Barcelona amada: desde el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario nos ponemos a tu disposición

Es una noche triste y oscura. Una noche de aquellas en que las palabras empobrecen el sentir. Condenamos el atentado de las Ramblas de Barcelona, nuestra Barcelona amada. La bella Barcelona. Sentimos el inmenso dolor de las víctimas, personas inocentes que disfrutaban de un plácido paseo de tarde por esta arteria mediterránea que son las Ramblas. La Rambla de les flors.

Muchos de los alumnos y alumnas del Máster están ejerciendo en los hospitales que han recibido a las víctimas y sus familiares. También muchos profesores y profesoras. Sentimos vuestro esfuerzo y entrega, imaginamos cómo os encontráis. Amigas, amigos, nos ponemos a vuestra disposición. Si necesitáis ayuda para atender a las víctimas, aquí estamos. La comunidad profesional que integra el Máster suma muchos profesionales del trabajo social sanitario que de alguna u otra forma pueden ayudar.

Os queremos ayudar y acompañar con la acción, nos ponemos a disposición de las entidades e instituciones que para atender a las víctimas y sus familiares necesiten trabajadores sociales sanitarios.

Barcelona 17 de agosto de 2017 – Dolors Colom Masfret  < dcolomma@uoc.edu >

Y se graduó la tercera promoción del Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario (MUTSS)

Llega otro final de MUTSS. Se acaban de graduar cincuenta y siete nuevos profesionales. ¡¡¡Felicidades!!!

Cada vez que se cumple un sueño, uno cree estar soñando, pero no, cuando se cumple, lo está viviendo. Acaba otra promoción del MUTSS, la del curso 2015-2017, la tercera. De nuevo la emoción y las intensidades universitarias de otros años se han vuelto a dar cita en las aulas virtuales y sin importar la edad, el júbilo está ahí centelleando en el ánimo de todos, alumnos y profesores.

Cada año lo mismo pero cada año distinto. Con la llegada de la primavera se inicia el último semestre y conscientes del duro tramo final, se empieza a otear este momento del fin del máster que siempre llega entrado el verano. La entrega de la Memoria del Trabajo Final de Master, su defensa, son el punto final. El río por fin llega al delta y desemboca en el océano pero no pero no para diluirse en él si no para aplicar lo aprendido y generar cambios. Estos días los mensajes de despedida se suceden a los de agradecimiento, todos van y vienen. Se recuerdan los inicios, aquellos momentos de duda sobre si cursar, o no, el MUTSS y la conclusión es «suerte que me decidí». En especial estos días, se pone en valor lo aprendido y esperando el merecido descanso vacacional, revoloteándolo todo, están los sentimientos encontrados. Es una despedida pero no es un final, algo acaba a la vez que algo empieza. Por una parte se logra una meta, por la otra se pierde esta rutina diaria que sin darse uno cuenta genera la formación online cuando las áreas de conocimiento son las propias de la profesión que se ejerce o se desea ejercer. El potencial humano y profesional del MUTSS no tiene límite.

Estos meses, para algunos años, de estudio han sido un camino en el que ha habido de todo, pero sobretodo esfuerzos y renuncias, dificultades para responder en tiempo a las tareas y, a la vez, conciliar la vida personal y familiar. Así la satisfacción en el momento de acabar genera un arbolado de propósitos profesionales orientados a engrandecer el Trabajo Social Sanitario, a crecer profesionalmente en él, para contribuir a la sostenibilidad y mantenimiento del Estado del Bienestar en este siglo XXI, ello no como slogan, sino como un hecho tangible y vivible. Ahora toca batear el día a día aplicando los conocimientos y teorías del trabajo social sanitario aprendidas, ahora toca seguir estudiando individualmente o en otros programas, ahora toca seguir generando conocimiento y seguir formándose y formando a los futuros profesionales.

Escribió Machado «El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve». El trabajo social sanitario no es trabajo social sanitario porque uno lo diga, lo es porque su intervención se apoya en el diagnostico social sanitario. Las cosas son lo que son a pesar de nosotros y seguirán siéndolo sin nosotros. El Trabajo Social Sanitario, lo es, cuando contiene las bases la profesión, los contenidos y competencias que le dieron quienes la crearon, le dieron nombre. Como la medicina, la enfermería, la psicología, etcétera, son lo que son y no otra cosa porque responden a unos contenidos, el trabajo social sanitario también responde a los suyos propios.

Felicidades, estimadas, estimados. Recordad, como escribí el año pasado: «Allea jacta est», no será fácil aplicar lo aprendido, pero sí es vuestra responsabilidad.

