Día Mundial del Trabajo Social: imaginando el Doodle de Google

Ayer imaginaba que hoy los trabajadores sociales nos levantaríamos con una sorpresa: un Doodle en Google. No ha sido así… Oh! En fin… Quizás el año que viene… Por favor señores de Google, piensen en nuestro Doodle, por la relación que mantenemos a diario con sus medios, nos merecemos un Doodle.

Quizás en Google no saben, tampoco tienen porqué, que una de las profesiones más magnificas del Mundo es el Trabajo Social, Treball Social, Traballo Social, Gizarte Lana… Trabalho Social, Social Work, Travail Social, Soziale Arbeit… y podría seguir porque el Trabajo Social está presente allá en donde hay personas que necesitan alguna ayuda. En sus enormes bases de datos señores de Google encontraran mucho sobre Trabajo Social.

Menuda profesión. Cuando las personas que necesitan ayuda se encuentran con la nada, cuando el olvido parece cebarse con los más frágiles, seguro que cerca se encuentra un trabajador social, o varios, tratando de cambiar realidades y percepciones. Si sabemos que ante las dificultades el primer recurso en la vida de uno, es uno mismo, también sabemos que el segundo recurso es el trabajador social, él o ella. Son muchas las «ellas» que componen la profesión pero cada vez son más los «ellos» que se unen a esa manera de crear un mundo en el que los problemas evitables (prevención primaria) se eviten (acción, acción, acción) y las personas vivan y disfruten de su máxima autonomía (solución). Este mundo existe, no es una entelequia. ¿Dónde, dirá alguien? Pues en cada despacho de trabajo social hay uno.

Felicidades y gracias a los profesionales del Trabajo Social. Sí, hoy es el Día Mundial del Trabajo Social, de los Trabajadores Sociales, en mayúsculas. Aunque no tengamos Doodle en Google y aunque para muchas personas que han recibido ayuda de trabajadores sociales, ese día pase desapercibido. Nos gusta celebrarlo y explicarlo.

Gracias a los trabajadores sociales que han escogido esta profesión y no otra, gracias por dar rienda suelta a su vocación en tiempos de hielo y fuego, de pobreza que generando riqueza, no logra desaparecer… de… faltan nuevas palabras para describir los tiempos actuales pero no importa: ahí está el Trabajo Social capaz de enfrentarse a monstruos, o lo que sea, sin nombre.

Gracias a los trabajadores sociales por estar y seguir cuando no queda nadie o casi nadie, gracias por alimentar con su presencia, su esfuerzo y tenacidad, los vacíos y déficits del sistema. Gracias por nutrir con su energía psíquica, esa que mueve montañas, los ánimos e interior de las personas con dificultades, con interrupciones vitales, ayudándolas a ayudarse, a descubrir que la primera solución está dentro de sí.

Gracias a los trabajadores sociales por saber combinar el arte de la atención con el método científico, por saber ganar, día a día, capacidad resolutiva, por sacar de donde no hay y poner donde no cabe, por desarrollar su creatividad e ingenio al servicio de la sociedad. También, gracias por su firmeza, cuando se precisa, ante quienes con responsabilidades hacen dejación de ellas.

En definitiva, gracias por estar, ser y seguir ahí, porque ello significa que en este Mundo que se deshilacha, la esperanza sigue viva.

Para finalizar, gracias a los estudiantes de trabajo social que desbordando juventud, sienten la vocación, la fuerza para tomar el relevo y así, dar continuidad a la profesión y seguir mejorando el Mundo. No es una pretensión, es una responsabilidad.

Barcelona, 21 de marzo de 2017 – Dolors Colom Masfret

El placer de leer a las pioneras del trabajo social sanitario

Hace más de un siglo, profesionales de consultorios y hospitales verificaron que la vivencia de la enfermedad, el entorno de la persona enferma, su capacidad económica, influían en el incumplimiento (o cumplimiento) terapéutico. Profesionales que en su día a día veían cómo algunas personas carecían de posibilidades y recursos propios para seguir con las indicaciones que ellos les daban para mejorar su salud y alcanzar un mejor bienestar. Fueron médicos como William Osler, Charles P. Emerson y Richard C. Cabot, en especial este último, quienes llevaron al terreno de la medicina moderna el estudio de los aspectos psicosociales de la enfermedad como hoy la conocemos.

Desde 1905 con la creación de la primera plaza de trabajo social hospitalario, la profesión empieza a desarrollarse como lo hacían las profesiones con las cuales convivía, siguiendo el método científico en la validación de los métodos aplicados. Con sus conocimientos, investigaciones, observaciones, sembraron el camino del que hoy nos nutrimos como herederos de sus enseñanzas. Nos dejaron sus teorías, métodos, modelos y a día de hoy siguen siendo esenciales. Nos enseñaron a comprender el trabajo social sanitario y nos enseñaron a diferenciarlo de otras expresiones de ayuda. La profesión nació y se instauró para estudiar las realidades psicosociales de personas enfermas, de sus familias, para diagnosticarlas y para intervenir. Las pioneras detallaron sus pasos y nos dejaron metodologías de trabajo refinadas para el abordaje de las densidades humanas.

