Llega el año 2016 y sus posibilidades, ¿nos vamos acercando al reconocimiento de profesionales sanitarios?

La dinámica que nos envuelve en el día a día provoca pequeños cambios que a su vez van transformando realidades y creando nuevas circunstancias favorecedoras de la consolidación de los objetivos.

La imaginación recorre mundos que en la realidad, cuando se camina por ellos, requieren tiempos, paciencia, siembra y cuidado de los pequeños brotes, también soportar las frustraciones cuando éstos no llegan a la madurez. Pero el camino debe seguirse caminando sin desfallecer, al contrario, perseverando y aguantando.

En ese andar hasta el reconocimiento del trabajo social sanitario como profesión sanitaria, el azar nos ha llevado a un nuevo escenario muy posibilitador. No quiero adelantarme ni quiero ponerme misteriosa, pero este final de año,el año en que se graduó la primera promoción del máster, el año en que se cumple un siglo de las palabras de Abraham Flexner,  creo que se merece esos destellos de ilusión y realidad que permiten escribir con cierta certeza que creo que no estamos lejos del ansiado reconocimiento. Hablo siempre desde el Master y desde los estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, no desde ninguna otra entidad u organización.

Ciertamente los escenarios deben analizarse desde muchos ángulos y los pasos a dar también forman parte del camino pero hay nuevas circunstancias.

Desde el año 2008, en los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC estamos avanzando en este sendero que nos llevará a este reconocimiento de profesionales sanitarios. Hoy por hoy la realidad y las posibilidades pasan por el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario y por eso, algunas noticias nos han puesto manos a la obra. No podemos vender el pan antes de cosechar el trigo que antes habremos sembrado, pero creo que el PAN está muy cerca.

Es cuestión de tiempo, eso lo venimos diciendo desde hace años. Ahora, con el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario, quizás sobra a estas alturas recordar que es un título oficial, pero por si acaso, con este título oficial, este año en el seno del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad se han dado algunos cambios que nos permiten ver ese reconocimiento más próximo.

Desde la UOC confiamos, no por el camino de la fe, sino por el camino de los hechos y su relevancia, que en el 2016 podamos cerrar este asunto.

En el siguiente post ampliaré la información pero no podía acabar este año sin compartirlo con los profesionales que nos siguen.

Desde Estudios de Ciencias de la Salud, el equipo del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario, les deseamos un muy buen final de 2015 y una buena continuación para el 2016, año de logros.

Barcelona, 15 de diciembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Se ha abierto de nuevo el acceso para iniciar el master en marzo de 2016

Los días pasan y algunos acontecimientos se nos apilan en el día a día, atropellándonos a veces, pero seguimos con entusiasmo, disfrutando de esta nueva realidad para el trabajo social sanitario: una formación reglada dentro del espacio universitario encarnada en el Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario.

A mediados de octubre pasado se iniciaba la tercera edición con un ágora de 75 nuevos profesionales con ganas de profundizar y especializarse en el trabajo social sanitario. Estamos trabajando duro pero nos sentimos recompensados con la respuesta obtenida y el crecimiento del programa formativo.

Por ello aprovecho este espacio para informar que desde finales de octubre está abierto el acceso para entrar en el aula de tutoría y pedir toda la información y detalles que se desee sobre matrícula y elección de asignaturas así como los tiempos para iniciar el master el próximo marzo de 2016.

Recomendamos el acceso a través de la página Web, es gratuito y sin ningún compromiso pero permite, a quienes se interesen por los estudios, familiarizarse con el sistema online y plantear todas las cuestiones singulares sobre la oferta de créditos y los pasos a dar para formalizar la matrícula. Todo ello en un entorno profesional a través de la tutora del master que, además, es trabajadora social.

Una de las ventajas prácticas del Máster es que se pueden cursar asignaturas entre octubre y febrero, y entre marzo y julio, a conveniencia de cada profesional y siempre según sus posibilidades. .

Deseamos seguir creciendo en número, en competencias profesionales para ir cambiando el panorama del Trabajo Social sanitario en España desde el conocimiento adquirido y a la vez contribuir a la generación de nuevos conocimientos, proponer nuevas teorías y validar nuevas estrategias de intervención.

Con la consolidación del master, desde los Estudios de Ciencias de la Salud de a UOC, vamos a seguir desarrollando actividades y propuestas abiertas a todos los profesionales del trabajo social sanitario porque sus experiencias diarias, su pericia, su saber, son esenciales para esa generación de conocimiento, para crecer y participar activamente del desarrollo de sistema sanitario aportando la perspectiva del trabajo social sanitario.

De todo ello iremos informando en este mismo espacio del blog que cada vez va ganando seguidores. Sin duda ello es posible gracias a profesionales que de una u otra manera aportan su ilusión y positividad al presente.

Barcelona, 15 de diciembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario, los políticos de los nuevos partidos y de los no tan nuevos

Las alianzas de colaboración entre profesionales, trabajadores sociales sanitarios, y políticos del área de salud, son indiscutibles. Otro asunto es que en la práctica sean mínimas, pero el potencial está ahí. Unos necesitan de los otros y los otros necesitan de los unos. Los trabajadores sociales sanitarios necesitan de los políticos para desarrollar programas y servicios adecuados a las nuevas necesidades que se van detectando, y los políticos necesitan de los trabajadores sociales sanitarios para acertar en la puesta en marcha de nuevas líneas de políticas sociales y de salud adecuadas a los tiempos que se van desplegando en el día a día.

Los primeros, los profesionales, permanecen en el tiempo porque su camino es, precisamente, profesional, vocacional, investigan realidades, generan conocimiento, ponen de relieve evidencias para evitar el malestar y promover el bienestar, forman a nuevos profesionales para seguir indagando y desarrollando las diferentes teorías. Los segundos, los políticos, quedan sujetos a variables más inciertas, pero que no dependen totalmente de ellos, la más clara es el voto ciudadano, la confianza de los otros miembros del partido  y, por tanto, por largo que sea su tiempo, su paso por la política, caduca. Sus obras, sin embargo, sus aportaciones, lo que su paso por la política significó para la sociedad, para bien o para mal, quedan ahí.

