El desarrollo de modelos fiables de intervención: Un reto del Trabajo Social Sanitario en el siglo XXI

Es un hecho que la sociedad está cambiando a gran velocidad. Sin embargo, ¿en qué medida lo están haciendo los modelos de intervención y gestión de trabajo social sanitario para ajustarse a esas nuevas realidades? ¿Los procedimientos y los protocolos se adecúan a estas nuevas circunstancias? ¿Dónde están los resultados que demuestran la efectividad de un modelo sobre otro? ¿Los modelos actuales responden al presente o por el contrario se alejan de él?

Si bien lo que le pasa a la persona enferma y a su familia suele variar poco, el desafío está en cómo se estructura la ayuda. Cabe la pregunta ¿en base a qué modelos se articulan las nuevas intervenciones sociales dentro de este mundo cambiante y digital?

El día a día de las personas enfermas y sus familias se debate entre circunstancias y actitudes personales y ambientes singulares. Ello particulariza el cómo encaran las soluciones para resolver las dificultades, cómo gestionan sus conflictos y la manera en qué tratan de resolverlos. La unicidad del individuo cobra protagonismo en la mayor o menor implicación para la solución o reducción de los problemas que le afectan. Es en estos contextos donde los trabajadores sociales sanitarios deben desarrollar nuevos modelos de atención en los que la fiabilidad sea un hecho empírico y tangible. Es hora de ceder el discurso de narración y prosa, a la estadística, a los números índice y a las matemáticas. Es hora de nutrirse de otras disciplinas afines que actúan sobre las mismas personas.

La intervención sobre lo nuevo necesita modelos nuevos o la reingeniería de los tradicionales. Ello, sin embargo, debe darse siguiendo el método científico, investigando la influencia de las nuevas variables relacionadas con las vivencias de la enfermedad. Urge promover investigaciones sobre los mejores procedimientos y protocolos de trabajo social sanitario más allá de la secuencia lógica de acciones, ello es centrando la atención en la resolución empática, en la efectividad de la intervención profesional y en el empoderamiento de la persona atendida puesto que en el siglo XXI, más que nunca, es ella quien asume el protagonismo principal en la solución.

En toda intervención desde el trabajo social sanitario es imprescindible dar un salto cualitativo: además de identificar las partes y protagonistas del caso social, se debe comprender cómo se afectan e influyen, qué emociones desprenden. De esta forma se podrán desarrollar modelos fiables con conjuntos de acciones deliberadas, antes probadas, en busca de la mejor intervención, la que prestará la mejor ayuda.

Es preciso evitar que las dificultades, los elementos adversos, se instalen definitivamente en el vivir de la persona afectada, de su familia. Se debe impedir que las personas se adapten, se sometan, se acostumbren a sus problemas y en vez de resolverlos o afrontarlos, les den continuidad, dando continuidad también a las demandas de ayuda.

En cada intervención, el profesional debe ser consciente de lo que ha ocurrido, de lo que ha mejorado en el núcleo de intervención, qué se ha logrado en términos de bienestar para poder reproducir la acción completa en casos de perfil similar. Con esta información de cada caso social y con el tiempo, se contará con la base del modelo.

Imagínese dos series de acciones estratégicamente combinadas, «serie A» y «serie B», ambas orientadas a evitar la anulación de visitas sucesivas. ¿En qué medida la serie “A” implica mejores resultados en bienestar de la persona que la serie “B”? Por ejemplo, una vez mantenida la primera entrevista hay dos opciones. En la «serie A» se espera a la nueva visita para cualquier tipo de contacto. En la «serie B» se establecen contactos de carácter breve, vía teléfono, vía correo-e, etcétera, para mantener a la persona vinculada a los acuerdos propuestos mientras se espera a la siguiente entrevista. En este contacto de carácter breve el trabajador social sanitario centrará el interés en el estado de ánimo actual de la persona, se interesará por si se ha dado algún avance en su percepción, etcétera. Esta acción ¿mejora la empatía hasta el punto de garantizar la segunda entrevista? Seguro que sí aunque en estos momentos es solo una hipótesis.

En el post anterior se dedicaron unas breves reflexiones al Big Data dentro del Trabajo Social Sanitario. Además de lo señalado, el Big Data diseñado adecuadamente, permite identificar acciones tácticas que implican a la persona en la generación de su propio bienestar, acciones deliberadas para vincularla de nuevo a aquello y aquellos que forman parte de su red social de apoyo. Cuando los parámetros de los sistemas de información se registran correctamente, permiten observar acciones y reacciones, causas y efectos que con el tiempo configurarán un nuevo modelo de intervención más fiable.

Es preciso que los profesionales, todos, no solo los del trabajo social sanitario, tomen decisiones basadas en el conocimiento no en lo opinable. Todo profesional interviene de una determinada forma porque conoce (vía experiencia, vía aprendizaje) los efectos de esta forma de intervención, la cual debe significar mejores resultados que cualquier otra.

Las intervenciones automáticas, reactivas, sin diagnóstico social sanitario, alimentan el prejuicio, lo hipotético, lo superfluo, por ello apremia la intervención racional, estratégica, aplicando las tácticas que cada situación requiere para subsanar las dificultades psicosociales generadas por la enfermedad de la persona. El desarrollo de modelos fiables de trabajo social sanitario permitirá incrementar las cotas de bienestar de las personas atendidas en el sistema sanitario y sus familias a la vez que optimizar los mismos recursos, informales y formales, empleados en la intervención.

Barcelona 25 de junio de 2017 – Dolors Colom Masfret