Sus textos están ahí. En cada lectura es inevitable sentir que se toca la esencia del trabajo social sanitario, uniéndose a ello un sentimiento de pertenencia a una profesión que desde sus inicios ha marcado diferencias con otras en las que las personas, los protagonistas, asumen un papel más pasivo.

La experiencia de los últimos años, primero en el postgrado y ahora con el máster de trabajo social sanitario muestra el entusiasmo que genera en la mayoría de estudiantes ese vínculo con lo que es su historia, el encuentro con textos escritos por los médicos que pensaron el trabajo social sanitario y por las primeras trabajadoras sociales hospitalarias.

El dicho «la historia se repite» a cierta edad deja de ser dicho y se convierte en hecho. Cada equis tiempo «la historia se repite» y es entonces cuando el conocimiento de lo ocurrido aquellos primeros años, el sumergirse en las razones y causas que gestaron, por aquel entonces, esta nueva profesión, permite reconocer con gran rapidez escenas que se superaron y también identificar el cómo se superaron. Este conocimiento de la  historia de la profesión permite acceder a sus réplicas y defensa de los derechos de las personas vulnerables y frágiles.

La mayoría de las veces es un placer leer, o releer, argumentos que años atrás desovillaron estrategias para enfrentarse a grandes problemas sociales relacionados con la enfermedad y su vivencia. La argumentación asumida como el ejercicio de razonar sobre una idea, apoyar un proyecto, desarrollar una propuesta, promover una intervención, etcétera, debe ganar actores y desde la universidad tenemos la responsabilidad de motivar a los alumnos para adentrarse en las lecturas de los textos de las pioneras, auténticos andamios con los que se construye el presente. Esta vinculación con la historia de su profesión fortalece sus recursos personales para, ante adversidades organizativas, seguir actuando como trabajadores sociales sanitarios.

Puede que llegue un día en el que las instituciones sanitarias estén tan revueltas y deshilachadas que obligue a los trabajadores sociales sanitarios, ellos y ellas, a retroceder a escenarios que creíamos superados y resueltos.

Barcelona, 31 de enero de 2017 – Dolors Colom Masfret

En el Día Mundial de los Cuidados Paliativos un agradecimiento a sus equipos interdisciplinares que tanto sufrimiento evitan

Primero agradecer a la Sra. Catalina Pérez Moreno, Trabajadora Social Sanitaria del Equipo de Cuidados Paliativos de Badajoz y Llerena- Zafra la invitación para poder contribuir a sumar voces al Plan de Sensibilización de los Cuidados Paliativos.

La iniciativa surgida de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) y la Asociación Española de Enfermería en Cuidados Paliativos (AECPAL) permite reflexionar sobre ese momento final en el que los afectos y la ciencia deben aliarse para permitir a la persona enferma morir como persona y a la vez evitarle el máximo sufrimiento físico y psíquico.

Allá dónde se encuentra una persona al final de su vida, suele haber una familia, unos allegados que sufren el paso de los días, amigos y familiares que se debaten entre la necesidad de entereza y la desolación que provoca la pérdida inevitable del ser querido.

Los equipos de cuidados paliativos en su interdisciplinariedad atienden los aspectos físicos y orgánicos de la enfermedad, los aspectos emocionales que de ella se desprenden y los aspectos psicosociales que ella genera tanto en la persona protagonista como en su familia, en el caso de ésta última, tanto en el durante, como en el después. Están ahí ayudando y apoyando para que el duelo de las partes resulte curativo.

Los profesionales, ellos y ellas, de equipos de cuidados paliativos, además de aplicar sus conocimientos técnicos para calmar el dolor físico y psíquico, en paralelo han aprendido  y desarrollado habilidades comunicativas y de relación esenciales para que la persona se sienta persona aún con vida a pesar de que ésta se le escape. Ayudan a la familia a desmenuzar todas las emocionas y sentimientos que brotan de sus diferentes estados de ánimo.

Desde el Master Universitario de Trabajo Social Sanitario de la UOC nos unimos a esa labor de Sensibilización de los Cuidados Paliativos y podemos decir que formamos específicamente a nuestros alumnos y alumnas para que su ejercicio profesional, en los equipos de cuidados paliativos, responda a la máxima calidad técnica y cualidad humana.

También, desde la Sociedad Científica Española de Trabajo Social Sanitario (SCETSS) de reciente creación y en fase de puesta en marcha, nos unimos a esta iniciativa.

Barcelona, 8 de octubre de 2016 – Dolors Colom Masfret

La precaria atención social en los cuidados paliativos en la sanidad pública

Las personas que padecen cáncer en fase terminal pueden experimentar problemas psicosociales graves cuyos efectos disruptivos también alcanzan a sus familiares. Las dificultades de los pacientes y las de sus familias se multiplican  al aumentar la necesidad de cuidados y por el enorme impacto emocional que supone afrontar el fin de la  vida o la pérdida del ser querido; abordar esta complejidad, en las distintas dimensiones presentes, física, psíquica, social y espiritual, requiere una atención paliativa especializada en el marco de un equipo multidisciplinar.