Tanto para bien, como para mal, los trabajadores sociales sanitarios pueden aportar mucho, promoviendo y motivando acciones que resulten más benéficas que dañinas, alertando de los problemas que pueden suponer determinadas decisiones tomadas al albur del instinto.

En este mismo blog, en otras ocasiones se ha señalado la necesidad de establecer alianzas con los políticos responsables del área de bienestar y salud. Determinadas decisiones pueden suponer grandes alteraciones del bienestar a la vez que incrementar indirectamente los costes asistenciales. Cada uno, individualmente, tenemos una responsabilidad ética en no malversar los recursos materiales, humanos y económicos que el sistema público pone a nuestro alcance para intervenir y ayudar a las personas enfermas y sus familias.

Por ejemplo, para pasar al terreno de lo práctico, cuando el diagnóstico social sanitario de una persona dada de alta de un hospital de agudos revela entre otras circunstancias adversas, un alto riesgo de incumplimiento terapéutico, en paralelo, el mismo diagnóstico señala la falta de apoyos informales para velar por la correcta toma de medicación, en muchos casos ello significará la prestación de un «servicio de apoyo psicosocial para concienciar a la persona de la necesidad de seguir las pautas de tratamiento» y para completar este servicio que presta el trabajador social sanitario, seguramente, éste precisará el apoyo de un «recurso de atención a domicilio» que in situ, por unos días, asegure la correcta toma de medicación y realice una educación a la persona. La carencia de este recurso ¿Qué supone? La imposibilidad de acceder a él desde el mismo momento en que la persona regresa a su casa, significa que el «incumplimiento terapéutico» será un hecho, y se sabe a priori. Significa que la persona se desestabilizará de nuevo y, probablemente, deba reingresar por urgencias, a veces, en condiciones deplorables, y se sabe a priori. Como puede verse, se trata de una realidad adversa que deriva de la falta de acceso a un recurso, pero además, conlleva un sobrecoste añadido innecesario pues no sirve para mejorar la asistencia si no para paliar un déficit de asistencia. Una realidad previsible e indicada en el diagnóstico social sanitario pero sobre la cual no se puede intervenir desde lo social. Si ello se repite debe ponerse en conocimiento de la dirección pero también del político responsable.

Los políticos, ellos y ellas, deben promover el bien común, pero esto no sucede de manera espontánea o azarosa, ello se garantiza mediante la información necesaria para evaluar el contexto sobre el cual se pretende actuar para paliar los déficits.

Como ciudadano, cada profesional atesorará sus propias ideas políticas, pero como profesional éstas pasan a diluirse porque las decisiones se basan en evidencias y deben probarse como las más benéficas de todo el set de posibilidades al alcance.

Uno de los primeros paradigmas que se asumen en casi todas las áreas de lo psicosocial y lo cultural, es el de la dinámica del vivir: dinámica social, dinámica familiar, dinámica laboral, dinámica económica, dinámica emocional, etcétera. El ser vivo, por el mero hecho de vivir, está sujeto a la dinámica y al cambio. El existir es dinámico y como tal, los profesionales dedicados al trabajo social sanitario en particular, también deben reorganizarse, replantearse nuevas fórmulas, en definitiva a repensarse sin que ello signifique falsificarse como trabajadores sociales sanitarios.

Al hablar de una disciplina, de una profesión, es preciso apoyarse en instrumentos que identifiquen los valores y pesos específicos de los efectos de dicha dinámica para que con el tiempo se esté en disposición de dibujarla y, en gran medida, preverla cuando se vea displicente, negativa, insana poniendo en riesgo la salud de las personas y, potenciarla, cuando, por el contrario, mejore el bienestar y la salud.

La alianza entre trabajadores sociales sanitarios y los políticos es una responsabilidad de todos porque ambos se necesitan y se complementan. Los políticos, ellos y ellas, que reducen la intervención desde el trabajo social sanitario a trámites, contribuyen directamente al colapso del Estado del bienestar y si su solución es alimentar los recortes, deben saber que ha sido su acción política la que los ha propiciado. Pero los trabajadores sociales sanitarios que reducen su intervención a estos trámites, también son cómplices del colapso.

Barcelona, 30 de noviembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario, los servicios y los recursos: quien presta el servicio ¿debe gestionar el recurso?

El Diccionari de Serveis Socials de la Generalitat de Catalunya (2010), dirigido por Rosa Colomer i Jordi Rustullet, define el concepto de «Servicio», contextualizado en los métodos de trabajo social, como: «Prestación que ofrece una organización, que tiene un valor para el cliente, es susceptible de satisfacer una necesidad y que no se presenta en forma de bien material». El quid de la definición está en la parte donde dice «que no se presenta en forma de bien material». Este detalle contribuye a deshacer la confusión, enraizada en otros profesionales con quienes se trabaja en equipo, que asocian cualquier intervención desde el trabajo social en general, desde el trabajo social sanitario en particular, al uso de recursos tangibles: residencias asistidas, centros de día, atención a domicilio, etcétera.

Ello es un reduccionismo puesto que desde el trabajo social sanitario la mayoría de los servicios que prestamos son intangibles. No se lea, inmedibles, donde pone intangibles. Los intangibles también son medibles.

Cuando hablamos de servicio, cuando definimos su proceso, ocurre que en el apartado de medios utilizados para prestarlo vemos cómo se combinan intervenciones psicosociales de diferente intensidad e intención, con el uso de recursos que materializan, en el día a día de las personas atendidas, los objetivos terapéuticos recogidos en el diagnóstico social sanitario y que también son parte del servicio. Por ejemplo, el «servicio de apoyo psicosocial para motivar a las personas dadas de alta, a mantener la higiene del hogar para evitar infecciones», además de las sesiones presenciales (o virtuales) con la persona, necesitaremos del recurso de «atención a domicilio» encarnado en la trabajadora familiar, para que in situ, en la casa, realice la consiguiente educación a la persona y su familia. Ello siempre bajo las indicaciones del trabajador social sanitario, él o ella, quien, a su vez, se apoyará en el diagnóstico social sanitario. Así pues, para prestar ese servicio completamente, necesitamos disponer tanto de los recursos intangibles, como de los tangibles. Si la «atención a domicilio» no puede actuar en el momento en que se necesita, nuestra intervención se queda en lo discursivo porque siempre faltará la trabajadora familiar que en paralelo materialice parte de la acción educativa.

