través de la página Web, es gratuito y sin ningún compromiso pero permite, a quienes se interesen por los estudios, familiarizarse con el sistema online y plantear todas las cuestiones singulares sobre la oferta de créditos y los pasos a dar para formalizar la matrícula. Todo ello en un entorno profesional a través de la tutora del master que, además, es trabajadora social.

Una de las ventajas prácticas del Máster es que se pueden cursar asignaturas entre octubre y febrero, y entre marzo y julio, a conveniencia de cada profesional y siempre según sus posibilidades. .

Deseamos seguir creciendo en número, en competencias profesionales para ir cambiando el panorama del Trabajo Social sanitario en España desde el conocimiento adquirido y a la vez contribuir a la generación de nuevos conocimientos, proponer nuevas teorías y validar nuevas estrategias de intervención.

Con la consolidación del master, desde los Estudios de Ciencias de la Salud de a UOC, vamos a seguir desarrollando actividades y propuestas abiertas a todos los profesionales del trabajo social sanitario porque sus experiencias diarias, su pericia, su saber, son esenciales para esa generación de conocimiento, para crecer y participar activamente del desarrollo de sistema sanitario aportando la perspectiva del trabajo social sanitario.

De todo ello iremos informando en este mismo espacio del blog que cada vez va ganando seguidores. Sin duda ello es posible gracias a profesionales que de una u otra manera aportan su ilusión y positividad al presente.

Barcelona, 15 de diciembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario, los políticos de los nuevos partidos y de los no tan nuevos

Las alianzas de colaboración entre profesionales, trabajadores sociales sanitarios, y políticos del área de salud, son indiscutibles. Otro asunto es que en la práctica sean mínimas, pero el potencial está ahí. Unos necesitan de los otros y los otros necesitan de los unos. Los trabajadores sociales sanitarios necesitan de los políticos para desarrollar programas y servicios adecuados a las nuevas necesidades que se van detectando, y los políticos necesitan de los trabajadores sociales sanitarios para acertar en la puesta en marcha de nuevas líneas de políticas sociales y de salud adecuadas a los tiempos que se van desplegando en el día a día.

Los primeros, los profesionales, permanecen en el tiempo porque su camino es, precisamente, profesional, vocacional, investigan realidades, generan conocimiento, ponen de relieve evidencias para evitar el malestar y promover el bienestar, forman a nuevos profesionales para seguir indagando y desarrollando las diferentes teorías. Los segundos, los políticos, quedan sujetos a variables más inciertas, pero que no dependen totalmente de ellos, la más clara es el voto ciudadano, la confianza de los otros miembros del partido  y, por tanto, por largo que sea su tiempo, su paso por la política, caduca. Sus obras, sin embargo, sus aportaciones, lo que su paso por la política significó para la sociedad, para bien o para mal, quedan ahí.

Tanto para bien, como para mal, los trabajadores sociales sanitarios pueden aportar mucho, promoviendo y motivando acciones que resulten más benéficas que dañinas, alertando de los problemas que pueden suponer determinadas decisiones tomadas al albur del instinto.

En este mismo blog, en otras ocasiones se ha señalado la necesidad de establecer alianzas con los políticos responsables del área de bienestar y salud. Determinadas decisiones pueden suponer grandes alteraciones del bienestar a la vez que incrementar indirectamente los costes asistenciales. Cada uno, individualmente, tenemos una responsabilidad ética en no malversar los recursos materiales, humanos y económicos que el sistema público pone a nuestro alcance para intervenir y ayudar a las personas enfermas y sus familias.