El derecho a recibir  atención paliativa está reconocido en la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud (2003) y también se contempla en la Cartera de Servicios Comunes del sistema sanitario.  Para llevarla a cabo, se han ido creando unidades hospitalarias y equipos de cuidados paliativos domiciliarios que son potenciados por la asistencia prestada desde la atención primaria, pero su desarrollo  ha sido desigual  puesto que, actualmente, sólo el 50% de los pacientes terminales en España tiene acceso a estos servicios.

En esta atención paliativa el  abordaje  de la dimensión social ofrece deficiencias igualmente  considerables; según un informe de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, hecho público recientemente, sólo el 25% de los dispositivos cuentan con una trabajadora social; el 48,1% de las profesionales no tiene formación avanzada y un 50% debe compaginar esta actividad con sus cometidos en otros equipos o servicios. El trabajo social en este ámbito es claramente insuficiente, con una media de 1 trabajador social por cada 226.332 habitantes; esta escasa representación es aún más considerable en comunidades como Aragón (439.282) Navarra (640.476) o Castilla-La Mancha (1.000.000). A pesar de la tendencia creciente a incorporar a estas profesionales a los equipos de cuidados paliativos no deja de ser preocupante que se esté produciendo básicamente bajo la fórmula del convenio con entidades privadas. Esta forma de inclusión aleja a las trabajadoras sociales del resto de profesionales sanitarios desaprovechándose las sinergias que se generan en los equipos asistenciales, por lo que las actuaciones  quedan al margen  y a criterio de otros.

Frente a este estado de cosas, la formación especializada en trabajo social sanitario proporciona a las trabajadoras sociales un corpus teórico común que sirve de elemento homogeneizador de la práctica, en el abordaje del cáncer en general y en los cuidados paliativos en particular, en los distintos ámbitos asistenciales. Las intervenciones deben estar fundamentadas en un diagnostico social sanitario, instrumento propio y exclusivo de estas profesionales; los procedimientos y los procesos a seguir en cada caso deben establecerse previamente, así como es obligado identificar los servicios que prestan las trabajadoras sociales  sanitarias, en una práctica basada en la evidencia. Paralelamente, hay que generar estudios   clínicos para poder sustentar la incorporación de trabajadores sociales sanitarios a los equipos asistenciales. No hay atajos, se trata de un esfuerzo titánico, para  las profesionales saturadas  por múltiples demandas, pero necesario  ya que sin este impulso no será posible alcanzar un verdadero reconocimiento ni el deseado desarrollo de la profesión en el sistema sanitario público.

Santa Cruz de Tenerife, 28  de julio de 2016- María C. Abreu

 

El trabajo social sanitario ante la medicalización de los problemas sociales

Los psicofármacos constituyen la principal herramienta para tratar a las personas que padecen ansiedad y depresión. Debido a que los estudios vienen señalando las limitaciones de este abordaje las sociedades científicas reclaman que su uso debe darse en combinación con las terapias psicológicas. La efectividad de las intervenciones psicológicas en el tratamiento de la depresión,  y en el de la ansiedad asociada, cuenta con una abundante evidencia en un amplio espectro de enfermedades (por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual en pacientes con cáncer). En 2007, una revisión sistemática de la efectividad de estas terapias, realizada por la Cochrane, determinó que había  una respuesta clínica favorable en un 46% de los pacientes que fueron tratados con terapia cognitivo-conductual, si bien faltan estudios sobre sus efectos a largo plazo. Con respecto  a las psicoterapias de base psicodinámica  y las terapias de apoyo aún es necesario seguir investigando. La guía NICE recomienda la autoayuda guiada basada en la terapia cognitivo conductual, el asesoramiento (counseling) y la psicoterapia breve. Igualmente, las técnicas de relajación han mostrado efectos beneficiosos en la reducción de la ansiedad y del estrés psicosocial que suelen ir asociados a la depresión, mientras que otras investigaciones, aún no concluyentes, señalan la efectividad del ejercicio físico en el abordaje de la depresión leve y moderada en un programa estructurado de ejercicio grupal.

Lo que  esta situación pone de manifiesto es la supremacía del modelo biomédico de atención  a la ansiedad y depresión, en cuya génesis y desarrollo los factores socioeconómicos tienen un peso relevante dándose una mayor prevalencia en personas con bajo nivel de cualificación y de ingresos.   Pero lo que ha ocurrido es  que se han trasladado las causas, antes atribuidas a factores sociales y del entorno, a los factores genéticos y a determinadas deficiencias neuroquímicas del cerebro. Si estas disfunciones tienen una base orgánica pueden ser entonces corregidas o, al menos paliadas, con la prescripción de fármacos. Lo que ha conducido, por extensión, a la medicalización del cualquier sufrimiento originado por la pobreza, la desigualdad social, el maltrato e incluso del malestar  derivado de las demandas de la vida cotidiana.

El modelo biomédico es considerado como el único enfoque posible de atención a la enfermedad y al malestar psicosocial  detentando una abrumadora hegemonía académica, científica e institucional. Debido a la supremacía de este modelo, el trabajo social sanitario es constreñido y forzado a una presencia marginal en las instituciones sanitarias  limitándose mayormente a actuaciones puntuales cuando los efectos de los problemas sociales en las personas alcanzan una dimensión de gravedad.