He hablado de recursos. En el mismo diccionario el concepto «Recurso» se define como: «Instrumento que facilita, posibilita o promueve una mejora personal y colectiva, generado por la misma persona o promovido por un organismo o institución en forma de servicio o de prestación». También en esta definición el quid está en la última parte cuando dice «en forma de servicio o prestación». Los recursos utilizados para este fin, siempre incluyen un componente educativo, un componente de implicación de la persona en su recuperación. Siguiendo con el ejemplo anterior, el recurso «atención a domicilio» no puede confundirse con la realización de una tarea limitada a limpiar la casa. Las competencias de una trabajadora familiar van mucho más allá que las de la clásica asistenta del hogar. La trabajadora familiar debe lograr que la persona, su familia, vayan recuperando sus habilidades hasta el momento en que puedan mantener por sí mismas la higiene del hogar.

Cuando a mediados de los ochenta del siglo pasado se organizaron los criterios y circuitos de acceso a los recursos públicos de los servicios sociales, ¿se pensó en las personas enfermas hospitalizadas? Mi hipótesis es que no. Se pensó en las personas que estaban en su casa y necesitaban apoyos, pero no en las que los necesitaban después de un alta hospitalaria. Apoyo por otra parte, irrenunciable. Me centro en las personas hospitalizadas porque son las que suelen necesitar con más premura los apoyos formales de recursos. Además, por aquel entonces la atención primaria actual aún era un proyecto de transformación de los ambulatorios tradicionales en los actuales centros de salud.

Una mayoría de los trabajadores sociales de hospitales de aquel entonces, desde el minuto cero, nos encontramos con que, si las personas dadas de alta precisaban dentro de nuestro servicio, algún recurso tangible, como por ejemplo «atención a domicilio», sabíamos que un porcentaje muy alto se vería privado del acceso por el hecho de gestionar la solicitud desde el hospital. A modo de ilustración, en 1987 en el hospital de Sant Andreu de Manresa, el 28% de las personas atendidas dentro del programa de la planificación del alta, necesitaban atención a domicilio, pero solo la recibieron en el momento del alta, el 5%.

Los circuitos de acceso a los recursos públicos, la mayoría custodiados por los servicios sociales, deben resultar, ante todo, benéficos, útiles para las personas que los requieren.

¿Por qué los trabajadores sociales sanitarios deben perder tiempo que, en realidad es de la persona atendida y del sistema sanitario, solicitando a los servicios sociales, la aprobación de acceso a un recurso necesario en tiempo real? ¿Por qué los trabajadores sociales sanitarios no pueden gestionar directamente este recurso que, administrativamente, podría depender de un organismo transversal?

Todo sistema de acceso a los recursos, la gestión de los aspectos psicosociales de las personas en lista de espera, debe ser parte activa de la intervención y, por tanto, contribuir a mejorar su bienestar. El acceso jamás debe generar o incrementar el malestar de estas personas necesitadas de apoyos. Cuando los criterios burocráticos se convierten en laberintos, las personas enfermas, sus familias, quedan atrapadas en las grietas existentes entre los diferentes programas, agravándose el hecho si éstos pertenecen a deferentes sistemas que deben coordinarse. Por tanto, desde aquí se propone pensar en un organismo de gestión transversal.

Si hace años consensuamos que, por la naturaleza de su intervención, y por formación, el trabajador social sanitario es el gestor del caso por excelencia, señalo que enfermería gestiona curas, no casos, aunque la confusión hoy sea mayor que nunca. Así, ello implica que ese recurso material debe estar a su alcance directo. Merece la pena preguntarse si sería más efectivo que los trabajadores sociales de los servicios sociales dejaran de ser intermediarios de los trabajadores sociales sanitarios para disponer de los recursos de apoyo requeridos para prestar sus servicios.

Cuando el acceso resulta difícil, se produce la privación de los recursos, justo cuando son más necesarios para evitar la desconfiguración vital de las personas enfermas, ello es cuando se manifiestan los problemas. Conviene señalar de nuevo que los servicios prestados desde el trabajo social sanitario no deben confundirse con los recursos que necesitamos de los servicios sociales. Estos recursos son precisamente parte del servicio y necesarios para el tratamiento psicosocial que hemos establecido y nos avala el diagnóstico social sanitario.

Lejos de caer en la retórica, el fin último de los profesionales de los servicios sociales, también de los servicios sanitarios, es contribuir a devolver, con sus intervenciones, la máxima autonomía y bienestar a las personas y ello requiere disponer de los medios en tiempo real.

El acceso a los servicios, sociales y sanitarios, las listas de espera, son el gran talón de Aquiles. Los errores en el diseño de algunos sistemas de organización, los errores en algunos circuitos de acceso a los servicios sociales por parte de las personas enfermas y atendidas en el sistema sanitario, se arrastran en el tiempo. Las mismas marmitas de ese tiempo, los presentan como poco resolutivos y va creciendo la conciencia profesional de sus claros inconvenientes. Esa primera decisión tomada a mediados de los ochenta del siglo pasado, hoy claramente errónea, también hoy se sigue resistiendo al cambio.

Mientras el sistema sanitario va ganando en efectividad, eficacia y eficiencia, (no se tomen estos conceptos como tópicos), el sistema de servicios sociales sigue presentando grandes dificultades para responder efectiva, eficaz y eficientemente a este reto, siendo las personas, sus familias, las primeras perjudicadas.

Por ello, quien presta el servicio ¿debe gestionar el recurso?

Rajadell, 30 de octubre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Crónica del IV Encuentro UOC de alumnos, consultores y amigos del Trabajo Social Sanitario: declaración del Día Internacional

El pasado viernes 2 de octubre, en este mismo blog adelantaba la declaración «del día 3 de octubre como el Día Internacional del Trabajo Social Sanitario». Ello ocurría dentro del «IV Encuentro UOC de alumnos, consultores y amigos del Trabajo Social Sanitario» entre aplausos y la emoción de estar allí, viviendo y escribiendo otra página más en la historia del trabajo social sanitario.