Barcelona, 22 de julio de 2016 – Dolors Colom Masfret

El desarrollo de modelos fiables de intervención: Un reto del Trabajo Social Sanitario en el siglo XXI

Es un hecho que la sociedad está cambiando a gran velocidad. Sin embargo, ¿en qué medida lo están haciendo los modelos de intervención y gestión de trabajo social sanitario para ajustarse a esas nuevas realidades? ¿Los procedimientos y los protocolos se adecúan a estas nuevas circunstancias? ¿Dónde están los resultados que demuestran la efectividad de un modelo sobre otro? ¿Los modelos actuales responden al presente o por el contrario se alejan de él?

Si bien lo que le pasa a la persona enferma y a su familia suele variar poco, el desafío está en cómo se estructura la ayuda. Cabe la pregunta ¿en base a qué modelos se articulan las nuevas intervenciones sociales dentro de este mundo cambiante y digital?

El día a día de las personas enfermas y sus familias se debate entre circunstancias y actitudes personales y ambientes singulares. Ello particulariza el cómo encaran las soluciones para resolver las dificultades, cómo gestionan sus conflictos y la manera en qué tratan de resolverlos. La unicidad del individuo cobra protagonismo en la mayor o menor implicación para la solución o reducción de los problemas que le afectan. Es en estos contextos donde los trabajadores sociales sanitarios deben desarrollar nuevos modelos de atención en los que la fiabilidad sea un hecho empírico y tangible. Es hora de ceder el discurso de narración y prosa, a la estadística, a los números índice y a las matemáticas. Es hora de nutrirse de otras disciplinas afines que actúan sobre las mismas personas.

La intervención sobre lo nuevo necesita modelos nuevos o la reingeniería de los tradicionales. Ello, sin embargo, debe darse siguiendo el método científico, investigando la influencia de las nuevas variables relacionadas con las vivencias de la enfermedad. Urge promover investigaciones sobre los mejores procedimientos y protocolos de trabajo social sanitario más allá de la secuencia lógica de acciones, ello es centrando la atención en la resolución empática, en la efectividad de la intervención profesional y en el empoderamiento de la persona atendida puesto que en el siglo XXI, más que nunca, es ella quien asume el protagonismo principal en la solución.

En toda intervención desde el trabajo social sanitario es imprescindible dar un salto cualitativo: además de identificar las partes y protagonistas del caso social, se debe comprender cómo se afectan e influyen, qué emociones desprenden. De esta forma se podrán desarrollar modelos fiables con conjuntos de acciones deliberadas, antes probadas, en busca de la mejor intervención, la que prestará la mejor ayuda.

Es preciso evitar que las dificultades, los elementos adversos, se instalen definitivamente en el vivir de la persona afectada, de su familia. Se debe impedir que las personas se adapten, se sometan, se acostumbren a sus problemas y en vez de resolverlos o afrontarlos, les den continuidad, dando continuidad también a las demandas de ayuda.

En cada intervención, el profesional debe ser consciente de lo que ha ocurrido, de lo que ha mejorado en el núcleo de intervención, qué se ha logrado en términos de bienestar para poder reproducir la acción completa en casos de perfil similar. Con esta información de cada caso social y con el tiempo, se contará con la base del modelo.

Imagínese dos series de acciones estratégicamente combinadas, «serie A» y «serie B», ambas orientadas a evitar la anulación de visitas sucesivas. ¿En qué medida la serie “A” implica mejores resultados en bienestar de la persona que la serie “B”? Por ejemplo, una vez mantenida la primera entrevista hay dos opciones. En la «serie A» se espera a la nueva visita para cualquier tipo de contacto. En la «serie B» se establecen contactos de carácter breve, vía teléfono, vía correo-e, etcétera, para mantener a la persona vinculada a los acuerdos propuestos mientras se espera a la siguiente entrevista. En este contacto de carácter breve el trabajador social sanitario centrará el interés en el estado de ánimo actual de la persona, se interesará por si se ha dado algún avance en su percepción, etcétera. Esta acción ¿mejora la empatía hasta el punto de garantizar la segunda entrevista? Seguro que sí aunque en estos momentos es solo una hipótesis.

En el post anterior se dedicaron unas breves reflexiones al Big Data dentro del Trabajo Social Sanitario. Además de lo señalado, el Big Data diseñado adecuadamente, permite identificar acciones tácticas que implican a la persona en la generación de su propio bienestar, acciones deliberadas para vincularla de nuevo a aquello y aquellos que forman parte de su red social de apoyo. Cuando los parámetros de los sistemas de información se registran correctamente, permiten observar acciones y reacciones, causas y efectos que con el tiempo configurarán un nuevo modelo de intervención más fiable.

Es preciso que los profesionales, todos, no solo los del trabajo social sanitario, tomen decisiones basadas en el conocimiento no en lo opinable. Todo profesional interviene de una determinada forma porque conoce (vía experiencia, vía aprendizaje) los efectos de esta forma de intervención, la cual debe significar mejores resultados que cualquier otra.