Por ejemplo, para pasar al terreno de lo práctico, cuando el diagnóstico social sanitario de una persona dada de alta de un hospital de agudos revela entre otras circunstancias adversas, un alto riesgo de incumplimiento terapéutico, en paralelo, el mismo diagnóstico señala la falta de apoyos informales para velar por la correcta toma de medicación, en muchos casos ello significará la prestación de un «servicio de apoyo psicosocial para concienciar a la persona de la necesidad de seguir las pautas de tratamiento» y para completar este servicio que presta el trabajador social sanitario, seguramente, éste precisará el apoyo de un «recurso de atención a domicilio» que in situ, por unos días, asegure la correcta toma de medicación y realice una educación a la persona. La carencia de este recurso ¿Qué supone? La imposibilidad de acceder a él desde el mismo momento en que la persona regresa a su casa, significa que el «incumplimiento terapéutico» será un hecho, y se sabe a priori. Significa que la persona se desestabilizará de nuevo y, probablemente, deba reingresar por urgencias, a veces, en condiciones deplorables, y se sabe a priori. Como puede verse, se trata de una realidad adversa que deriva de la falta de acceso a un recurso, pero además, conlleva un sobrecoste añadido innecesario pues no sirve para mejorar la asistencia si no para paliar un déficit de asistencia. Una realidad previsible e indicada en el diagnóstico social sanitario pero sobre la cual no se puede intervenir desde lo social. Si ello se repite debe ponerse en conocimiento de la dirección pero también del político responsable.

Los políticos, ellos y ellas, deben promover el bien común, pero esto no sucede de manera espontánea o azarosa, ello se garantiza mediante la información necesaria para evaluar el contexto sobre el cual se pretende actuar para paliar los déficits.

Como ciudadano, cada profesional atesorará sus propias ideas políticas, pero como profesional éstas pasan a diluirse porque las decisiones se basan en evidencias y deben probarse como las más benéficas de todo el set de posibilidades al alcance.

Uno de los primeros paradigmas que se asumen en casi todas las áreas de lo psicosocial y lo cultural, es el de la dinámica del vivir: dinámica social, dinámica familiar, dinámica laboral, dinámica económica, dinámica emocional, etcétera. El ser vivo, por el mero hecho de vivir, está sujeto a la dinámica y al cambio. El existir es dinámico y como tal, los profesionales dedicados al trabajo social sanitario en particular, también deben reorganizarse, replantearse nuevas fórmulas, en definitiva a repensarse sin que ello signifique falsificarse como trabajadores sociales sanitarios.

Al hablar de una disciplina, de una profesión, es preciso apoyarse en instrumentos que identifiquen los valores y pesos específicos de los efectos de dicha dinámica para que con el tiempo se esté en disposición de dibujarla y, en gran medida, preverla cuando se vea displicente, negativa, insana poniendo en riesgo la salud de las personas y, potenciarla, cuando, por el contrario, mejore el bienestar y la salud.

La alianza entre trabajadores sociales sanitarios y los políticos es una responsabilidad de todos porque ambos se necesitan y se complementan. Los políticos, ellos y ellas, que reducen la intervención desde el trabajo social sanitario a trámites, contribuyen directamente al colapso del Estado del bienestar y si su solución es alimentar los recortes, deben saber que ha sido su acción política la que los ha propiciado. Pero los trabajadores sociales sanitarios que reducen su intervención a estos trámites, también son cómplices del colapso.

Barcelona, 30 de noviembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios grandes optimizadores de recursos humanos, técnicos, institucionales y comunitarios

El orden de los factores citados en el título es irrelevante pero todos ellos son componentes de la sostenibilidad del Estado del bienestar cuya continuidad está en serio riesgo de romperse. Los logros alcanzados hasta el inicio de la actual crisis, año 2008, año tras año, van menguando. Ocurre poco a poco, casi imperceptible para el gran público, muy notorio para las personas clientes de los servicios profesionales sanitarios y sociales. Si bien leyendo textos profesionales de hace años, esta afirmación ya era una constante, hoy no debe tomarse como una repetición más. No es retórica literaria, ni una banal siembra de inquietudes, es un hecho empírico abalado por el adelgazamiento de los programas y servicios de apoyo, siendo las crecientes listas de espera, las crecientes dificultades para acceder a los recursos existentes un buen argumento para aceptar la credibilidad y gravedad del asunto. Cierto es que todo ello, muchas veces, va acompañado de un mal uso de dichos programas y servicios. Un mal uso porque algunos profesionales del sistema sanitario los proponen como finalistas y no como mediadores entre una situación con dificultades y la situación anhelada en la que éstas, con ayudas y apoyos, se superan.