Fue un año antes, en el «III Encuentro» celebrado el mismo día 3 de octubre cuando señalé el objetivo de declarar dicha efeméride como tal pues muy pocas profesiones cuentan con documentación acreditada de este primer día en que la profesión inició su camino. Como he señalado en varias ocasiones, el hecho está documentado en la exposición The history and status of hospital social work  impartida por la misma protagonista que encarnó este privilegio de ocupar la primera plaza de trabajadora social hospitalaria. Se trata de Garnet Isabel Pelton quien lo señala en su conferencia. Así pues, es difícil encontrar otro día más adecuado para celebrar la fiesta del trabajo social sanitario. Fue a Garnet Isabel Pelton, a quien el Dr. Cabot acudió para ocupar esta primera plaza en el Massachusetts General Hospital de Boston, para asumir responsabilidades en el estudio de los aspectos sociales de los enfermos atendidos en el Hospital. La plaza fue financiada en su totalidad por el mismo Dr. Cabot. A los pocos meses, Garnet Isabel Pelton enfermaba de tuberculosis ocupando su plaza Ida M. Cannon quien estuvo al frente del departamento hasta 1946. Fueron 41 años  años al servicio de trabajo social sanitario y su expansión.

Hace un año, cerraba la crónica del III Encuentro con estas palabras: «Desde esta mañana soleada del primer sábado de octubre les ruego se reserven las fechas del 1, 2 y el 3 de octubre de 2015 porque esperamos poder celebrar quizá el 1 y el 2, quizás el 2 y el 3, el «IV Encuentro de alumnos, consultores y amigos del Trabajo Social Sanitario». Ello con la primera promoción del Master finalizada, la segunda en su ecuador, y con la tercera a punto de empezar. Una manera de homenajear a Abraham Flexner, cien años después de que pronunciara su famosa conferencia ‘Is a Social Work a profession?’ Unas palabras que espolearon a las profesionales de la época, entre ellas Mary E. Richmond e Ida M. Cannon».

Y emociona comprobar como todo se dio según se anunció un año antes, con la primera promoción de Masters en Trabajo Social Sanitario graduada, la segunda en el ecuador y la tercera a punto de empezar. Muchos participaron en el encuentro.    

El IV Encuentro se desarrolló en tres partes, después de la inauguración, la primera mesa, «Conversaciones sobre los orígenes del actual sistema sanitario y análisis del presente» fue a cargo de Josep Corbella, doctor en derecho, experto en derecho sanitario y Julio Villalobos, doctor en medicina, consultor sistema sanitario, ambos consultores del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario (MUTSS). Recordemos que el Dr. Julio Villalobos,  además, junto con el Dr. Josep Esteban, ambos son parte esencial en la decisión de la UOC de crear el MUTSS pues apoyaron y defendieron mi propuesta.

La segunda Mesa «Conversaciones sobre el presente del trabajo social sanitario y proyecciones al futuro» la desarrollaron graduadas del MUTSS. La realidad ha querido que fueran ellas las primeras, en la historia de la profesión, en participar en una Mesa redonda. Fueron, Marisa Peña, Trabajadora social sanitaria Hospital de Sant Andreu de Manresa, Elena Sánchez, Trabajadora social sanitaria de Benito Menni CSMA-HD, Sandra Soler, Trabajadora social sanitaria Hospital de Bellvitge, Mercé Yuguero, Trabajadora social sanitaria Fundació Institut Guttmann. Como he señalado todas alumnas graduadas en la primera promoción del Master Universitario de trabajo social sanitario (MUTSS).

Y finalmente quien escribe impartió la conferencia de clausura «Abraham Flexner: cien años después, el trabajo social sanitario es una profesión». Ese fue el pequeño homenaje rendido des del el IV Encuentro, a este gran hombre que cien años antes en Is a Social Work a profession? había debatido y argumentado sobre si el trabajo social era o no una profesión basándose en los criterios que convierten a una actividad rutinaria y común, en una profesión estructurada y con base científica. Flexner pasó su vida promoviendo acciones y actividades para mejorar el mundo de la educación, de la salud, del bienestar. Ayudó a científicos (Einstein, Gödel, entre otros) a desarrollar sus conocimientos en un entorno de paz y tranquilidad, un entorno sembrado de belleza, como muestran algunas fotos del Instituto de Estudios Avanzados, y nobleza como señalan texto de la época. Dentro de las muchas posibilidades que la vida le brindó y de las que él mismo buscó, su actividad filantrópica y profesional fue incesante. Si algo le podemos agradecer a Flexner, es que abriera lo ojos de las primeras trabajadoras sociales hospitalarias, además de Mary E. Richmond.

Aprovecho para agradecer la ayuda, facilidades, apoyo, a quiénes han posibilitado este IV Encuentro.

Un agradecimiento a la Dra. María Rotllan directora asistencial del Consorci Sanitari Integral, por facilitarnos de nuevo la utilización del Auditori Garcia Tornel del Hospital Dos de Maig de Barcelona. A Anna Lopez de la Fuente Secretaria de la Dirección Asistencial Consorci Sanitari Integral las gestiones para satisfacer los detalles tecnológicos y logísticos. A la Sra. Melinda Jimenez jefe de Servicio de la Unidad de Trabajo Social Sanitario del Consorci Sanitari Integral su hospitalidad y ayuda, así como su accesibilidad y presentación del acto.

Un agradecimiento a Núria Carrera Decana del Col·legi Oficial de Treball Social de Cataluña que por cuarto año consecutivo nos acompaña y anima con sus palabras y acciones y esta vez, además, respaldando institucionalmente la declaración del 3 de octubre como el Día Internacional del Trabajo Social Sanitario.

Un agradecimiento a la UOC, a los profesionales de Estudios de Ciencias de la Salud su apuesta por este Master Universitario y apoyo incondicional en las dificultades que las ha habido. Un «gracias» afectuoso al Dr. F. Xavier Medina, director académico del Master por su generosidad y ayuda constante, a Matias Alvarez cuya dedicación sostiene hilos importantes para el desarrollo y expansión del MUTSS y también a Judith Cuevas, Técnica de Gestión Académica que ya es parte activa del programa.

Por supuesto un «gracias enorme» a los alumnos, consultores y amigos que estuvieron allí y a los que querían estar pero no pudieron ajustar agenda. Todos ellos posibilitan el desarrollo del MUTSS: contar con un gran equipo permite ejecutar grandes proyectos.