Las intervenciones automáticas, reactivas, sin diagnóstico social sanitario, alimentan el prejuicio, lo hipotético, lo superfluo, por ello apremia la intervención racional, estratégica, aplicando las tácticas que cada situación requiere para subsanar las dificultades psicosociales generadas por la enfermedad de la persona. El desarrollo de modelos fiables de trabajo social sanitario permitirá incrementar las cotas de bienestar de las personas atendidas en el sistema sanitario y sus familias a la vez que optimizar los mismos recursos, informales y formales, empleados en la intervención.

Barcelona 25 de junio de 2017 – Dolors Colom Masfret

Día Mundial del Trabajo Social: imaginando el Doodle de Google

Ayer imaginaba que hoy los trabajadores sociales nos levantaríamos con una sorpresa: un Doodle en Google. No ha sido así… Oh! En fin… Quizás el año que viene… Por favor señores de Google, piensen en nuestro Doodle, por la relación que mantenemos a diario con sus medios, nos merecemos un Doodle.

Quizás en Google no saben, tampoco tienen porqué, que una de las profesiones más magnificas del Mundo es el Trabajo Social, Treball Social, Traballo Social, Gizarte Lana… Trabalho Social, Social Work, Travail Social, Soziale Arbeit… y podría seguir porque el Trabajo Social está presente allá en donde hay personas que necesitan alguna ayuda. En sus enormes bases de datos señores de Google encontraran mucho sobre Trabajo Social.

Menuda profesión. Cuando las personas que necesitan ayuda se encuentran con la nada, cuando el olvido parece cebarse con los más frágiles, seguro que cerca se encuentra un trabajador social, o varios, tratando de cambiar realidades y percepciones. Si sabemos que ante las dificultades el primer recurso en la vida de uno, es uno mismo, también sabemos que el segundo recurso es el trabajador social, él o ella. Son muchas las «ellas» que componen la profesión pero cada vez son más los «ellos» que se unen a esa manera de crear un mundo en el que los problemas evitables (prevención primaria) se eviten (acción, acción, acción) y las personas vivan y disfruten de su máxima autonomía (solución). Este mundo existe, no es una entelequia. ¿Dónde, dirá alguien? Pues en cada despacho de trabajo social hay uno.

Felicidades y gracias a los profesionales del Trabajo Social. Sí, hoy es el Día Mundial del Trabajo Social, de los Trabajadores Sociales, en mayúsculas. Aunque no tengamos Doodle en Google y aunque para muchas personas que han recibido ayuda de trabajadores sociales, ese día pase desapercibido. Nos gusta celebrarlo y explicarlo.

Gracias a los trabajadores sociales que han escogido esta profesión y no otra, gracias por dar rienda suelta a su vocación en tiempos de hielo y fuego, de pobreza que generando riqueza, no logra desaparecer… de… faltan nuevas palabras para describir los tiempos actuales pero no importa: ahí está el Trabajo Social capaz de enfrentarse a monstruos, o lo que sea, sin nombre.

Gracias a los trabajadores sociales por estar y seguir cuando no queda nadie o casi nadie, gracias por alimentar con su presencia, su esfuerzo y tenacidad, los vacíos y déficits del sistema. Gracias por nutrir con su energía psíquica, esa que mueve montañas, los ánimos e interior de las personas con dificultades, con interrupciones vitales, ayudándolas a ayudarse, a descubrir que la primera solución está dentro de sí.

Gracias a los trabajadores sociales por saber combinar el arte de la atención con el método científico, por saber ganar, día a día, capacidad resolutiva, por sacar de donde no hay y poner donde no cabe, por desarrollar su creatividad e ingenio al servicio de la sociedad. También, gracias por su firmeza, cuando se precisa, ante quienes con responsabilidades hacen dejación de ellas.

En definitiva, gracias por estar, ser y seguir ahí, porque ello significa que en este Mundo que se deshilacha, la esperanza sigue viva.

Para finalizar, gracias a los estudiantes de trabajo social que desbordando juventud, sienten la vocación, la fuerza para tomar el relevo y así, dar continuidad a la profesión y seguir mejorando el Mundo. No es una pretensión, es una responsabilidad.

Barcelona, 21 de marzo de 2017 – Dolors Colom Masfret

El placer de leer a las pioneras del trabajo social sanitario

Hace más de un siglo, profesionales de consultorios y hospitales verificaron que la vivencia de la enfermedad, el entorno de la persona enferma, su capacidad económica, influían en el incumplimiento (o cumplimiento) terapéutico. Profesionales que en su día a día veían cómo algunas personas carecían de posibilidades y recursos propios para seguir con las indicaciones que ellos les daban para mejorar su salud y alcanzar un mejor bienestar. Fueron médicos como William Osler, Charles P. Emerson y Richard C. Cabot, en especial este último, quienes llevaron al terreno de la medicina moderna el estudio de los aspectos psicosociales de la enfermedad como hoy la conocemos.