Los propios trabajadores sociales sanitarios pueden contribuir a reforzar esta supremacía mediante la sumisión a sus postulados, ejerciendo un papel más paternalista  con los usuarios y promoviendo el tratamiento con psicofármacos como la única opción terapéutica. Frente al determinismo y al individualismo inherente al modelo biomédico, los trabajadores sociales sanitarios otorgan mayor relevancia al estudio de la tensión dinámica que existe entre la psique y el entorno. El procedimiento para el abordaje es la aproximación individual, propiciando el insight y la valoración del entorno y las redes sociales del individuo. En el modelo psicosocial la acción puede desarrollarse desde las tres dimensiones propuestas por Hamilton, es decir, desde la atención directa, del abordaje del entorno y desde la administración y gestión de apoyos (gestión de caso). El trabajo social sanitario puede ayudar a las personas a mejorar sus mecanismos de afrontamiento y también ofrecer atenciones tempranas y preventivas, actuando sobre los determinantes sociales de la salud. Algunos estudios (Fraser et al, 2004; Hawkins, 2009; Leroy, 2004) van dirigidos a demostrar la efectividad de este tipo de intervenciones en la auto regulación de las emociones, el incremento de la conducta prosocial en los jóvenes, la calidad de las relaciones interpersonales etc. La cuestión es que los presupuestos sanitarios son cada vez más elevados mientras paralelamente disminuyen aquellos destinados a programas sociales preventivos.

Santa Cruz de Tenerife, 25 de febrero de 2016 – María Concepción Abreu Velázquez

El trabajo social sanitario, los políticos de los nuevos partidos y de los no tan nuevos

Las alianzas de colaboración entre profesionales, trabajadores sociales sanitarios, y políticos del área de salud, son indiscutibles. Otro asunto es que en la práctica sean mínimas, pero el potencial está ahí. Unos necesitan de los otros y los otros necesitan de los unos. Los trabajadores sociales sanitarios necesitan de los políticos para desarrollar programas y servicios adecuados a las nuevas necesidades que se van detectando, y los políticos necesitan de los trabajadores sociales sanitarios para acertar en la puesta en marcha de nuevas líneas de políticas sociales y de salud adecuadas a los tiempos que se van desplegando en el día a día.

Los primeros, los profesionales, permanecen en el tiempo porque su camino es, precisamente, profesional, vocacional, investigan realidades, generan conocimiento, ponen de relieve evidencias para evitar el malestar y promover el bienestar, forman a nuevos profesionales para seguir indagando y desarrollando las diferentes teorías. Los segundos, los políticos, quedan sujetos a variables más inciertas, pero que no dependen totalmente de ellos, la más clara es el voto ciudadano, la confianza de los otros miembros del partido  y, por tanto, por largo que sea su tiempo, su paso por la política, caduca. Sus obras, sin embargo, sus aportaciones, lo que su paso por la política significó para la sociedad, para bien o para mal, quedan ahí.

Tanto para bien, como para mal, los trabajadores sociales sanitarios pueden aportar mucho, promoviendo y motivando acciones que resulten más benéficas que dañinas, alertando de los problemas que pueden suponer determinadas decisiones tomadas al albur del instinto.

En este mismo blog, en otras ocasiones se ha señalado la necesidad de establecer alianzas con los políticos responsables del área de bienestar y salud. Determinadas decisiones pueden suponer grandes alteraciones del bienestar a la vez que incrementar indirectamente los costes asistenciales. Cada uno, individualmente, tenemos una responsabilidad ética en no malversar los recursos materiales, humanos y económicos que el sistema público pone a nuestro alcance para intervenir y ayudar a las personas enfermas y sus familias.

Por ejemplo, para pasar al terreno de lo práctico, cuando el diagnóstico social sanitario de una persona dada de alta de un hospital de agudos revela entre otras circunstancias adversas, un alto riesgo de incumplimiento terapéutico, en paralelo, el mismo diagnóstico señala la falta de apoyos informales para velar por la correcta toma de medicación, en muchos casos ello significará la prestación de un «servicio de apoyo psicosocial para concienciar a la persona de la necesidad de seguir las pautas de tratamiento» y para completar este servicio que presta el trabajador social sanitario, seguramente, éste precisará el apoyo de un «recurso de atención a domicilio» que in situ, por unos días, asegure la correcta toma de medicación y realice una educación a la persona. La carencia de este recurso ¿Qué supone? La imposibilidad de acceder a él desde el mismo momento en que la persona regresa a su casa, significa que el «incumplimiento terapéutico» será un hecho, y se sabe a priori. Significa que la persona se desestabilizará de nuevo y, probablemente, deba reingresar por urgencias, a veces, en condiciones deplorables, y se sabe a priori. Como puede verse, se trata de una realidad adversa que deriva de la falta de acceso a un recurso, pero además, conlleva un sobrecoste añadido innecesario pues no sirve para mejorar la asistencia si no para paliar un déficit de asistencia. Una realidad previsible e indicada en el diagnóstico social sanitario pero sobre la cual no se puede intervenir desde lo social. Si ello se repite debe ponerse en conocimiento de la dirección pero también del político responsable.

Los políticos, ellos y ellas, deben promover el bien común, pero esto no sucede de manera espontánea o azarosa, ello se garantiza mediante la información necesaria para evaluar el contexto sobre el cual se pretende actuar para paliar los déficits.