Sin duda Ida M. Cannon llevaba razón poniendo en boca del pájaro Dodo su pensamiento: «La mejor manera de explicarlo es hacerlo».

Barcelona, 7 de octubre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Los trabajadores sociales sanitarios grandes optimizadores de recursos humanos, técnicos, institucionales y comunitarios

El orden de los factores citados en el título es irrelevante pero todos ellos son componentes de la sostenibilidad del Estado del bienestar cuya continuidad está en serio riesgo de romperse. Los logros alcanzados hasta el inicio de la actual crisis, año 2008, año tras año, van menguando. Ocurre poco a poco, casi imperceptible para el gran público, muy notorio para las personas clientes de los servicios profesionales sanitarios y sociales. Si bien leyendo textos profesionales de hace años, esta afirmación ya era una constante, hoy no debe tomarse como una repetición más. No es retórica literaria, ni una banal siembra de inquietudes, es un hecho empírico abalado por el adelgazamiento de los programas y servicios de apoyo, siendo las crecientes listas de espera, las crecientes dificultades para acceder a los recursos existentes un buen argumento para aceptar la credibilidad y gravedad del asunto. Cierto es que todo ello, muchas veces, va acompañado de un mal uso de dichos programas y servicios. Un mal uso porque algunos profesionales del sistema sanitario los proponen como finalistas y no como mediadores entre una situación con dificultades y la situación anhelada en la que éstas, con ayudas y apoyos, se superan.

Los trabajadores sociales sanitarios, sin embargo, tenemos en nuestra mano cambiar dicha derivada, asumiendo el rol original de agentes de cambio y promotores de recursos, pero también el rol de optimizadores dichos recursos, humanos, técnicos, familiares y institucionales y comunitarios. Esta responsabilidad nuestra es ineludible. Los trabajadores sociales sanitarios son transmisores de valores sobre el uso del Estado del bienestar a la sociedad en general y a las personas atendidas en particular. Ahora el Estado del bienestar está realmente en riesgo siendo su financiación el principal hándicap.

Por ello la concienciación sobre el uso adecuado de los recursos debe ser parte de las intervenciones psicosociales para transmitir a la persona y su familia la tranquilidad de saber que la ayuda está ahí disponible mientras la necesite pero, a la vez, asumir que cuando dicha necesidad desaparezca, se prescindirá de ella.

Lejos del corporativismo y sí por la convicción sostenida por resultados de experiencias sobre el terreno, sostengo la hipótesis de que si existe una profesión con profesionales capaces de optimizar el Estado del bienestar, de administrarlo y de implicar a las personas en dicha administración y su buen uso, ésta es el trabajo social sanitario. Claro está, entendido éste, como el conjunto de intervenciones tangibles e intangibles, apoyadas siempre en un diagnóstico social sanitario, o un pre diagnóstico, e implicando, en la recuperación y la reinserción, a las personas afectadas, la cuales comparten los objetivos terapéuticos de reinserción. Y claro, implicando a sus familias, ello si el diagnóstico social sanitario no indica lo contrario. Sabemos que la familia no siempre es una ayuda ni una solución a los problemas, por lo tanto, debe estudiarse y valorar los efectos positivos o negativos.

Por principio, ninguna persona puede ser apartada de participar en su propio cuidado (aunque su colaboración sea mínima y esta participación implique más tiempo para el profesional). Sea por pasividad o por desinterés, por decepción o melancolía, nadie puede ser apartado de participar en las acciones programadas para su propia mejora, o desarrollo personal, se añade, siempre y cuando sus capacidades se lo permitan. Ninguna persona invadida por la pasividad ante sus circunstancias, debe quedar reducida a ejecutar sin más, las indicaciones que se le puedan facilitar.

La continuidad del Estado del bienestar se encuentra pues en manos de todos, tanto de las personas beneficiarias en algún momento de su vida como de los profesionales, principales prescriptores de servicios y ayudas para recuperar y reinsertar a quienes se encuentran con dificultades. Y de los políticos pero en este caso los profesionales deben comunicar sus propuestas y recomendaciones técnicas.

Parte de la continuidad del Estado del bienestar, se basa en una actitud profesional activa. Aunque la ayuda se prevea será para siempre, en muchos casos se combinan fatalmente la enfermedad crónica con la cronicidad de las dificultades sociales, dificultando ello la reinserción, el objetivo de los profesionales siempre debe ser rehabilitar a la persona y su entorno si lo tuviera. La optimización del Estado del bienestar pasa por lograr la independencia del máximo número de personas beneficiarias de las ayudas y servicios manteniendo las mismas inversiones o incrementándolas racionalmente y no política o emocionalmente.

La simplificación de los procesos y la evitación de duplicidades, todavía no se han tratado en serio. Se trata de mantener una actitud proactiva con respecto a los medios utilizados en las intervenciones profesionales y en vez de centrarse en lo mucho hecho, pasar a preguntarse ¿para qué ha servido ese «mucho hecho»?

¿Qué mejoras (tangibles y medibles) aporta la intervención de los trabajadores sociales sanitarios a la vida de las personas atendidas y a sus familias? De ahí a demostrar la relación positiva entre mejorar la calidad de vida de las personas y la optimización del Estado del bienestar hay un paso.

Barcelona, 29 de setiembre de 2015 – Dolors Colom Masfret

Por su naturaleza el trabajo social sanitario se inscribe jerárquica y funcionalmente en el sistema sanitario, no en los servicios sociales

Así es, el trabajo social sanitario por lógica, eficiencia, eficacia y efectividad se inscribe dentro del sistema sanitario. La profesión nació en el sistema sanitario porque había que satisfacer necesidades sociales de las personas enfermas y de sus familias, cuando estaban en el hospital, había que transformar sus comunidades y hábitos de conducta nocivos e insanos en saludables. Todo ello aplicando los conocimientos y siguiendo el método científico. El espacio natural del trabajo social sanitario es el sistema sanitario, no los servicios sociales.

Sin embargo, de vez en cuando, sale algún pseudoiluminado con la idea de que los trabajadores sociales sanitarios deberían pertenecer al sistema de servicios sociales. Me pregunto porque no al revés.