Desde 1905 con la creación de la primera plaza de trabajo social hospitalario, la profesión empieza a desarrollarse como lo hacían las profesiones con las cuales convivía, siguiendo el método científico en la validación de los métodos aplicados. Con sus conocimientos, investigaciones, observaciones, sembraron el camino del que hoy nos nutrimos como herederos de sus enseñanzas. Nos dejaron sus teorías, métodos, modelos y a día de hoy siguen siendo esenciales. Nos enseñaron a comprender el trabajo social sanitario y nos enseñaron a diferenciarlo de otras expresiones de ayuda. La profesión nació y se instauró para estudiar las realidades psicosociales de personas enfermas, de sus familias, para diagnosticarlas y para intervenir. Las pioneras detallaron sus pasos y nos dejaron metodologías de trabajo refinadas para el abordaje de las densidades humanas.

Sus textos están ahí. En cada lectura es inevitable sentir que se toca la esencia del trabajo social sanitario, uniéndose a ello un sentimiento de pertenencia a una profesión que desde sus inicios ha marcado diferencias con otras en las que las personas, los protagonistas, asumen un papel más pasivo.

La experiencia de los últimos años, primero en el postgrado y ahora con el máster de trabajo social sanitario muestra el entusiasmo que genera en la mayoría de estudiantes ese vínculo con lo que es su historia, el encuentro con textos escritos por los médicos que pensaron el trabajo social sanitario y por las primeras trabajadoras sociales hospitalarias.

El dicho «la historia se repite» a cierta edad deja de ser dicho y se convierte en hecho. Cada equis tiempo «la historia se repite» y es entonces cuando el conocimiento de lo ocurrido aquellos primeros años, el sumergirse en las razones y causas que gestaron, por aquel entonces, esta nueva profesión, permite reconocer con gran rapidez escenas que se superaron y también identificar el cómo se superaron. Este conocimiento de la  historia de la profesión permite acceder a sus réplicas y defensa de los derechos de las personas vulnerables y frágiles.

La mayoría de las veces es un placer leer, o releer, argumentos que años atrás desovillaron estrategias para enfrentarse a grandes problemas sociales relacionados con la enfermedad y su vivencia. La argumentación asumida como el ejercicio de razonar sobre una idea, apoyar un proyecto, desarrollar una propuesta, promover una intervención, etcétera, debe ganar actores y desde la universidad tenemos la responsabilidad de motivar a los alumnos para adentrarse en las lecturas de los textos de las pioneras, auténticos andamios con los que se construye el presente. Esta vinculación con la historia de su profesión fortalece sus recursos personales para, ante adversidades organizativas, seguir actuando como trabajadores sociales sanitarios.

Puede que llegue un día en el que las instituciones sanitarias estén tan revueltas y deshilachadas que obligue a los trabajadores sociales sanitarios, ellos y ellas, a retroceder a escenarios que creíamos superados y resueltos.

Barcelona, 31 de enero de 2017 – Dolors Colom Masfret

En el Día Mundial de los Cuidados Paliativos un agradecimiento a sus equipos interdisciplinares que tanto sufrimiento evitan

Primero agradecer a la Sra. Catalina Pérez Moreno, Trabajadora Social Sanitaria del Equipo de Cuidados Paliativos de Badajoz y Llerena- Zafra la invitación para poder contribuir a sumar voces al Plan de Sensibilización de los Cuidados Paliativos.

La iniciativa surgida de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL) y la Asociación Española de Enfermería en Cuidados Paliativos (AECPAL) permite reflexionar sobre ese momento final en el que los afectos y la ciencia deben aliarse para permitir a la persona enferma morir como persona y a la vez evitarle el máximo sufrimiento físico y psíquico.

Allá dónde se encuentra una persona al final de su vida, suele haber una familia, unos allegados que sufren el paso de los días, amigos y familiares que se debaten entre la necesidad de entereza y la desolación que provoca la pérdida inevitable del ser querido.

Los equipos de cuidados paliativos en su interdisciplinariedad atienden los aspectos físicos y orgánicos de la enfermedad, los aspectos emocionales que de ella se desprenden y los aspectos psicosociales que ella genera tanto en la persona protagonista como en su familia, en el caso de ésta última, tanto en el durante, como en el después. Están ahí ayudando y apoyando para que el duelo de las partes resulte curativo.