Como ciudadano, cada profesional atesorará sus propias ideas políticas, pero como profesional éstas pasan a diluirse porque las decisiones se basan en evidencias y deben probarse como las más benéficas de todo el set de posibilidades al alcance.

Uno de los primeros paradigmas que se asumen en casi todas las áreas de lo psicosocial y lo cultural, es el de la dinámica del vivir: dinámica social, dinámica familiar, dinámica laboral, dinámica económica, dinámica emocional, etcétera. El ser vivo, por el mero hecho de vivir, está sujeto a la dinámica y al cambio. El existir es dinámico y como tal, los profesionales dedicados al trabajo social sanitario en particular, también deben reorganizarse, replantearse nuevas fórmulas, en definitiva a repensarse sin que ello signifique falsificarse como trabajadores sociales sanitarios.

Al hablar de una disciplina, de una profesión, es preciso apoyarse en instrumentos que identifiquen los valores y pesos específicos de los efectos de dicha dinámica para que con el tiempo se esté en disposición de dibujarla y, en gran medida, preverla cuando se vea displicente, negativa, insana poniendo en riesgo la salud de las personas y, potenciarla, cuando, por el contrario, mejore el bienestar y la salud.

La alianza entre trabajadores sociales sanitarios y los políticos es una responsabilidad de todos porque ambos se necesitan y se complementan. Los políticos, ellos y ellas, que reducen la intervención desde el trabajo social sanitario a trámites, contribuyen directamente al colapso del Estado del bienestar y si su solución es alimentar los recortes, deben saber que ha sido su acción política la que los ha propiciado. Pero los trabajadores sociales sanitarios que reducen su intervención a estos trámites, también son cómplices del colapso.

Barcelona, 30 de noviembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios grandes optimizadores de recursos humanos, técnicos, institucionales y comunitarios

El orden de los factores citados en el título es irrelevante pero todos ellos son componentes de la sostenibilidad del Estado del bienestar cuya continuidad está en serio riesgo de romperse. Los logros alcanzados hasta el inicio de la actual crisis, año 2008, año tras año, van menguando. Ocurre poco a poco, casi imperceptible para el gran público, muy notorio para las personas clientes de los servicios profesionales sanitarios y sociales. Si bien leyendo textos profesionales de hace años, esta afirmación ya era una constante, hoy no debe tomarse como una repetición más. No es retórica literaria, ni una banal siembra de inquietudes, es un hecho empírico abalado por el adelgazamiento de los programas y servicios de apoyo, siendo las crecientes listas de espera, las crecientes dificultades para acceder a los recursos existentes un buen argumento para aceptar la credibilidad y gravedad del asunto. Cierto es que todo ello, muchas veces, va acompañado de un mal uso de dichos programas y servicios. Un mal uso porque algunos profesionales del sistema sanitario los proponen como finalistas y no como mediadores entre una situación con dificultades y la situación anhelada en la que éstas, con ayudas y apoyos, se superan.

Los trabajadores sociales sanitarios, sin embargo, tenemos en nuestra mano cambiar dicha derivada, asumiendo el rol original de agentes de cambio y promotores de recursos, pero también el rol de optimizadores dichos recursos, humanos, técnicos, familiares y institucionales y comunitarios. Esta responsabilidad nuestra es ineludible. Los trabajadores sociales sanitarios son transmisores de valores sobre el uso del Estado del bienestar a la sociedad en general y a las personas atendidas en particular. Ahora el Estado del bienestar está realmente en riesgo siendo su financiación el principal hándicap.

Por ello la concienciación sobre el uso adecuado de los recursos debe ser parte de las intervenciones psicosociales para transmitir a la persona y su familia la tranquilidad de saber que la ayuda está ahí disponible mientras la necesite pero, a la vez, asumir que cuando dicha necesidad desaparezca, se prescindirá de ella.

Lejos del corporativismo y sí por la convicción sostenida por resultados de experiencias sobre el terreno, sostengo la hipótesis de que si existe una profesión con profesionales capaces de optimizar el Estado del bienestar, de administrarlo y de implicar a las personas en dicha administración y su buen uso, ésta es el trabajo social sanitario. Claro está, entendido éste, como el conjunto de intervenciones tangibles e intangibles, apoyadas siempre en un diagnóstico social sanitario, o un pre diagnóstico, e implicando, en la recuperación y la reinserción, a las personas afectadas, la cuales comparten los objetivos terapéuticos de reinserción. Y claro, implicando a sus familias, ello si el diagnóstico social sanitario no indica lo contrario. Sabemos que la familia no siempre es una ayuda ni una solución a los problemas, por lo tanto, debe estudiarse y valorar los efectos positivos o negativos.

Por principio, ninguna persona puede ser apartada de participar en su propio cuidado (aunque su colaboración sea mínima y esta participación implique más tiempo para el profesional). Sea por pasividad o por desinterés, por decepción o melancolía, nadie puede ser apartado de participar en las acciones programadas para su propia mejora, o desarrollo personal, se añade, siempre y cuando sus capacidades se lo permitan. Ninguna persona invadida por la pasividad ante sus circunstancias, debe quedar reducida a ejecutar sin más, las indicaciones que se le puedan facilitar.