La insinuación, descartando la mala fe y las ansias de acaparar poder, solo indica un hecho: el pseudoiluminado de turno desconoce las competencias del trabajo social sanitario, sus responsabilidades con relación a las personas que atiende y con relación a los otros profesionales con los que trabaja en equipo. Pero cuando este pseudoiluminado de turno ocupa un cargo de representatividad y es él quien media entre los profesionales y las instituciones el cotarro está servido. Dicen que «cuando el río suena agua lleva» y francamente, desconozco donde están las fuentes que abastecen de nuevo ese riachuelo de que el trabajo social sanitario debería depender de los servicios sociales, pero me ha llegado su run, run.

Hace unas semanas inopinadamente llegó a mí un rumor de que por lo visto en algunas esferas profesionales del trabajo social se está desenterrando el discurso cerrado hace años.

A pesar de ese run, run inoportuno e insensato, hoy en pleno agosto del 2015, no por suerte, si no por muchos años de esfuerzo y estrategias acertadas de muchos profesionales del trabajo social sanitario, las cosas son muy distintas a ocasiones anteriores. Antes, el run, run, estremecía porque no teníamos casi asideros a los que sujetarnos. Hoy los trabajadores sociales sanitarios contamos con un título oficial de trabajo social sanitario que modifica nuestra realidad y debería blindarnos ante tales elucubraciones si es que llegan a instancias superiores. Sin embargo, no podemos confiarnos, nunca nada resulta seguro en un cien por cien.

Es un hecho que el Master Universitario de Trabajo Social Sanitario está adscrito a Estudios de Ciencias de la salud, lo que lo vincula al sistema sanitario y toda la legislación sanitaria actual contextualiza a sus profesionales dentro de unas coordenadas singulares que responden a las necesidades, valores y principios del sistema sanitario ello sin olvidar los valores y principios del trabajo social sanitario.

Otro hecho relevante que parece olvidarse es que los trabajadores sociales sanitarios fueron contratados en el sistema sanitario muchos años antes de que los servicios sociales existieran. Ello permite, insisto de nuevo, revertir el run, run y preguntarse ¿por qué no son los trabajadores sociales de los servicios sociales los que se integran en el sistema sanitario? Seguro que todas las personas y familias atendidas por los servicios sociales lo están también por su médico de familia. Ahorraríamos recursos y evitaríamos duplicidades. Invito a reflexionar sobre ello.

Si hay un profesional que esté en contacto con toda la población es sin duda el médico de familia junto con los profesionales que integran los equipos básicos, enfermería y trabajo social sanitario. Todas las personas acuden alguna vez a su médico de cabecera. ¿Entonces?

Parece que la serpiente ha puesto nuevos huevos y las pequeñas sierpes vuelven otra vez a sentirse tentadas por el viejo debate, harto superado, sobre si los trabajadores sociales sanitarios deben pertenecer al sistema sanitario o al sistema de servicios sociales.

No dejemos que nuestro pensamiento se empobrezca, no caigamos en lo obsoleto. Pero si realmente el run, run gana caudal, si se abre de nuevo el debate, los trabajadores sociales sanitarios tendremos que replantearnos muy seriamente en qué manos está la representatividad actual del trabajo social sanitario.

Uno puede abrir una zanja de quince metros de profundidad o quince zanjas de un metro de profundidad, es evidente que en el segundo caso no se llega  a ninguna parte aunque uno se pase la vida cavando zanjas, mientras que en el primer caso hay más posibilidades.

Las profesiones avanzan y se desarrollan manteniendo las coordinadas y nomenclaturas básicas estables que no estáticas. Una profesión, una disciplina, no puede quedar al albur de gentes que en vez de representar a los profesionales se representan a ellas mismas sacando sus propios réditos pero arrastrando a un colectivo a la precariedad. La representación no significa que los representados pierden su identidad y asumen la del representante, significa que el representante respeta el trabajo hecho por los representados y vela para ayudarlos a ganar opciones de crecimiento y desarrollo, no a perderlas.

Barcelona, 21 de agosto de 2015 – Dolors Colom Masfret

Enhorabuena a la primera promoción del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario: ¡Ahora sí! Allea jacta est

Es un sábado por la mañana, un sábado caluroso, un sábado dulce que bajo un palio azul brillante y denso, deja escapar los mejores augurios para el trabajo social sanitario. Para mí, no voy a esconderlo, es un sábado soñado en un escenario imaginado infinidad de veces y, tampoco lo voy a negar, infinidad de veces derrumbado, hasta que por fin, se ha materializado, se ha hecho realidad. ¡Ahora sí!

El pasado jueves 16 d julio a las 22:22, bajo una noche cargada de estrellas, anotaba la última nota. El master había llegado a su fin y así, mi sueño tantas veces derrumbado, tomaba cuerpo y se alzaba de la manera más hermosa, con un corpus teórico que se transformaba en práctico de la mano de los nuevos especialistas en trabajo social sanitario. Un corpus teórico que a partir de ahora, es esperable, se multiplicará exponencialmente encarnándose en los alumnos y alumnas de las sucesivas promociones del master.

Han pasado siete años, siete, un número regado de connotaciones, desde que este sueño imposible para unos, utópico para otros, a veces despedazado por seres que se nos colaban disfrazados de trabajadores sociales, empezaba a dejar de serlo.

Ha sido un camino largo, apasionante, también tortuoso (no es momento de extenderse en ello), pero sobretodo un camino al que le brotaban infinidad de retos. Un camino en el que los caminantes, caminaban de verdad. El pasado jueves ese sueño se tornó un recuerdo, algo hermoso que contar.

La primera promoción del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario se acaba de graduar. Dejo el texto aquí… seguiré mañana.

Es domingo, el primer domingo en tres años en que la sensación de agobio crónico ha desaparecido. Inevitablemente debo repetirme que ya está, que hemos llegado a puerto, que ahora las posibilidades están en nuestras manos que ya son multitud.

Acuden a mi mente estas últimas semanas de curso en que la agitación, la emoción, de los alumnos y consultores, ha sido un constante dejar correr los sentimientos y pensamientos que se apilaban caóticamente ante este momento culminante que se aproximaba con todo su esplendor. Lejos de la presuntuosidad, los que lo vivimos desde dentro, los que formamos la parte viva del escenario en cualquiera de los papeles existentes, sabemos que es un momento histórico para los trabajadores sociales sanitarios.