Los profesionales, ellos y ellas, de equipos de cuidados paliativos, además de aplicar sus conocimientos técnicos para calmar el dolor físico y psíquico, en paralelo han aprendido  y desarrollado habilidades comunicativas y de relación esenciales para que la persona se sienta persona aún con vida a pesar de que ésta se le escape. Ayudan a la familia a desmenuzar todas las emocionas y sentimientos que brotan de sus diferentes estados de ánimo.

Desde el Master Universitario de Trabajo Social Sanitario de la UOC nos unimos a esa labor de Sensibilización de los Cuidados Paliativos y podemos decir que formamos específicamente a nuestros alumnos y alumnas para que su ejercicio profesional, en los equipos de cuidados paliativos, responda a la máxima calidad técnica y cualidad humana.

También, desde la Sociedad Científica Española de Trabajo Social Sanitario (SCETSS) de reciente creación y en fase de puesta en marcha, nos unimos a esta iniciativa.

Barcelona, 8 de octubre de 2016 – Dolors Colom Masfret

La precaria atención social en los cuidados paliativos en la sanidad pública

Las personas que padecen cáncer en fase terminal pueden experimentar problemas psicosociales graves cuyos efectos disruptivos también alcanzan a sus familiares. Las dificultades de los pacientes y las de sus familias se multiplican  al aumentar la necesidad de cuidados y por el enorme impacto emocional que supone afrontar el fin de la  vida o la pérdida del ser querido; abordar esta complejidad, en las distintas dimensiones presentes, física, psíquica, social y espiritual, requiere una atención paliativa especializada en el marco de un equipo multidisciplinar.

El derecho a recibir  atención paliativa está reconocido en la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud (2003) y también se contempla en la Cartera de Servicios Comunes del sistema sanitario.  Para llevarla a cabo, se han ido creando unidades hospitalarias y equipos de cuidados paliativos domiciliarios que son potenciados por la asistencia prestada desde la atención primaria, pero su desarrollo  ha sido desigual  puesto que, actualmente, sólo el 50% de los pacientes terminales en España tiene acceso a estos servicios.

En esta atención paliativa el  abordaje  de la dimensión social ofrece deficiencias igualmente  considerables; según un informe de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, hecho público recientemente, sólo el 25% de los dispositivos cuentan con una trabajadora social; el 48,1% de las profesionales no tiene formación avanzada y un 50% debe compaginar esta actividad con sus cometidos en otros equipos o servicios. El trabajo social en este ámbito es claramente insuficiente, con una media de 1 trabajador social por cada 226.332 habitantes; esta escasa representación es aún más considerable en comunidades como Aragón (439.282) Navarra (640.476) o Castilla-La Mancha (1.000.000). A pesar de la tendencia creciente a incorporar a estas profesionales a los equipos de cuidados paliativos no deja de ser preocupante que se esté produciendo básicamente bajo la fórmula del convenio con entidades privadas. Esta forma de inclusión aleja a las trabajadoras sociales del resto de profesionales sanitarios desaprovechándose las sinergias que se generan en los equipos asistenciales, por lo que las actuaciones  quedan al margen  y a criterio de otros.

Frente a este estado de cosas, la formación especializada en trabajo social sanitario proporciona a las trabajadoras sociales un corpus teórico común que sirve de elemento homogeneizador de la práctica, en el abordaje del cáncer en general y en los cuidados paliativos en particular, en los distintos ámbitos asistenciales. Las intervenciones deben estar fundamentadas en un diagnostico social sanitario, instrumento propio y exclusivo de estas profesionales; los procedimientos y los procesos a seguir en cada caso deben establecerse previamente, así como es obligado identificar los servicios que prestan las trabajadoras sociales  sanitarias, en una práctica basada en la evidencia. Paralelamente, hay que generar estudios   clínicos para poder sustentar la incorporación de trabajadores sociales sanitarios a los equipos asistenciales. No hay atajos, se trata de un esfuerzo titánico, para  las profesionales saturadas  por múltiples demandas, pero necesario  ya que sin este impulso no será posible alcanzar un verdadero reconocimiento ni el deseado desarrollo de la profesión en el sistema sanitario público.

Santa Cruz de Tenerife, 28  de julio de 2016- María C. Abreu

 