Los trabajadores sociales sanitarios, sin embargo, tenemos en nuestra mano cambiar dicha derivada, asumiendo el rol original de agentes de cambio y promotores de recursos, pero también el rol de optimizadores dichos recursos, humanos, técnicos, familiares y institucionales y comunitarios. Esta responsabilidad nuestra es ineludible. Los trabajadores sociales sanitarios son transmisores de valores sobre el uso del Estado del bienestar a la sociedad en general y a las personas atendidas en particular. Ahora el Estado del bienestar está realmente en riesgo siendo su financiación el principal hándicap.

Por ello la concienciación sobre el uso adecuado de los recursos debe ser parte de las intervenciones psicosociales para transmitir a la persona y su familia la tranquilidad de saber que la ayuda está ahí disponible mientras la necesite pero, a la vez, asumir que cuando dicha necesidad desaparezca, se prescindirá de ella.

Lejos del corporativismo y sí por la convicción sostenida por resultados de experiencias sobre el terreno, sostengo la hipótesis de que si existe una profesión con profesionales capaces de optimizar el Estado del bienestar, de administrarlo y de implicar a las personas en dicha administración y su buen uso, ésta es el trabajo social sanitario. Claro está, entendido éste, como el conjunto de intervenciones tangibles e intangibles, apoyadas siempre en un diagnóstico social sanitario, o un pre diagnóstico, e implicando, en la recuperación y la reinserción, a las personas afectadas, la cuales comparten los objetivos terapéuticos de reinserción. Y claro, implicando a sus familias, ello si el diagnóstico social sanitario no indica lo contrario. Sabemos que la familia no siempre es una ayuda ni una solución a los problemas, por lo tanto, debe estudiarse y valorar los efectos positivos o negativos.

Por principio, ninguna persona puede ser apartada de participar en su propio cuidado (aunque su colaboración sea mínima y esta participación implique más tiempo para el profesional). Sea por pasividad o por desinterés, por decepción o melancolía, nadie puede ser apartado de participar en las acciones programadas para su propia mejora, o desarrollo personal, se añade, siempre y cuando sus capacidades se lo permitan. Ninguna persona invadida por la pasividad ante sus circunstancias, debe quedar reducida a ejecutar sin más, las indicaciones que se le puedan facilitar.

La continuidad del Estado del bienestar se encuentra pues en manos de todos, tanto de las personas beneficiarias en algún momento de su vida como de los profesionales, principales prescriptores de servicios y ayudas para recuperar y reinsertar a quienes se encuentran con dificultades. Y de los políticos pero en este caso los profesionales deben comunicar sus propuestas y recomendaciones técnicas.

Parte de la continuidad del Estado del bienestar, se basa en una actitud profesional activa. Aunque la ayuda se prevea será para siempre, en muchos casos se combinan fatalmente la enfermedad crónica con la cronicidad de las dificultades sociales, dificultando ello la reinserción, el objetivo de los profesionales siempre debe ser rehabilitar a la persona y su entorno si lo tuviera. La optimización del Estado del bienestar pasa por lograr la independencia del máximo número de personas beneficiarias de las ayudas y servicios manteniendo las mismas inversiones o incrementándolas racionalmente y no política o emocionalmente.

La simplificación de los procesos y la evitación de duplicidades, todavía no se han tratado en serio. Se trata de mantener una actitud proactiva con respecto a los medios utilizados en las intervenciones profesionales y en vez de centrarse en lo mucho hecho, pasar a preguntarse ¿para qué ha servido ese «mucho hecho»?

¿Qué mejoras (tangibles y medibles) aporta la intervención de los trabajadores sociales sanitarios a la vida de las personas atendidas y a sus familias? De ahí a demostrar la relación positiva entre mejorar la calidad de vida de las personas y la optimización del Estado del bienestar hay un paso.

Barcelona, 29 de setiembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Políticos responsables de sanidad y Trabajadores sociales sanitarios: un tándem posibilitador para la salud

Dado que nos encontramos en el entorno del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario, en este blog mostramos a los profesionales aspectos relacionados con el desarrollo de la profesión. El texto que sigue invita a recuperar roles vinculados, por una parte, a la mejora y desarrollo de las políticas sanitarias y por la otra, a la promoción inteligente de programas y recursos para la reinserción y rehabilitación de las personas con problemas de salud. La promoción inteligente de los recursos se encuentra en el opuesto de la promoción partidista o subjetiva en la que suelen caer algunos políticos en época electoral, para muestra de ello infinidad de botones estos días. La promoción inteligente de programas y recursos es un acto racional, ético, y no una reacción emocional para tocar fibras y arrancar este voto preñado de falsas esperanzas. La promoción inteligente de programas y recursos siempre los hará sostenibles y la relación, inversión – beneficios sociales, será una realidad tangible para la ciudadanía y también para las arcas del Estado.