Las aulas virtuales, más vivas que nunca, se han llenado de manifestaciones de afecto, de reconocimiento, de optimismo y de la conciencia de que este título oficial, nos llena a todos de responsabilidades. Así, hemos conformado un rosario de reflexiones que nos llevan a sembrar deseos de crecimiento, anhelos de expansión, tanto para lo profesional, indudablemente, como para lo personal, recordemos que lo profesional se sostiene en lo personal y ambos contextualizan la profesión.

Gracias a los alumnos que confiaron en este programa innovador y único, ahora puedo decir arriesgado. Gracias a los consultores que con su saber y buen hacer le dieron forma y caudal. Gracias a la Universidad, la UOC, por haber escuchado un sueño y en vez de cerrarse en banda a lo nuevo, su equipo directivo, arriesgó pudiendo ver más allá de lo inmediato el trabajo social sanitario como una profesión de futuro. Gracias a quienes con su confianza han posibilitado ese nuevo universo profesional.

Y «Enhorabuena a la primera promoción del Master Universitario de Trabajo Social Sanitario: Allea jacta est».

Barcelona, 19 de julio de 2015 – Dolors Colom Masfret

El trabajo social sanitario: más próximo a poder reiniciar gestiones para el reconocimiento de profesión sanitaria

En julio se gradúa la primera promoción de Masters Universitarios en Trabajo Social Sanitario y este hecho, tangible, cambia el escenario en el que nos hemos estado moviendo hasta ahora. ¿Por qué? Porque satisfacemos uno de los requisitos que señala la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias, el más difícil, el que se presentaba como imposible, el contar con un Título Universitario Oficial dentro de Estudios de Ciencias de la Salud, hecho que es una realidad. Véase la Resolución de 2 de octubre de 2014, de la Secretaría General de Universidades, por la que se publica el Acuerdo del Consejo de Ministros de 26 de septiembre de 2014, por el que se establece el carácter oficial de determinados títulos de Máster y su inscripción en el Registro de Universidades, Centros y Títulos. Pág. 84669.

Recordemos la aplicación de este punto en base a la sentencia 077/2011 del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña cuando denegó que los trabajadores sociales sanitarios del ICS fueran reconocidos como profesionales sanitarios.

Señaló la juez en la sentencia refiriéndose a los trabajadores sociales sanitarios: «…tal personal se hallaba englobado dentro del personal sanitario como –asistentes sociales de atención primaria– […] Pero la regulación posterior no deja duda alguna de su consideración como personal no sanitario, pues tales asistentes sociales (ahora denominados trabajadores sociales) no se hallan dentro de las profesiones sanitarias de nivel de licenciado ni de nivel diplomado». Así era y sigue siendo, de momento no tenemos título reconocido en este plano.

Pero la sentencia seguía: «…sin que a ello pueda meramente oponerse la posibilidad de hacer uso del apartado tercero del artículo 2 de la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de reordenación de las Profesiones Sanitarias, pues ello requeriría que se dieran las circunstancias allí previstas, tanto por razón del contenido, de titulación y regulación, y previsión legal que aquí no concurren. En este sentido, y como ya destaca la Administración demandada, la propia Exposición de Motivos de la Ley anteriormente citada, ya subraya que –en esta Ley se reconocen como profesiones sanitarias aquellas que la normativa universitaria reconoce como titulaciones del ámbito de la salud, y que en el actualidad gozan de una organización colegial reconocida por los poderes públicos–». Como señalé en su momento aquí estaba la clave y sobre esta hipótesis empezamos a trabajar en el año 2008 proponiendo primero un Postgrado de Trabajo Social Sanitario, con la mirada siempre puesta en el horizonte del master Universitario de Trabajo Social Sanitario.

En julio cerca de 50 trabajadores sociales generalistas (graduados o diplomados) tendrán en su haber el primer Título Oficial que les acredita como Trabajadores sociales sanitarios, un título obtenido dentro del marco de los Estudios de Ciencias de la Salud, cuyo Plan de Estudios se acaba de publicar en BOE hoy mismo, véase la Resolución de 18 de marzo de 2015, de la Universidad Oberta de Catalunya, por la que se publica el plan de estudios de Máster en Trabajo Social Sanitario. 

Los profesores y consultores del Máster hemos buscado y creado los mejores materiales de estudio para ofrecer a los alumnos los recursos teóricos, intelectuales y académicos más actuales, hemos promovido debates en las aulas, como parte del Modelo UOC,  para que adquirieran habilidades comunicativas y hemos desarrollado sus competencias  en la asistencia, la prevención, la investigación y la docencia, también en la gestión clínica y la promoción de la salud y la educación sanitaria. Todo ello con el fin de que pudieran planificar y organizar servicios de trabajo social sanitario acorde con los requisitos legales y los valores corporativos del sistema sanitario.

Este hecho, un logro que parecía inalcanzable, nos permite, en un futuro próximo,  empezar a dar pasos sobre una base sólida, para retomar las gestiones y contactos con el fin de alcanzar el reconocimiento de profesionales sanitarios. El que viene ahora, no será un camino fácil, pero está iniciado por lo que es solo cuestión de tiempo. Tampoco ha sido fácil el recorrido hasta aquí y sin embargo, estamos a un par de meses de que vea la luz ante la primera promoción.

Desde estas páginas iremos compartiendo los pasos y los avances cuando los haya. De momento la graduación de la primera promoción es motivo de satisfacción y felicitación porque como sugieren algunos pensamientos de Mary E. Richmond, cuando se junta el deseo de algo con la fuerza del conocimiento, alcanzar el logro es una realidad.

Barcelona, 27 de mayo de 2015 – Dolors Colom Masfret

La gestión del caso versus la gestión del cuidado: el trabajador social sanitario gestiona casos y la enfermería gestiona cuidados

Aunque algunos, en la práctica, vinculan e intercambian ambos conceptos, la gestión del caso y la gestión del cuidado, como si uno fuera sinónimo del otro, se trata de dos competencias distintas y siendo estrictos, la gestión del caso, mucho más amplia y compleja, incluye la gestión del cuidado, siempre restringido y necesitado de menos tiempo que el caso en sí.