El trabajo social sanitario ante la medicalización de los problemas sociales

Los psicofármacos constituyen la principal herramienta para tratar a las personas que padecen ansiedad y depresión. Debido a que los estudios vienen señalando las limitaciones de este abordaje las sociedades científicas reclaman que su uso debe darse en combinación con las terapias psicológicas. La efectividad de las intervenciones psicológicas en el tratamiento de la depresión,  y en el de la ansiedad asociada, cuenta con una abundante evidencia en un amplio espectro de enfermedades (por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual en pacientes con cáncer). En 2007, una revisión sistemática de la efectividad de estas terapias, realizada por la Cochrane, determinó que había  una respuesta clínica favorable en un 46% de los pacientes que fueron tratados con terapia cognitivo-conductual, si bien faltan estudios sobre sus efectos a largo plazo. Con respecto  a las psicoterapias de base psicodinámica  y las terapias de apoyo aún es necesario seguir investigando. La guía NICE recomienda la autoayuda guiada basada en la terapia cognitivo conductual, el asesoramiento (counseling) y la psicoterapia breve. Igualmente, las técnicas de relajación han mostrado efectos beneficiosos en la reducción de la ansiedad y del estrés psicosocial que suelen ir asociados a la depresión, mientras que otras investigaciones, aún no concluyentes, señalan la efectividad del ejercicio físico en el abordaje de la depresión leve y moderada en un programa estructurado de ejercicio grupal.

Lo que  esta situación pone de manifiesto es la supremacía del modelo biomédico de atención  a la ansiedad y depresión, en cuya génesis y desarrollo los factores socioeconómicos tienen un peso relevante dándose una mayor prevalencia en personas con bajo nivel de cualificación y de ingresos.   Pero lo que ha ocurrido es  que se han trasladado las causas, antes atribuidas a factores sociales y del entorno, a los factores genéticos y a determinadas deficiencias neuroquímicas del cerebro. Si estas disfunciones tienen una base orgánica pueden ser entonces corregidas o, al menos paliadas, con la prescripción de fármacos. Lo que ha conducido, por extensión, a la medicalización del cualquier sufrimiento originado por la pobreza, la desigualdad social, el maltrato e incluso del malestar  derivado de las demandas de la vida cotidiana.

El modelo biomédico es considerado como el único enfoque posible de atención a la enfermedad y al malestar psicosocial  detentando una abrumadora hegemonía académica, científica e institucional. Debido a la supremacía de este modelo, el trabajo social sanitario es constreñido y forzado a una presencia marginal en las instituciones sanitarias  limitándose mayormente a actuaciones puntuales cuando los efectos de los problemas sociales en las personas alcanzan una dimensión de gravedad.

Los propios trabajadores sociales sanitarios pueden contribuir a reforzar esta supremacía mediante la sumisión a sus postulados, ejerciendo un papel más paternalista  con los usuarios y promoviendo el tratamiento con psicofármacos como la única opción terapéutica. Frente al determinismo y al individualismo inherente al modelo biomédico, los trabajadores sociales sanitarios otorgan mayor relevancia al estudio de la tensión dinámica que existe entre la psique y el entorno. El procedimiento para el abordaje es la aproximación individual, propiciando el insight y la valoración del entorno y las redes sociales del individuo. En el modelo psicosocial la acción puede desarrollarse desde las tres dimensiones propuestas por Hamilton, es decir, desde la atención directa, del abordaje del entorno y desde la administración y gestión de apoyos (gestión de caso). El trabajo social sanitario puede ayudar a las personas a mejorar sus mecanismos de afrontamiento y también ofrecer atenciones tempranas y preventivas, actuando sobre los determinantes sociales de la salud. Algunos estudios (Fraser et al, 2004; Hawkins, 2009; Leroy, 2004) van dirigidos a demostrar la efectividad de este tipo de intervenciones en la auto regulación de las emociones, el incremento de la conducta prosocial en los jóvenes, la calidad de las relaciones interpersonales etc. La cuestión es que los presupuestos sanitarios son cada vez más elevados mientras paralelamente disminuyen aquellos destinados a programas sociales preventivos.

Santa Cruz de Tenerife, 25 de febrero de 2016 – María Concepción Abreu Velázquez

El trabajo social sanitario, los políticos de los nuevos partidos y de los no tan nuevos

Las alianzas de colaboración entre profesionales, trabajadores sociales sanitarios, y políticos del área de salud, son indiscutibles. Otro asunto es que en la práctica sean mínimas, pero el potencial está ahí. Unos necesitan de los otros y los otros necesitan de los unos. Los trabajadores sociales sanitarios necesitan de los políticos para desarrollar programas y servicios adecuados a las nuevas necesidades que se van detectando, y los políticos necesitan de los trabajadores sociales sanitarios para acertar en la puesta en marcha de nuevas líneas de políticas sociales y de salud adecuadas a los tiempos que se van desplegando en el día a día.

Los primeros, los profesionales, permanecen en el tiempo porque su camino es, precisamente, profesional, vocacional, investigan realidades, generan conocimiento, ponen de relieve evidencias para evitar el malestar y promover el bienestar, forman a nuevos profesionales para seguir indagando y desarrollando las diferentes teorías. Los segundos, los políticos, quedan sujetos a variables más inciertas, pero que no dependen totalmente de ellos, la más clara es el voto ciudadano, la confianza de los otros miembros del partido  y, por tanto, por largo que sea su tiempo, su paso por la política, caduca. Sus obras, sin embargo, sus aportaciones, lo que su paso por la política significó para la sociedad, para bien o para mal, quedan ahí.