La continuidad del Estado del bienestar se encuentra pues en manos de todos, tanto de las personas beneficiarias en algún momento de su vida como de los profesionales, principales prescriptores de servicios y ayudas para recuperar y reinsertar a quienes se encuentran con dificultades. Y de los políticos pero en este caso los profesionales deben comunicar sus propuestas y recomendaciones técnicas.

Parte de la continuidad del Estado del bienestar, se basa en una actitud profesional activa. Aunque la ayuda se prevea será para siempre, en muchos casos se combinan fatalmente la enfermedad crónica con la cronicidad de las dificultades sociales, dificultando ello la reinserción, el objetivo de los profesionales siempre debe ser rehabilitar a la persona y su entorno si lo tuviera. La optimización del Estado del bienestar pasa por lograr la independencia del máximo número de personas beneficiarias de las ayudas y servicios manteniendo las mismas inversiones o incrementándolas racionalmente y no política o emocionalmente.

La simplificación de los procesos y la evitación de duplicidades, todavía no se han tratado en serio. Se trata de mantener una actitud proactiva con respecto a los medios utilizados en las intervenciones profesionales y en vez de centrarse en lo mucho hecho, pasar a preguntarse ¿para qué ha servido ese «mucho hecho»?

¿Qué mejoras (tangibles y medibles) aporta la intervención de los trabajadores sociales sanitarios a la vida de las personas atendidas y a sus familias? De ahí a demostrar la relación positiva entre mejorar la calidad de vida de las personas y la optimización del Estado del bienestar hay un paso.

Barcelona, 29 de setiembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Por su naturaleza el trabajo social sanitario se inscribe jerárquica y funcionalmente en el sistema sanitario, no en los servicios sociales

Así es, el trabajo social sanitario por lógica, eficiencia, eficacia y efectividad se inscribe dentro del sistema sanitario. La profesión nació en el sistema sanitario porque había que satisfacer necesidades sociales de las personas enfermas y de sus familias, cuando estaban en el hospital, había que transformar sus comunidades y hábitos de conducta nocivos e insanos en saludables. Todo ello aplicando los conocimientos y siguiendo el método científico. El espacio natural del trabajo social sanitario es el sistema sanitario, no los servicios sociales.

Sin embargo, de vez en cuando, sale algún pseudoiluminado con la idea de que los trabajadores sociales sanitarios deberían pertenecer al sistema de servicios sociales. Me pregunto porque no al revés.

La insinuación, descartando la mala fe y las ansias de acaparar poder, solo indica un hecho: el pseudoiluminado de turno desconoce las competencias del trabajo social sanitario, sus responsabilidades con relación a las personas que atiende y con relación a los otros profesionales con los que trabaja en equipo. Pero cuando este pseudoiluminado de turno ocupa un cargo de representatividad y es él quien media entre los profesionales y las instituciones el cotarro está servido. Dicen que «cuando el río suena agua lleva» y francamente, desconozco donde están las fuentes que abastecen de nuevo ese riachuelo de que el trabajo social sanitario debería depender de los servicios sociales, pero me ha llegado su run, run.

Hace unas semanas inopinadamente llegó a mí un rumor de que por lo visto en algunas esferas profesionales del trabajo social se está desenterrando el discurso cerrado hace años.

A pesar de ese run, run inoportuno e insensato, hoy en pleno agosto del 2015, no por suerte, si no por muchos años de esfuerzo y estrategias acertadas de muchos profesionales del trabajo social sanitario, las cosas son muy distintas a ocasiones anteriores. Antes, el run, run, estremecía porque no teníamos casi asideros a los que sujetarnos. Hoy los trabajadores sociales sanitarios contamos con un título oficial de trabajo social sanitario que modifica nuestra realidad y debería blindarnos ante tales elucubraciones si es que llegan a instancias superiores. Sin embargo, no podemos confiarnos, nunca nada resulta seguro en un cien por cien.

Es un hecho que el Master Universitario de Trabajo Social Sanitario está adscrito a Estudios de Ciencias de la salud, lo que lo vincula al sistema sanitario y toda la legislación sanitaria actual contextualiza a sus profesionales dentro de unas coordenadas singulares que responden a las necesidades, valores y principios del sistema sanitario ello sin olvidar los valores y principios del trabajo social sanitario.

Otro hecho relevante que parece olvidarse es que los trabajadores sociales sanitarios fueron contratados en el sistema sanitario muchos años antes de que los servicios sociales existieran. Ello permite, insisto de nuevo, revertir el run, run y preguntarse ¿por qué no son los trabajadores sociales de los servicios sociales los que se integran en el sistema sanitario? Seguro que todas las personas y familias atendidas por los servicios sociales lo están también por su médico de familia. Ahorraríamos recursos y evitaríamos duplicidades. Invito a reflexionar sobre ello.

Si hay un profesional que esté en contacto con toda la población es sin duda el médico de familia junto con los profesionales que integran los equipos básicos, enfermería y trabajo social sanitario. Todas las personas acuden alguna vez a su médico de cabecera. ¿Entonces?

Parece que la serpiente ha puesto nuevos huevos y las pequeñas sierpes vuelven otra vez a sentirse tentadas por el viejo debate, harto superado, sobre si los trabajadores sociales sanitarios deben pertenecer al sistema sanitario o al sistema de servicios sociales.