Los políticos y los trabajadores sociales sanitarios, deben trabajar juntos porque las personas a las que sirven y atienden son las mismas. Dicho esto, el asesoramiento a los políticos responsables de la sanidad, tanto en el plano estatal como autonómico y local se convierte en una cooperación fructífera y necesaria. Cuando cito a responsables políticos me refiero tanto a los que ostentan responsabilidades sanitarias de gobierno, como en la oposición, desde donde, también, se construye el bienestar social. Igualmente me refiero a los titulares de sanidad de los partidos quienes tienen en su haber la posibilidad de análisis, reflexión e influencia.

Como trabajadores sociales sanitarios no hacemos política, pero sí que debemos colaborar con los políticos porque son ellos los que tienen en su mano el desarrollo del sistema sanitario para el beneficio social. Paradójicamente, los políticos suelen carecer de la información psicosocial y de la formación necesaria para su interpretación, hablando siempre desde el ángulo del trabajo social sanitario. Son ellos los que tienen en su mano la materialización de nuestras propuestas, estas que basamos en las investigaciones y las evaluaciones periódicas para saber cómo nuestro ejercicio profesional genera bienestar y salud. La promoción de la salud pasa, entre otras estrategias, por motivar a las personas para que se cuiden, para que asuman hábitos saludables, para que sigan los tratamientos médicos. Con ello estas mismas personas se tornan agentes de prevención en su círculo inmediato. Las sociedades saludables son las que pueden generar riqueza en el amplio sentido de la palabra, no solo económica, también cultural, intelectual, personal. La atención a las personas para lograr su salud es un derecho, no un privilegio. Un derecho que, también garantizan las políticas sanitarias.

Como trabajadores sociales sanitarios, nuestras recomendaciones siempre se apoyarán en el conocimiento y en el método científico que es el que guía nuestros pasos para la generación de conocimiento, no en la intuición, ni la improvisación, o en los deseos. Es el conocimiento, y no la intuición, el que nos permite adelantarnos a los hechos, prevenirlos o evitar que empeoren. Y si bien nunca podremos adelantarnos un 100% nuestra intervención con las personas puede ser altamente efectiva si nutrimos los factores positivos.

Los trabajadores sociales sanitarios debemos abrirnos al mundo, al siglo XXI y ello implica identificar los stakeholders.[1]  El master está ampliando las miras profesionales. Los consultores vemos como día a días el discurso académico de los alumnos (que también son profesionales) se impone al discurso coloquial e ideológico. Ello nos llevará a abrir nuevos espacios de acción en donde el trabajo social sanitario vertebre acciones profesionales con acciones políticas, resultando un tándem posibilitador para la salud.

Barcelona, 15 de mayo de 2015 – Dolors Colom Masfret

[1] Newsletter Nº 5 – Otro punto de vista Noviembre 2009. La evolución del concepto stakeholders en los escritos de Ed Freeman. En línea [consulta 15 de mayo de 2015]

Que seamos los únicos no nos convierte en líderes, ser los mejores sí

El «liderazgo», un concepto desgastado en lo discursivo e ideológico pero valorado y aclamado en la praxis es una de las actitudes que desarrollamos en los alumnos del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario. Entre los objetivos del equipo docente y técnico, está que los alumnos a los que formamos se conviertan en los mejores dentro de su ejercicio profesional y que la aplicación del conocimiento adquirido, contribuya a incrementar las cotas de bienestar y salud de la población. En paralelo, aspiramos a que esta competencia se les reconozca dentro el sistema sanitario. Otra meta, además, es que los alumnos del Master sientan la responsabilidad otorgada por su saber y que, consecuencia de ello, desarrollen los recursos propios (intelectuales, comunicativos, teóricos…) para ejercer este liderazgo en sus respectivos lugares de trabajo. ¡Fuera complejos!