Tanto para bien, como para mal, los trabajadores sociales sanitarios pueden aportar mucho, promoviendo y motivando acciones que resulten más benéficas que dañinas, alertando de los problemas que pueden suponer determinadas decisiones tomadas al albur del instinto.

En este mismo blog, en otras ocasiones se ha señalado la necesidad de establecer alianzas con los políticos responsables del área de bienestar y salud. Determinadas decisiones pueden suponer grandes alteraciones del bienestar a la vez que incrementar indirectamente los costes asistenciales. Cada uno, individualmente, tenemos una responsabilidad ética en no malversar los recursos materiales, humanos y económicos que el sistema público pone a nuestro alcance para intervenir y ayudar a las personas enfermas y sus familias.

Por ejemplo, para pasar al terreno de lo práctico, cuando el diagnóstico social sanitario de una persona dada de alta de un hospital de agudos revela entre otras circunstancias adversas, un alto riesgo de incumplimiento terapéutico, en paralelo, el mismo diagnóstico señala la falta de apoyos informales para velar por la correcta toma de medicación, en muchos casos ello significará la prestación de un «servicio de apoyo psicosocial para concienciar a la persona de la necesidad de seguir las pautas de tratamiento» y para completar este servicio que presta el trabajador social sanitario, seguramente, éste precisará el apoyo de un «recurso de atención a domicilio» que in situ, por unos días, asegure la correcta toma de medicación y realice una educación a la persona. La carencia de este recurso ¿Qué supone? La imposibilidad de acceder a él desde el mismo momento en que la persona regresa a su casa, significa que el «incumplimiento terapéutico» será un hecho, y se sabe a priori. Significa que la persona se desestabilizará de nuevo y, probablemente, deba reingresar por urgencias, a veces, en condiciones deplorables, y se sabe a priori. Como puede verse, se trata de una realidad adversa que deriva de la falta de acceso a un recurso, pero además, conlleva un sobrecoste añadido innecesario pues no sirve para mejorar la asistencia si no para paliar un déficit de asistencia. Una realidad previsible e indicada en el diagnóstico social sanitario pero sobre la cual no se puede intervenir desde lo social. Si ello se repite debe ponerse en conocimiento de la dirección pero también del político responsable.

Los políticos, ellos y ellas, deben promover el bien común, pero esto no sucede de manera espontánea o azarosa, ello se garantiza mediante la información necesaria para evaluar el contexto sobre el cual se pretende actuar para paliar los déficits.

Como ciudadano, cada profesional atesorará sus propias ideas políticas, pero como profesional éstas pasan a diluirse porque las decisiones se basan en evidencias y deben probarse como las más benéficas de todo el set de posibilidades al alcance.

Uno de los primeros paradigmas que se asumen en casi todas las áreas de lo psicosocial y lo cultural, es el de la dinámica del vivir: dinámica social, dinámica familiar, dinámica laboral, dinámica económica, dinámica emocional, etcétera. El ser vivo, por el mero hecho de vivir, está sujeto a la dinámica y al cambio. El existir es dinámico y como tal, los profesionales dedicados al trabajo social sanitario en particular, también deben reorganizarse, replantearse nuevas fórmulas, en definitiva a repensarse sin que ello signifique falsificarse como trabajadores sociales sanitarios.

Al hablar de una disciplina, de una profesión, es preciso apoyarse en instrumentos que identifiquen los valores y pesos específicos de los efectos de dicha dinámica para que con el tiempo se esté en disposición de dibujarla y, en gran medida, preverla cuando se vea displicente, negativa, insana poniendo en riesgo la salud de las personas y, potenciarla, cuando, por el contrario, mejore el bienestar y la salud.

La alianza entre trabajadores sociales sanitarios y los políticos es una responsabilidad de todos porque ambos se necesitan y se complementan. Los políticos, ellos y ellas, que reducen la intervención desde el trabajo social sanitario a trámites, contribuyen directamente al colapso del Estado del bienestar y si su solución es alimentar los recortes, deben saber que ha sido su acción política la que los ha propiciado. Pero los trabajadores sociales sanitarios que reducen su intervención a estos trámites, también son cómplices del colapso.