No dejemos que nuestro pensamiento se empobrezca, no caigamos en lo obsoleto. Pero si realmente el run, run gana caudal, si se abre de nuevo el debate, los trabajadores sociales sanitarios tendremos que replantearnos muy seriamente en qué manos está la representatividad actual del trabajo social sanitario.

Uno puede abrir una zanja de quince metros de profundidad o quince zanjas de un metro de profundidad, es evidente que en el segundo caso no se llega  a ninguna parte aunque uno se pase la vida cavando zanjas, mientras que en el primer caso hay más posibilidades.

Las profesiones avanzan y se desarrollan manteniendo las coordinadas y nomenclaturas básicas estables que no estáticas. Una profesión, una disciplina, no puede quedar al albur de gentes que en vez de representar a los profesionales se representan a ellas mismas sacando sus propios réditos pero arrastrando a un colectivo a la precariedad. La representación no significa que los representados pierden su identidad y asumen la del representante, significa que el representante respeta el trabajo hecho por los representados y vela para ayudarlos a ganar opciones de crecimiento y desarrollo, no a perderlas.

Barcelona, 21 de agosto de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario: más próximo a poder reiniciar gestiones para el reconocimiento de profesión sanitaria

En julio se gradúa la primera promoción de Masters Universitarios en Trabajo Social Sanitario y este hecho, tangible, cambia el escenario en el que nos hemos estado moviendo hasta ahora. ¿Por qué? Porque satisfacemos uno de los requisitos que señala la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias, el más difícil, el que se presentaba como imposible, el contar con un Título Universitario Oficial dentro de Estudios de Ciencias de la Salud, hecho que es una realidad. Véase la Resolución de 2 de octubre de 2014, de la Secretaría General de Universidades, por la que se publica el Acuerdo del Consejo de Ministros de 26 de septiembre de 2014, por el que se establece el carácter oficial de determinados títulos de Máster y su inscripción en el Registro de Universidades, Centros y Títulos. Pág. 84669.

Recordemos la aplicación de este punto en base a la sentencia 077/2011 del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña cuando denegó que los trabajadores sociales sanitarios del ICS fueran reconocidos como profesionales sanitarios.

Señaló la juez en la sentencia refiriéndose a los trabajadores sociales sanitarios: «…tal personal se hallaba englobado dentro del personal sanitario como –asistentes sociales de atención primaria– […] Pero la regulación posterior no deja duda alguna de su consideración como personal no sanitario, pues tales asistentes sociales (ahora denominados trabajadores sociales) no se hallan dentro de las profesiones sanitarias de nivel de licenciado ni de nivel diplomado». Así era y sigue siendo, de momento no tenemos título reconocido en este plano.

Pero la sentencia seguía: «…sin que a ello pueda meramente oponerse la posibilidad de hacer uso del apartado tercero del artículo 2 de la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de reordenación de las Profesiones Sanitarias, pues ello requeriría que se dieran las circunstancias allí previstas, tanto por razón del contenido, de titulación y regulación, y previsión legal que aquí no concurren. En este sentido, y como ya destaca la Administración demandada, la propia Exposición de Motivos de la Ley anteriormente citada, ya subraya que –en esta Ley se reconocen como profesiones sanitarias aquellas que la normativa universitaria reconoce como titulaciones del ámbito de la salud, y que en el actualidad gozan de una organización colegial reconocida por los poderes públicos–». Como señalé en su momento aquí estaba la clave y sobre esta hipótesis empezamos a trabajar en el año 2008 proponiendo primero un Postgrado de Trabajo Social Sanitario, con la mirada siempre puesta en el horizonte del master Universitario de Trabajo Social Sanitario.

En julio cerca de 50 trabajadores sociales generalistas (graduados o diplomados) tendrán en su haber el primer Título Oficial que les acredita como Trabajadores sociales sanitarios, un título obtenido dentro del marco de los Estudios de Ciencias de la Salud, cuyo Plan de Estudios se acaba de publicar en BOE hoy mismo, véase la Resolución de 18 de marzo de 2015, de la Universidad Oberta de Catalunya, por la que se publica el plan de estudios de Máster en Trabajo Social Sanitario. 

Los profesores y consultores del Máster hemos buscado y creado los mejores materiales de estudio para ofrecer a los alumnos los recursos teóricos, intelectuales y académicos más actuales, hemos promovido debates en las aulas, como parte del Modelo UOC,  para que adquirieran habilidades comunicativas y hemos desarrollado sus competencias  en la asistencia, la prevención, la investigación y la docencia, también en la gestión clínica y la promoción de la salud y la educación sanitaria. Todo ello con el fin de que pudieran planificar y organizar servicios de trabajo social sanitario acorde con los requisitos legales y los valores corporativos del sistema sanitario.

Este hecho, un logro que parecía inalcanzable, nos permite, en un futuro próximo,  empezar a dar pasos sobre una base sólida, para retomar las gestiones y contactos con el fin de alcanzar el reconocimiento de profesionales sanitarios. El que viene ahora, no será un camino fácil, pero está iniciado por lo que es solo cuestión de tiempo. Tampoco ha sido fácil el recorrido hasta aquí y sin embargo, estamos a un par de meses de que vea la luz ante la primera promoción.