Por tratarse de un asunto a día de hoy muy contaminado, lo trataré considerando los conceptos, las fuentes, los contenidos, los fundamentos que ponen al trabajador social sanitario en el centro de gravedad de la gestión del caso. No entraré en ideologías corporativas, que podría, pero no lo haré porque sería caer otra vez en lo retórico y el camino fácil recorrido hasta ahora por muchos.

Uno de los primeros autores que relacionó la gestión del caso con el trabajo social [sanitario] fue Abraham Flexner. En muchos escritos me he referido a las dudas que en 1915, expuso Flexner con relación a si el trabajo social [sanitario] era una profesión. Los argumentos que soportaban sus dudas, en aquel tiempo estaban bien fundados. Hoy se han superado claramente, este Máster Universitario de Trabajo Social Sanitario es una evidencia de ello.

Flexner de 1915 de lo que no dudaba era que el trabajador social [sanitario], por la naturaleza de su intervención, resultaba el gestor de casos por excelencia. Consideraba que las responsabilidades de los trabajadores sociales [sanitarios] los convertían en la «inteligencia» que, ante los problemas de las personas, reunía a los diferentes agentes profesionales (médico, maestro, cuidador, visitador amistoso, administrador, etcétera) que debían actuar y colaborar entre sí para ayudar a la persona enferma y a su familia a recuperar su cota de bienestar más alta posible.

Por tanto, en los orígenes del trabajo social sanitario está la gestión de casos que requiere habilidades y capacidades para interconectar, relacionar, coordinar, conocer los recursos, cómo acceder a ellos, etcétera. Todo, acciones más relacionadas con el qué hacer, la eficacia, y con el quién hacerlo, la eficiencia que con el ejercicio profesional troncal. Las profesiones se apoyan en el conocimiento que se va tejiendo en la disciplina y los profesionales, en su ejercicio, aplican dichos conocimientos a la vez que, también fruto de su ejercicio diario, contribuyen a generar de nuevo. En 1915, Flexner echaba en falta ese conocimiento, un método pedagógico comunicable.

Con el paso de los años, la diferencia entre la ayuda caritativa y la ayuda proveniente del trabajo social [sanitario] fue ganando en matices que se apoyaban sobre todo en que el trabajo social sanitario, (en aquel tiempo hospitalario), venia avalado por el diagnóstico social sanitario que conviene recordar nada tiene que ver con un listado de calamidades.

En 1941 Gordon Hamilton dio un paso más y en su libro «Theory and practice of social case work» definió el caso social. «El caso social es un acontecimiento vital en el que siempre hay proporciones, variables de lo económico, lo físico, lo mental, lo emocional y de los factores sociales. El caso social está compuesto de factores internos, externos o medioambientales. Uno no trata a las personas en un sentido físico o en un sentido medioambiental, las trata en relación con sus experiencias sociales y con relación a sus sentimientos respecto de estas experiencias».

A lo largo de los últimos veinte años muchos de los conceptos relacionados con el trabajo social sanitario los han asumido otras disciplinas afines, tratándolos muchas veces como cuerpos vacíos de contenido que coloquialmente se puede decir «valían tanto para un roto como para un descosido», o lo que es peor, con otros contenidos que no les son propios. Muchas veces los conceptos los aplican según conviene pero saltándose los contenidos académicos y prácticos que le han dado forma a lo largo de los años. La «gestión de casos» es uno de ellos.

El conocimiento es universal, pertenece al hombre, pero lo aplican aquellos profesionales que se han formado para ello y que la sociedad así se lo reconoce. Con ello se posibilita, no se garantiza porque cada uno es responsable de sus actos, pero sí que se posibilita una buena praxis a poyada en el saber y no en la especulación. La lectura sobre cardiología, la pertenencia a un equipo de cardiología, no nos convierte en cardiólogos, antes tenemos un largo recorrido de estudio. El conocimiento también es transversal, pero ello, se insiste, no significa que uno pueda asumir el rol que le plazca. Antes es preciso haber recibido la formación necesaria y haberse acreditado competente para el ejercicio profesional. La formación de los profesionales les hace conscientes de sus responsabilidades y a la vez de sus límites. Ningún profesional que lo es de verdad aspira a convertirse en otro y así el intrusismo queda relegado a quienes sobre todo, ostentan ignorancia.

Y aquí llegamos al meollo de la cuestión. ¿Es correcto hablar de le enfermera gestora de casos? En base a lo expuesto, puedo decir que «No». La enfermería como tal no gestiona casos porque la gestión de casos, lo hemos visto, implica mucho más que las responsabilidades que se asumen en el ejercicio de la denominada «enfermera gestora de casos». La «gestión de casos» no es derivar a las personas a diferentes servicios, lo cual seria «la administración del caso», la «gestión del caso» hoy responde a la definición dada por Gordon Hamilton. Uno puede cambiar los nombres de las responsabilidades pero si no cambia los contenidos, se queda igual.

La «gestión del caso», como vemos, implica unas dimensiones vitales: lo familiar, lo laboral, lo relacional, lo económico, lo medioambiental, lo parental, etcétera y obviamente, la gestión del cuidado.

¿Enfermera gestora de casos o enfermera gestora de cuidados? Cuando se habla de la enfermera «gestora de casos» en realidad debería llamarse «enfermera gestora de cuidados». Insisto los «casos» incluyen esferas existenciales que la mal llamada «enfermera gestora de casos» no aborda.

La «gestión de casos» case management implica todas las dimensiones vitales de la persona y, por tanto, es mucho más amplia y compleja que la «gestión del cuidado» el care management que implica, el cuidado de la persona enferma. De la persona enferma, no de la enfermedad. La «gestión del cuidado» siempre queda incluida en la «gestión del caso» porque cuando el «cuidado» pasa a la familia, el «caso» para el trabajador social sanitario, suele seguir abierto.

Así pues, para concluir, este concepto, el de «enfermera gestoría de casos» está mal aplicado, es erróneo, sus competencias no se corresponden con lo que implica la «gestión de casos». Para no confundir el enunciado con el contenido, lo correcto es hablar de «la enfermera gestora de cuidados» porque esto es lo que hace.

Barcelona, 26 de febrero de 2015 – Dolors Colom Masfret