Barcelona, 30 de noviembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios grandes optimizadores de recursos humanos, técnicos, institucionales y comunitarios

El orden de los factores citados en el título es irrelevante pero todos ellos son componentes de la sostenibilidad del Estado del bienestar cuya continuidad está en serio riesgo de romperse. Los logros alcanzados hasta el inicio de la actual crisis, año 2008, año tras año, van menguando. Ocurre poco a poco, casi imperceptible para el gran público, muy notorio para las personas clientes de los servicios profesionales sanitarios y sociales. Si bien leyendo textos profesionales de hace años, esta afirmación ya era una constante, hoy no debe tomarse como una repetición más. No es retórica literaria, ni una banal siembra de inquietudes, es un hecho empírico abalado por el adelgazamiento de los programas y servicios de apoyo, siendo las crecientes listas de espera, las crecientes dificultades para acceder a los recursos existentes un buen argumento para aceptar la credibilidad y gravedad del asunto. Cierto es que todo ello, muchas veces, va acompañado de un mal uso de dichos programas y servicios. Un mal uso porque algunos profesionales del sistema sanitario los proponen como finalistas y no como mediadores entre una situación con dificultades y la situación anhelada en la que éstas, con ayudas y apoyos, se superan.

Los trabajadores sociales sanitarios, sin embargo, tenemos en nuestra mano cambiar dicha derivada, asumiendo el rol original de agentes de cambio y promotores de recursos, pero también el rol de optimizadores dichos recursos, humanos, técnicos, familiares y institucionales y comunitarios. Esta responsabilidad nuestra es ineludible. Los trabajadores sociales sanitarios son transmisores de valores sobre el uso del Estado del bienestar a la sociedad en general y a las personas atendidas en particular. Ahora el Estado del bienestar está realmente en riesgo siendo su financiación el principal hándicap.

Por ello la concienciación sobre el uso adecuado de los recursos debe ser parte de las intervenciones psicosociales para transmitir a la persona y su familia la tranquilidad de saber que la ayuda está ahí disponible mientras la necesite pero, a la vez, asumir que cuando dicha necesidad desaparezca, se prescindirá de ella.

Lejos del corporativismo y sí por la convicción sostenida por resultados de experiencias sobre el terreno, sostengo la hipótesis de que si existe una profesión con profesionales capaces de optimizar el Estado del bienestar, de administrarlo y de implicar a las personas en dicha administración y su buen uso, ésta es el trabajo social sanitario. Claro está, entendido éste, como el conjunto de intervenciones tangibles e intangibles, apoyadas siempre en un diagnóstico social sanitario, o un pre diagnóstico, e implicando, en la recuperación y la reinserción, a las personas afectadas, la cuales comparten los objetivos terapéuticos de reinserción. Y claro, implicando a sus familias, ello si el diagnóstico social sanitario no indica lo contrario. Sabemos que la familia no siempre es una ayuda ni una solución a los problemas, por lo tanto, debe estudiarse y valorar los efectos positivos o negativos.

Por principio, ninguna persona puede ser apartada de participar en su propio cuidado (aunque su colaboración sea mínima y esta participación implique más tiempo para el profesional). Sea por pasividad o por desinterés, por decepción o melancolía, nadie puede ser apartado de participar en las acciones programadas para su propia mejora, o desarrollo personal, se añade, siempre y cuando sus capacidades se lo permitan. Ninguna persona invadida por la pasividad ante sus circunstancias, debe quedar reducida a ejecutar sin más, las indicaciones que se le puedan facilitar.

La continuidad del Estado del bienestar se encuentra pues en manos de todos, tanto de las personas beneficiarias en algún momento de su vida como de los profesionales, principales prescriptores de servicios y ayudas para recuperar y reinsertar a quienes se encuentran con dificultades. Y de los políticos pero en este caso los profesionales deben comunicar sus propuestas y recomendaciones técnicas.

Parte de la continuidad del Estado del bienestar, se basa en una actitud profesional activa. Aunque la ayuda se prevea será para siempre, en muchos casos se combinan fatalmente la enfermedad crónica con la cronicidad de las dificultades sociales, dificultando ello la reinserción, el objetivo de los profesionales siempre debe ser rehabilitar a la persona y su entorno si lo tuviera. La optimización del Estado del bienestar pasa por lograr la independencia del máximo número de personas beneficiarias de las ayudas y servicios manteniendo las mismas inversiones o incrementándolas racionalmente y no política o emocionalmente.

La simplificación de los procesos y la evitación de duplicidades, todavía no se han tratado en serio. Se trata de mantener una actitud proactiva con respecto a los medios utilizados en las intervenciones profesionales y en vez de centrarse en lo mucho hecho, pasar a preguntarse ¿para qué ha servido ese «mucho hecho»?

¿Qué mejoras (tangibles y medibles) aporta la intervención de los trabajadores sociales sanitarios a la vida de las personas atendidas y a sus familias? De ahí a demostrar la relación positiva entre mejorar la calidad de vida de las personas y la optimización del Estado del bienestar hay un paso.

Barcelona, 29 de setiembre de 2015 – Dolors Colom Masfret