Desde estas páginas iremos compartiendo los pasos y los avances cuando los haya. De momento la graduación de la primera promoción es motivo de satisfacción y felicitación porque como sugieren algunos pensamientos de Mary E. Richmond, cuando se junta el deseo de algo con la fuerza del conocimiento, alcanzar el logro es una realidad.

Barcelona, 27 de mayo de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario apoyado en el conocimiento científico: de las reacciones a las decisiones estratégicas

¿Cómo llegamos a las conclusiones que llegamos? ¿Nos apoyamos en un ejercicio racional? ¿Buscamos (en literatura científica) experiencias similares en las que afirmarnos? O sin más, damos rienda suelta a aquello que nos parece lo mejor sin haber analizado detenidamente pros o contras. Una cosa es reaccionar a algo y acertar, y la otra es decidir en base a información veraz.

Uno de mis primeros aprendizajes cuando estudiaba la carrera fue que antes de empezar a elaborar un trabajo o ejercicio, debía buscar en literatura científica, leer lo que se había escrito, y tomarlo en consideración, siempre citando la fuente. Como consecuencia de ello aprendí lo importante que era publicar las experiencias cuando estas tenían algo nuevo que aportar o ayudaban a revalidar tesis anteriores, o ampliaban conocimientos, o abrían nuevos horizontes. Las publicaciones científicas, por su naturaleza, van ampliando las miras de los profesionales que se benefician de la experiencia de otros que antes pasaron por donde ellos se encuentran, investigaron y se decidieron a divulgar su experiencia. También apuntan a nuevas realidades y modelos.

Cuando nuestras acciones se basan únicamente en nuestras experiencias personales, no estamos actuando como profesionales, porque la profesión implica apoyarse en una disciplina y la disciplina supone el conocimiento de asignaturas que nos ayudan a conformar nuestro universo teórico que son los mimbres de la mejor práctica. Un profesional que no lee sobre lo que se publica con relación a su campo de trabajo viene a ser alguien disfrazado de profesional porque el profesional, el que lo es de verdad, se nutre de las experiencias y conocimientos de otros profesionales. Por supuesto reconoce a los otros autores y no juega al plagio.

Muchas de las actividades que acontecen detrás de un letrero donde pone «Servicio de Trabajo Social Sanitario» están muy lejos de cumplir con los requisitos que dicha denominación exige basados en la disciplina y su presencia en el sistema sanitario. Por ejemplo: tener definidos los procedimientos y los protocolos propios de trabajo social sanitario diferenciando claramente la fase de investigación o recogida de datos, la fase diagnóstica y la fase de intervención; disponer de un sistema de información actualizado y asumido por todos los profesionales de la zona o área;  saber definir los servicios que se prestan, enfatizando en la palabra servicio y no confundirlo con un listado de actividades; evaluar periódicamente la información que se va obteniendo y transformarla en propuestas viables y medibles; supervisar los actos profesionales; concienciar al resto de profesionales para que asuman el modelo biopsicosocial; liderar movimientos sociales en pro del bienestar, etcétera. Éstas son solo algunas de las responsabilidades que acarrea el ejercicio de trabajo social sanitario.

Es cierto que se ayuda a las personas, pero en el siglo XXI necesitamos otras fórmulas de atención de manera que ésta no quede únicamente en manos de la persona que debe pedir la ayuda. La prevención implica adelantarse. Sabemos que la percepción de necesidad varia de una persona a otra y a veces, cuando se percibe la necesidad puede ser tarde.

Dicho esto, si existe, al alcance de los profesionales, una dimensión capaz de germinar su propia transformación y desarrollo, es la del conocimiento científico. Es a través del conocimiento, generándolo, transmitiéndolo y aplicándolo que los profesionales ganan pericia y experiencia, y sus pasos se tornan los adecuados, beneficiando a las personas que atienden y por ende a la comunidad en la que habitan.

El profesional, por definición comente menos errores que cualquier persona actuando instintivamente. Lo siguiente es que ese conocimiento llegue a las personas. En el caso del trabajo social sanitario ese conocimiento se debe organizar d manera que a través de sus teorías se vayan diluyendo las realidades adversas.

Por primera vez en su historia el trabajo social sanitario cuanta con los resortes académicos y universitarios que desde Estudios de Ciencias de la Salud dan forma a una profesión cuyos profesionales llevaban años hambrientos de conocimiento y, a la vez, hastiados de retóricas obsoletas y vacías de contenido.

En este momento, con más de cien alumnos debatiendo, proponiendo, reflexionando, puedo decir que el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario, a fecha de hoy único en el mundo, está resultando un revulsivo a la atonía que nos ha estado acompañando en los noventa y principios del dos mil. El ejercicio de aprender a través de las lecturas, de la dialéctica, de la observación directa, de la investigación aporta esa gran diferencia entre el trabajador social graduado (generalista) y el trabajador social sanitario master (especialista). Estos últimos años el trabajo social sanitario, desde la universidad, se expande y crea una nueva dimensión empírica sobre la que desarrollarse y repensar las líneas estratégicas de los servicios de trabajo social sanitario del futuro.

Barcelona, 25 de noviembre de 2014 – Dolors Colom Masfret