El desarrollo de líderes en el siglo XXI requiere que éstos se apoyen en los medios adecuados para que su acción sea correcta y ética. Los tiempos que vienen no serán tiempos de discursos que están todos dados, no serán tiempos de promesas que están todas hechas, serán tiempos de acción, de movimiento constatable, pero no de cualquier acción ni de cualquier movimiento, solo valdrá el que corresponda, el adecuado, como la llave corresponde a la cerradura. Cada realidad requiere intervenciones concretas y los trabajadores sociales sanitarios de Master se están formando para diagnosticar cada una de estas realidades individuales y comunitarias. No nos importan los problemas, nos importan las personas que sufren los problemas, cómo los resuelven, lo señaló Helen Harris Perlman.

No se trata de juntar rotos con descosidos,  ni el hambre con las ganas de comer, se trata de que las personas sean parte activa, real, no a modo de lema, y sientan también su responsabilidad, en lo que respecta a su salud y la de su familia, se refiere.

Sin duda, si existe una profesión que desarrolla esta responsabilidad personal es el trabajo social sanitario.

Ello, no porque sí, sino porque detrás de los profesionales bulle una formación que integra, racionalmente, lo social con lo sanitario tanto en lo individual como en lo comunitario. Detrás de cada profesional se encuentra un conocimiento que le permite discernir circunstancias, más que adivinarlas, y actuar sobre ellas para transformarlas, más que maquillarlas o esconderlas debajo de la alfombra de la burocracia. Algunas profesiones, el trabajo social sanitario es una de ellas, se desparraman sobre el todo, no son una sola acción actuando sobre una sola circunstancia. Por su naturaleza, no pueden ser uno, igual que un bodegón no es el pan, o la manzana, o la fuente de uvas, o las ciruelas… el bodegón es todo el conjunto de los elementos que lo componen. La naturaleza del trabajo social sanitario lo lleva a penetrar en lo laboral, lo familiar, lo relacional, la salud por supuesto, lo económico, los temores, las fortalezas, los anhelos… etcétera.

La combinación que en su saber empiezan a atesorar los trabajadores sociales sanitarios formados en el Master, también en el Postgrado, les permite situarse en la vanguardia profesional, innovando y promoviendo a las personas respetando su propia idiosincrasia y evitar a la vez que las organizaciones pierdan el Norte.

El hecho de que no haya otra oferta formativa oficial y reconocida en Estudios de Ciencias de la salud, ni en España, ni en Europa, ni en el Mundo, podría envanecernos a los que zarpamos en este barco y hacernos caer en la pretensión de que el Master por su unicidad, es la cuna de los nuevos líderes del Trabajo Social Sanitario.  Ni mucho menos. Para ello no es necesario ser únicos, si no ser los mejores.

El sistema universal por antonomasia es el sanitario pues todo individuo cuenta con un equipo de atención primaria de referencia, un equipo formado por profesionales de la medicina, de la enfermería y del trabajo social sanitario. Cuando los equipos están incompletos, que los hay, es responsabilidad de los otros miembros velar para lograr su completitud. No vale jugar a la multifunción, ni al pluralismo, ni al «no importa quien lo haga», porque sí que importa. Cada profesional se ha formado para una profesión determinada y si bien debe tener conocimiento sobre las otras dimensiones de la persona (el médico, la enfermera, sobre lo social y el trabajador social sanitario sobre lo médico) no puede intervenir sobre ellas. No debe, porque entonces damos entrada a los charlatanes, o a los vendedores de pócimas.

Felicidades a las alumnas y alumnos del Master que con su esfuerzo han llegado al ecuador de esta formación, hace poco inimaginable, que a día de hoy, después de dos semestres puedo decir, en muy poco tiempo, cambiará el panorama nacional, europeo y mundial. Lo puedo decir porque su evolución como estudiantes es real. Con sus particularidades, ninguno de ellos y ellas, son los mismos que empezaron en octubre o marzo. No queremos que sean los únicos, queremos que sean los mejores para que lideren con inteligencia los nuevos y buenos tiempos que esperan a la profesión y con ello al bienestar y salud de las personas.

Barcelona, 23 de julio de 2014 – Dolors Colom Masfret